Diego Vega: La tensión creciente entre Nayib Bukele y el Congreso de los Estados Unidos

si Bukele no tiene interés en emplear un liderazgo responsable, es importante que la comunidad internacional siga presionando al presidente para que desista de sus prácticas cuestionables. En nuestra región EEUU sigue siendo el actor de mayor peso, y por lo tanto el que tiene más oportunidad para influir en la política salvadoreña.

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Diego Vega Rojas, Observatorio de los Estados Unidos UCR.

Más indicios llevan a concluir que la buena relación que ha cultivado desde hace unos meses el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con el presidente estadounidense Donald Trump, no está resultando suficiente para mantener el apoyo de Estados Unidos (EEUU). Por parte de las autoridades estadounidense, y sobre todo, del Congreso de los Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos están manifestando cada vez más inquietudes en torno a las acciones controversiales de Bukele.

Es importante recordar que el presidente de El Salvador ha sido responsable de una serie de actos cuestionables en materia de derechos humanos y constitucionales, como lo fue el episodio en el que entró a la Asamblea Legislativa acompañado de efectivos del ejército para presionar a los diputados a aprobar un préstamo en materia de seguridad pública. Con la llegada de la crisis del COVID-19 el mandatario encontró una ventana de oportunidades para profundizar en su estilo controversial.

Así, el 29 de abril del presente año, los representantes Eliot L. Engel y Albio Sires, ambos demócratas y miembros del Comité de Asuntos Exteriores de la Casa de Representantes, publicaban una carta pública dirigida a Bukele donde condenaban sus recientes acciones autoritarias y lo exhortaban a dejar de emplear la crisis sanitaria del COVID-19 como excusa para permitir los excesos y la mala conducta de su gestión. Asimismo, llamaban a la Fiscalía General de la República a investigar cualquier uso de fuerza letal por parte de las autoridades policiales.

El 3 de setiembre salía una nota de la Associated Press donde se afirmaba que Thomas Kelly, vicepresidente de la Millennium Challenge Corporation (MCC), advirtió al gobierno salvadoreño que la asistencia brindada por dicha institución para la lucha contra la pobreza está en riesgo debido a críticas, de congresistas demócratas y algunos republicanos, por el desafío de Bukele a los dictámenes de la Corte Suprema y a las decisiones del Congreso. Es importante precisar que la MCC es una agencia independiente fundada por el Congreso estadounidense y dedicada a brindar asistencia económica a países en desarrollo.

Justo el mismo día salía un reportaje de El Faro que demuestra, a través de la filtración de documentos gubernamentales, que la Administración Bukele llevaría un año negociando con la Mara Salvatrucha 13 la reducción de homicidios y el posible apoyo electoral en los próximos comicios a cambio de darles mayores beneficios carcelarios a los líderes y miembros de la mara que se encuentran detenidos. La simultaneidad en la publicación de las notas pareciera sugerir cierto grado de coordinación internacional entre periodistas.

En este marco el presidente desafió a dicho medio y lo calificó de “panfleto”. Como consecuencia el 10 de septiembre, el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Michael Kozak, mostraba en Twitter el apoyo estadounidense al Estado de Derecho y a la libertad de prensa en El Salvador. Esta declaración fue coreada por 12 demócratas que manifestaron su alarma por los ataques a la libertad de prensa, y el 23 de septiembre se le unían seis congresistas republicanos que enviaron una carta a Bukele manifestando su preocupación por el debilitamiento del Estado de derecho en la república centroamericana.

Se puede ver entonces que la tensión entre Nayib Bukele y las autoridades estadounidenses continúa escalando. Esta disconformidad de los norteamericanos con el mandatario se puede entender en cuatro niveles:

  1. Preocupación por las amenazas a la democracia y los derechos humanos (DDHH).
  2. Preocupación por las consecuencias que podría acarrear en la guerra contra las drogas.
  3. Preocupación por los flujos migratorios de salvadoreños a EEUU.
  4. Competencia electoral de cara a las elecciones generales de 2020.

Preocupación por las amenazas a la democracia y a los DDHH

En primer lugar, Estados Unidos como potencia hegemónica ha promovido su visión de democracia y DDHH alrededor del mundo. Bouchet afirma que esto no se trata de un asunto desinteresado ni encubierto, sino que EEUU ha explicitado su interés en promover la democracia cuando esto ayuda estratégicamente a generar ganancias en el ámbito de seguridad nacional y en el ámbito económico. Además, a nivel ideológico, la defensa de la democracia hace eco de las ideas que dieron origen a la identidad estadounidense basadas en la tradición liberal.

Por otra parte, Mathur & Kumar han encontrado que la preocupación estadounidense por los DDHH comenzó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU ejerció un rol protagónico en el desarrollo del programa de DDHH de la ONU. Sin embargo, fue con la llegada al poder de Jimmy Carter en 1976 que la potencia hegemónica hizo de la promoción de DDHH un aspecto medular de su política exterior. En este marco los autores afirman que, aunque la atención se suele centrar en el Poder Ejecutivo, el Congreso también ha jugado un papel determinante en la consolidación de la política exterior en la materia.

De esta manera, es factible comprender que exista un interés auténtico por seguir promoviendo dichos valores afuera del territorio estadounidense. Esto se manifiesta en los criterios que emplea la ya mencionada MCC que, a la hora de definir cuáles países en desarrollo recibirán ayuda económica, se guía por una serie de criterios que deben cumplir los Estados, entre los que se incluye el compromiso con la democracia, probar que las inversiones se dirigen a mejorar el bienestar de la población, y propiciar la libertad económica.

Preocupación por las consecuencias que podría acarrear en la guerra contra las drogas

Los hallazgos de El Faro sobre las negociaciones no son del todo nuevos, sino que ya organismos como el International Crisis Group sospechaban que, más allá de las políticas gubernamentales oficiales de enfoque punitivo, el éxito de Bukele en la reducción de homicidios podría deberse a un entendimiento informal entre las organizaciones delictivas y las autoridades.

En ese sentido, probablemente las inquietudes al respecto vienen creciendo desde hace un tiempo para atrás y no surgieron a inicios de setiembre. También hay que tener en cuenta que, como han señalado en un estudio Aguirre, Guzmán Castillo & Menocal Peters, existe una interdependencia entre EEUU, México y Centroamérica, donde el primero resulta ser la potencia hegemónica. Entonces, en un entorno donde percibe el narcotráfico como una amenaza a su seguridad nacional, Estados Unidos, como potencia hegemónica y local, buscaría influir en Centroamérica al dar esa lucha antes que las drogas lleguen a territorio estadounidense.

Preocupación por los flujos migratorios de salvadoreños a EEUU.

Ahora bien, si el Estado de derecho en El Salvador se sigue debilitando, y si las maras y otros elementos del crimen organizado continúan fuera de control, eso repercutirá negativamente en la calidad de vida de las personas de El Salvador. Por lo tanto, tendrían más incentivos para seguir migrando a EEUU. Tal posibilidad entraría en conflicto con el enfoque de políticas migratorias duras que Trump ha buscado establecer, donde negocia acuerdos para que los países centroamericanos tomen medidas que hagan más difícil a sus nacionales migrar al país anglosajón, a cambio de ayudas económicas, de apoyo al turismo y de condiciones más favorables para los trabajadores centroamericanos con carácter legal en EEUU.

Competencia electoral de cara a las elecciones generales de 2020.

De la mano con los puntos explicados, se encuentra el último nivel de análisis: el de la competencia electoral de cara a las elecciones generales de 2020. De primera entrada podría pensarse que el interés de las autoridades estadounidenses en condenar las acciones de Bukele tiene que ver con incentivos para asegurar el voto de estadounidenses de origen salvadoreño. Sin embargo, de acuerdo con Krogstad & Noe-Bustamante del Pew Research Center, las poblaciones provenientes de países centroamericanos en EEUU son muy pequeñas, y en el caso específico de los salvadoreños, corresponden únicamente al 3,9% de los hispanos en territorio estadounidense. De esta manera, buscar una explicación en el voto de origen salvadoreño no parece tener tanto peso.

Un punto de mayor interés podría encontrarse en los incentivos de los demócratas para capturar votos de personas con valores progresistas. A lo largo de la gestión de Trump, los demócratas han acusado al mandatario de excederse en sus funciones, lo cual ha tomado mayor peso conforme se acercan las elecciones generales de 2020 donde será elegida, no solo la presidencia, sino también los representantes de la Casa y parte de los miembros del Senado. En este contexto, los demócratas han intentado monopolizar la defensa de la democracia frente al autoritarismo de los republicanos, por ejemplo, a través de la publicación del proyecto de Ley de Protección de la Democracia.

Así, es factible pensar en una estrategia para ganar votos progresistas al demostrar un interés auténtico en combatir el autoritarismo si los demócratas no se limitan a dar esta lucha en su territorio, sino también alrededor del mundo. Esto explicaría por qué fueron los representantes demócratas quienes iniciaron con las llamadas de atención a los actos excesivos de Nayib Bukele. Luego se le sumaron los republicanos, posiblemente para disputar el discurso de defensa de la democracia, pero también porque el sector conservador tendría un incentivo adicional: Si, como ya se discutió, la inestabilidad política y la inseguridad motivan la migración de salvadoreños a EEUU, reducir esta diáspora aumentaría el apoyo de la base blanca del Partido Republicano, dentro de la cual se encuentran sectores abiertamente racistas.

Entonces vemos como el déficit democrático y los estragos de las maras también inciden en este ámbito. Al respecto, cabe compartir la aseveración del International Crisis Group cuando sugiere a El Salvador, y también aplica para EEUU, dejar de lado las políticas draconianas de mano dura y el enfoque hostil hacia los rivales, enfoque que ya ha demostrado fallar en repetidas ocasiones. En su lugar le recomiendan brindar asistencia a las comunidades afectadas por las pandillas, apoyar la rehabilitación de los pandilleros encarcelados y, si las maras muestran responsabilidad, considerar reabrir el diálogo.

Para finalizar, si Bukele no tiene interés en emplear un liderazgo responsable, es importante que la comunidad internacional siga presionando al presidente para que desista de sus prácticas cuestionables. En nuestra región EEUU sigue siendo el actor de mayor peso, y por lo tanto el que tiene más oportunidad para influir en la política salvadoreña. No obstante, si la potencia hegemónica quiere recuperar la credibilidad moral que tuvo en el pasado, es necesario que ejerza su presión tomando en cuenta lo que va a resultar en un mayor bienestar para la población del país centroamericano, tratando a los migrantes en calidad de seres humanos con pleno reconocimiento de sus derechos, y sustituyendo la guerra contra las drogas por un enfoque consecuente con su política interna en un momento donde el consumo legal ha estado tomando fuerza a lo interno del territorio estadounidense.

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