Discurso del Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones

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¡Buenas noches!

Luego de un alargue de dos meses para decidirnos, hoy hemos escogido al nuevo Presidente de la República.

No ha sido fácil. La fecha presentaba desafíos para la logística electoral, pero los hemos superado. La fecha tampoco era la idónea para una participación robusta y, por eso, quiero felicitar a todos aquellos que hoy demostraron su amor por el país votando.

Los temas discutidos en la campaña favorecían la crispación del debate y el desencuentro entre nosotros, pero hoy imperó el respeto y la cordialidad cívica que nos caracterizan.

Gracias, muchas gracias, a todos los que hoy, de una u otra manera, colaboraron en las tareas electorales. Entre ellos, los funcionarios de este Tribunal Supremo de Elecciones que, tras meses de arduo trabajo, cumplieron eficazamente su labor y con la experticia y probidad que en el país, en la región y en el mundo, nos reconocen.

Y ahora, prudencia y mesura: en unos minutos daré lectura a un corte con los resultados provisionales que nos llegan a través de nuestro sistema de transmisión de datos. Este, como es ya tradición, se irá actualizando progresivamente hasta mañana al mediodía. El martes empezaremos el escrutinio definitivo a cargo de los magistrados, corona del blindaje del sufragio en nuestro país, transparente a la fiscalización de los partidos contendientes, a la cobertura de la prensa y, en general, a todos aquellos que quieran seguirlo a través de nuestro canal de YouTube.

Costarricenses, es la hora de la humildad, la generosidad y el respeto.

Aquellos favorecidos por las urnas, deben tener la humildad y la sabiduría para anticipar que les será imposible hacer un buen gobierno sin la colaboración de las otras fuerzas partidarias. No pueden embriagarse de triunfo quienes deberán conducir a la patria por los sinuosos caminos que los próximos años anuncian.

Aquellos que hoy sufran la decepción de la derrota, deben tener la generosidad y la hidalguía para poner a Costa Rica por encima de su desazón y ofrecer con sinceridad su respaldo al nuevo gobierno en la común tarea de sacar al país adelante. Una leal oposición democrática no riñe con esa noble disposición en favor del bien común.

Y todos, vencedores y vencidos, simpatizantes de otras fuerzas políticas e independientes, todos, estamos llamados a respetar el inobjetable veredicto de las urnas. En democracia la confrontación por el control temporal del poder político se resuelve así, votando, y con eso se zanja y acaba la discusión.

Pretender prolongarla y negarse a reconocer a las nuevas autoridades como eso, como las nuevas autoridades, no es irrespetar al adversario político, no es irrespetar al Tribunal Supremo de Elecciones. Es irrespetar al pueblo soberano que ha hablado y a las reglas bajo las que, como sociedad, hemos decidido vivir. Esa es la convicción de todo demócrata: cada ciudadano tiene derecho a un voto y el gobierno escogido por la mayoría es el gobierno de todos.

¡Muchas gracias!

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