Fany Ramos Quispe y Maria Inés Carabajal / Latinoamérica21

Debido a los efectos negativos en la salud de la población humana y demás seres vivos que se empezaron a evidenciar en los años 60’, en 1972 se iniciaron las primeras conversaciones internacionales sobre el medio ambiente en la conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano, también denominada “Cumbre de la Tierra”. El mismo año, el Club de Roma elaboró un estudio para analizar los impactos de las dinámicas económicas de la guerra fría en el “medio ambiente humano”, en aquel reporte se mencionó por primera vez que el crecimiento puede tener límites y se pusieron sobre la mesa las problemáticas relacionadas con la población, la tecnología, los recursos naturales y el medio ambiente.
A partir de esta primera “Cumbre de la Tierra” el interés de la comunidad internacional sobre la contaminación y sus efectos en la biósfera fue creciendo. En diciembre del mismo año, se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) con el objetivo de establecer una agenda ambiental global para incorporar la dimensión ambiental del desarrollo sostenible y en 2015 Naciones Unidas adoptó 17 objetivos globales de Desarrollo Sostenible para enfrentar la pobreza, proteger el planeta y lograr paz y prosperidad.

La ONU define el desarrollo sostenible, como “la satisfacción de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. Y para contribuir en las tareas del PNUMA, en 1973 se estableció el 5 de junio como el Día Mundial del Medio Ambiente.
Resultados a la fecha y desafíos

A lo largo de los últimos 50 años, los desafíos ambientales nos han puesto ante una encrucijada como nunca antes en la historia de los seres humanos. La naturaleza está dejando de ser ese espacio seguro para la vida en la tierra y la huella humana en el planeta nos ha llevado a una crisis sin precedentes, marcada por el Antropoceno, el cambio climático, la polución y la pérdida de biodiversidad, entre otras importantes transformaciones.

En los últimos años, los informes del Panel de expertos sobre el cambio climático han advertido de la urgencia de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar el aumento de la temperatura y las consecuencias que esto puede traer. Y la comunidad científica viene alertando hace décadas sobre estos procesos, especialmente sobre la necesidad de generar cambios en los estilos de vida basados en el desarrollo, crecimiento y expansión y buscar patrones de consumo más responsables.

Sin embargo, estos mensajes no han calado en las esferas políticas con el grado de responsabilidad, compromiso y la urgencia necesarios. Por ello, a 50 años de la creación del día del ambiente, es fundamental que la humanidad amplíe la imaginación y la disposición para pensar de manera colectiva alternativas al desarrollo actual.

Paradigmas emergentes para repensar la crisis ambiental

Los desafíos actuales no pueden ser abordados bajo las mismas perspectivas y prácticas que nos han traído hasta aquí. Por lo tanto, abrirnos a paradigmas de vida alternativos se torna necesario.

En este sentido, han ido surgiendo diversas propuestas desde las comunidades indígenas y quienes habitan los territorios más aislados que son quienes lideran los reclamos por justicia climática, social y ambiental. Debemos considerar estas perspectivas como propuestas legítimas para transformar nuestro vínculo con la naturaleza y las formas de habitar el planeta.

El sistema capitalista, a lo largo de su historia, ha sostenido una relación utilitaria con la naturaleza y el planeta ha sido una fuente de extracción de recursos naturales donde el precio es definido por el mercado. Esto es evidente en América Latina, donde la colonización ha traído una lógica de comoditización de la tierra, de sus componentes e incluso de las comunidades humanas que la habitan.

La discusión sobre el valor/precio de la naturaleza es cada vez más predominante en las arenas de la diplomacia internacional, donde se debate cuáles son los mejores caminos para evitar el avance de los seres humanos sobre la naturaleza. Sin embargo, para muchos pueblos indígenas, originarios, campesinos y locales, la naturaleza es sujeto de derechos, no solo porque sostiene nuestra vida, sino también porque su cuidado es parte de vínculos de reciprocidad y armonía entre las comunidades y la Madre Tierra.

Estos avances son evidentes en las constituciones de Bolivia y Ecuador que desde marcos institucionales y jurídicos buscan transformar los marcos ético-políticos, dando cuenta de otras formas de relacionarse con la Madre Tierra, basadas en la interconexión, la interdependencia, y el respeto.

Ante la crisis ambiental que atravesamos, estas perspectivas toman mayor relevancia y es urgente incluirlas para abrir un nuevo horizonte de posibilidades para repensar nuestro habitar en el mundo. Estas propuestas básicamente demandan abordar las necesidades reales de los pueblos considerando una dimensión territorial para mantener la vida en todas sus expresiones, para avanzar hacia una justicia ambiental y social. También se busca ampliar los liderazgos e incluir actores históricamente excluidos y sus visiones indígenas/originarias como la de Madre Tierra, que tienen raíces en una percepción del mundo donde predomina el equilibrio entre los humanos con la tierra.

A 50 años del día del ambiente y ante una crisis ambiental cada vez más evidente, entendemos que las respuestas a los problemas ambientales deben considerar las propuestas desde los territorios, desde las comunidades y grupos históricamente excluidos y que la crisis se debe abordar en su dimensión política de justicia. Muchos de estos temas serán analizados en el Congreso de Investigación e Innovación en Sostenibilidad 2023 (SRI), la reunión transdisciplinaria más grande del mundo que se desarrollará en junio en Panamá.

  • Fany Ramos Quispe.
    Ingeniera Ambiental por el Instituto Politécnico Nacional (México), con maestría en Cambio Ambiental y Desarrollo Internacional por la Universidad de Sheffield (inglaterra). Miembro de OWSD Bolivia y actual IAI STeP Fellow.
  • Maria Ines Carabajal.
    Profesora y Doctora en Antropología de la Univ. de Buenos Aires (UBA). STeP Fellow en el Inst. Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI). Especializada en las dimensiones humanas del clima y el cambio climático en el Antropoceno.
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