Diego Vega Rojas: Estados Unidos, China y Rusia – la competencia geopolítica por el Ártico

A fin de cuentas, el derretimiento del polo norte no solo le debería interesar a EE. UU. para ayudar a preservar un planeta sostenible. Detener este proceso también le ayudará a mantener una barrera natural contra los peligros potenciales que podría enfrentar desde el norte.

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Diego Vega Rojas, Observatorio de los Estados Unidos, CIEP, UCR.

El hielo se está derritiendo en el círculo polar ártico debido al calentamiento global. Aunque ello augura mayores catástrofes ambientales en el futuro, también ha hecho del Ártico un lugar más accesible a la presencia humana, lo cual abre nuevas oportunidades de desarrollo. A la vez con esto surgen nuevos intereses geopolíticos tanto por parte de las potencias mundiales como de los países árticos más pequeños.

En este contexto, Estados Unidos, Canadá y Rusia se muestran como los países dominantes de la región, debido a que son los países árticos con mayores capacidades. Sin embargo, a pesar de no ser un país ártico, China está demostrando un creciente interés en aumentar su presencia en el polo norte terrestre, al punto de que se ha autodenominado un “Estado casi ártico”.

Este artículo se centra en explicar la competencia entre los Estados Unidos (EE. UU.) y sus dos rivales principales, Rusia y China, focalizada en el Ártico; además de indagar qué papel debería jugar EE. UU. frente a los retos pendientes.

Para llevar a cabo lo anterior es necesario comprender por qué la región se está convirtiendo en un creciente escenario de interés geopolítico. Esto se explica por tres grandes motivos que continuarán aumentando en importancia conforme el hielo del Ártico se siga derritiendo: la extracción de recursos naturales, las rutas comerciales y la seguridad nacional de las potencias.

Extracción de recursos naturales

El ártico es una región rica en recursos naturales, algunos de los cuales resultan muy atractivos para las potencias. Rusia, por ejemplo, posee interés en convertir el Ártico en su base de recursos claves, en tanto la economía del país eslavo depende de la exportación de hidrocarburos, para lo cual le resulta medular acceder a los considerables yacimientos que se encuentran en el norte de su territorio.

Pero en la región, específicamente en Groenlandia, también existen importantes depósitos de metales y tierras raras como el uranio. Estos han llamado la atención de China, pues, si bien el gigante asiático acapara dentro de su territorio el 90% de las extracciones de tierras raras a nivel mundial, la isla del norte tiene potencial para convertirse en otro centro de extracción de tales materiales.

En ese sentido, destacan dos principales centros de extracción minera en Groenlandia donde China posee algún grado de participación. Por un lado, está el proyecto del depósito de hierro en Isua. Este estaba en manos de la compañía británica London Mining hasta que esta se declaró en bancarrota y la licencia fue asumida por la compañía basada en Hong Kong, General Nice Development. Por otro lado, se encuentra el proyecto de minería de tierras raras en la región de Kvanefjeld/Kuannersuit, adquirido por la compañía australiana Greenland Minerals y que luego anunció una asociación con la empresa china Shenghe Resources.

Ahora bien, el apoyo del Gobierno groenlandés a este último proyecto minero generó tal polémica que provocó la ruptura de la coalición de gobierno y la convocatoria de elecciones anticipadas por parte del oficialismo, comicios donde resultó vencedor el partido socialista Inuit Ataqatigiit (Comunidad Inuit) y el centrista Naleraq resultó el tercero más votado, ambos aliados en la lucha contra el proyecto extractivista.

Tal proceso electoral puede ser considerado un referéndum no oficial donde el pueblo groenlandés se manifestó en contra de la minería de tierras raras. De acuerdo con Tammy Vega del Valle, esta coyuntura “supone el ejercicio de la democracia plena, de las acciones colectivas y del interés de marcar una discusión de prioridad como lo es el medio ambiente y la conservación dentro de su territorio”.

En el caso estadounidense, el enfoque sobre los recursos naturales del Ártico ha oscilado en una tensión entre la conservación y la extracción de los recursos naturales, dependiendo del partido que esté en el poder, con los demócratas prefiriendo la primera visión y los republicanos decantándose por la segunda.

Elana Wilson Rowe y Helge Blakkisrud encuentran que la política energética de Barak Obama para el Ártico estaba centrada en la innovación energética y en la búsqueda de energías limpias con un enfoque conservacionista y proteccionista hacia los recursos. En contraste a la política de Donald Trump que abrió el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico a la subasta de contratos para explotar petróleo y gas natural, en el marco de sus discursos de creación de empleos y de independencia energética. Recientemente, el presidente Joe Biden retomó la línea conservacionista de Obama al detener la subasta abierta por Trump y poner una moratoria temporal a todas las actividades relacionadas con hidrocarburos en el área mientras se realiza un análisis completo de los posibles impactos ambientales.

Rutas comerciales

Con la reducción del hielo también se están abriendo rutas que pueden reducir significativamente el trayecto entre Europa y Asia, en especial la Ruta Marítima del Norte. Estas podrían reducir las distancias entre Europa y China en un 40% con respecto de las vías marítimas tradicionales. El documento de política Fundamentos de la política estatal de la Federación Rusa en el Ártico para el periodo hasta 2020 y para una perspectiva adicional indica que Rusia tiene intención de permitir la navegación internacional por la Ruta Marítima del Norte, bajo su propia jurisdicción en función del interés nacional, lo cual le abriría la oportunidad de expandir su influencia en el Ártico, posiblemente a expensas de otros actores, aunque también abre oportunidades potenciales para la apertura de alianzas estratégicas entre China y Rusia.

En ese sentido, es importante recordar que actualmente China está dirigiendo sus principales esfuerzos de política exterior a la consecución del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI por sus siglas en inglés). Este es un proyecto de alcance mundial que busca proveer la infraestructura tangible necesaria —carreteras, bodegas, minas, bases militares entre otros— para lograr afianzar sus nuevas rutas globales de producción. Dicho de otra manera, es el intento del gigante asiático por extender una telaraña de interconexiones comerciales a lo largo del orbe. No es casual, entonces, que haya comisionado varios rompehielos, con los que espera poder forjar nuevas rutas para sus productos a través del ártico.

Pero las pretensiones chinas en el ártico no se limitan a las rutas marítimas. También ha habido un marcado pero hasta ahora fallido interés por afianzar rutas aéreas en la región. Para comprender este punto hay que recordar que en Nuuk, capital de Groenlandia, actualmente hay un único aeropuerto con capacidad para albergar solamente aviones pequeños, de modo que el Gobierno groenlandés planea construir tres grandes aeropuertos internacionales, para lo cual abrió un concurso público de contratos.

La presencia china no se hizo esperar, pues la empresa estatal denominada Compañía de Construcción de Comunicaciones de China (CCCC) fue uno de los principales oferentes. Pero en 2019 el gobierno danés le ofreció una propuesta más atractiva que llamó la atención del primer ministro groenlandés y la CCCC retiró su propuesta antes que terminara el proceso oficial de selección.

Seguridad nacional

La importancia que Rusia le está dando al Ártico se puede entender con mayor claridad si se toma en cuenta que el territorio ruso comprende un 53% de la línea costera ártica. Esto se refleja en la modernización militar que está haciendo a lo largo de la Península de Kola, lugar donde se encuentra la sede de su Flota del Norte y también es el sitio donde se concentra la mayor parte de su arsenal nuclear marítimo.

Por su parte, Estados Unidos ha sostenido un discurso encaminado a señalar que el cambio climático está transformando el entorno duro del Ártico de modo que se debilita una barrera natural que abre nuevos riesgos a la Seguridad Nacional estadounidense.

La erosión costera y la reducción del hielo está trayendo, además, nuevos retos estructurales para las bases militares, lo cual llevará a que la potencia anglosajona tenga que depender cada vez más de bases en aguas profundas y de diseños arquitectónicos adaptativos a las condiciones cambiantes. Es importante tomar en cuenta que la base militar que EE. UU. mantiene en el norte de Groenlandia, y en especial su sistema de aviso de amenazas balísticas, resulta fundamental debido a que la ruta más corta entre Europa y Norteamérica pasa por dicho territorio. Su significancia va al punto que el expresidente Trump consideró comprar la isla durante su gestión, como hizo el expresidente Jimmy Carter varias décadas atrás.

Asimismo, el Comando Defensivo Aeroespacial Norteamericano, fuerza militar canadiense responsable de vigilar el espacio del Ártico y de responder a amenazas militares, ha extendido indefinidamente un acuerdo de comando con EE. UU. Esto refleja el interés estratégico conjunto entre los dos países por contener la influencia de sus rivales.

¿Qué podría hacer EE. UU. en el futuro para responder a los retos en el Ártico?

La nueva realidad multipolar plantea la posibilidad de un equilibrio estable entre las potencias. Sin embargo, para que ello se convierta en una realidad es necesario que los líderes de dichos Estados mantengan una actitud proactiva y responsable frente a los retos que se les presentan. Muy especialmente en aquellos aspectos donde podrían tener intereses divergentes. Por tal motivo, el autor concuerda con Rebecca Hersman, Erick Brewer y Maxwell Simon en que EE. UU. debería combinar una estrategia de estabilidad con una estrategia basada en coaliciones. Es decir, buscar una actitud más transparente y áreas de cooperación con Rusia y China donde sus intereses convergen, de la mano con un enfoque de trabajo coordinado con sus aliados en países árticos y cercanos al Ártico para mitigar las acciones antagónicas de sus rivales.

Pero también es importante tomar en cuenta los aportes de Nombre propio Luke Patey, quien llama a los Estados pequeños árticos y casi árticos a trabajar en colectivo para hacerle frente a las presiones de las potencias. El primer paso sería que tomen consciencia de su conectividad económica. En especial los países nórdicos, pues la mayor parte de sus transacciones económicas suceden entre sí y con la Unión Europea. Es una oportunidad que pueden aprovechar para no quedar desamparados ante EE. UU., Rusia y China.

La Administración Biden ha indicado recientemente que sus valores fundamentales de política exterior son la anticorrupción, la democracia y los DD. HH. Es importante que haga valer estos principios al concederles espacio a los países pequeños cercanos al Ártico para que tomen decisiones por su cuenta. Esto, de paso, les puede ayudar a acercarlos como socios independientes pero confiables.

Ahora bien, Estados Unidos no debería limitar este respeto por la democracia y los DD. HH. al ámbito formal de las relaciones entre Estados, sino que también ha de reconocer los mensajes políticos que emiten los pueblos a través de las urnas, y en ese sentido, respetar y legitimar la decisión del pueblo de Groenlandia de detener la extracción de tierras raras sería un paso importante.

Finalmente, ponerle un freno a la extracción ilimitada de recursos naturales en el Ártico no solo es importante por respeto a las personas de Groenlandia. También lo es porque el planeta se dirigirá a una catástrofe medioambiental si no se replantea el desarrollo económico descontrolado que predomina en el mundo actual. En ese sentido, la decisión de Biden de abordar la extracción de recursos naturales en Alaska con una perspectiva conservacionista es un paso importante, pero además debe ser acompañada por políticas de alcance global para mitigar el calentamiento global. A fin de cuentas, el derretimiento del polo norte no solo le debería interesar a EE. UU. para ayudar a preservar un planeta sostenible. Detener este proceso también le ayudará a mantener una barrera natural contra los peligros potenciales que podría enfrentar desde el norte.

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