Jorge Jamil Mahuad Witt fue elegido presidente del Ecuador en 1998 pero no llegó a culminar su periodo ya que fue cesado en sus funciones en enero de 2000 tras la profundización de la crisis económica entre 1998 y 1999, en la cual desaparecieron una docena de bancos e instituciones financieras. Actualmente, este abogado y ex alcalde de Quito reside en Estados Unidos donde imparte clases de negociación, liderazgo y gobernabilidad en la Harvard University.

*Entrevista realizada el 21 de diciembre de 2023

¿Cómo ves lo que está pasando actualmente en Ecuador?

Me preocupa el narcopopulismo y su intervención, no solo en la política, sino en toda la vida social. Estoy tremendamente preocupado. El problema de la intervención del narcotráfico y lo que está sucediendo nos permite comprobar cosas que de alguna manera ya todo el mundo pensaba, o suponía, o sabía. Es decir, que en Ecuador hay una red perfectamente estructurada con el propósito de que avance la impunidad y el narcotráfico. Mi temor es que mi país se convierta en un narcoestado.

Y el segundo problema gravísimo es la situación económica. Y en este marco, el sistema de dolarización que me tocó implementar está en serio riesgo si no se toman medidas económicas adecuadas para preservarlo.

Tú has vivido una época especialmente dura. ¿Qué recuerdas de aquellos meses?

Yo diría la dificultad para tomar decisiones importantes ante momentos de crisis porque nuestros países viven en crisis permanentes. Yo creo que ante una crisis hay tres elementos claves. El primero es el peso de las decisiones. Si el problema es una guerra o no con el Perú, lo que te juegas es la vida o la muerte y todas las implicaciones que esto tiene, o si la decisión es dolarizar o no la economía ecuatoriana.

El segundo elemento es la necesidad urgente de decidir. Hay que tomar acciones rápidamente porque el tiempo es absolutamente crucial. Y lo tercero es que tienes que decidir con la información que posees. Si te has preparado bien y tienes buenos colaboradores la información será precisa. Pero también puede llegarte información imprecisa, interesada, que refleje agendas ocultas. Con esa información hay que resolver.

¿Qué es lo que más te preocupa a nivel global?

En lugar de avanzar hacia una sociedad más integrada donde el diálogo sea la norma, nos hemos polarizado tanto que han vuelto las guerras. Veo una discrepancia entre la vida diaria de los ciudadanos y los moldes con los cuales se maneja la democracia. Y es que la inmediatez y la velocidad es la principal característica de las nuevas generaciones. Las personas están acostumbradas a tomar decisiones rápidas para cambiar una realidad, sin embargo, deben esperar cuatro años para cambiar un gobierno que no le gusta. Esto demuestra que hay un desfase de tiempos. Todo lo que las nuevas generaciones hacen en su vida es rápido, incesante, pero la política no es así. Yo creo que esta pregunta, de cómo las nuevas generaciones van a hacer para mantener la democracia, es clave para la democracia.

¿Cuál es la salida?

No creo que la clave sea la nostalgia. Los partidos del pasado, la política seria del pasado ya no sirve. La salida es la imaginación. Cómo imaginamos una democracia que se ponga al frente y utilice los nuevos mecanismos en lugar de tratar de combatirlos. La democracia siempre es imperfecta, siempre está en construcción y siempre causa inconvenientes. Hay una nueva democracia que construir, ya no nos sirve lo que teníamos, y si no la construimos nosotros alguien lo hará a pesar de nosotros.

Por otro lado, el principal requisito para generar cambios reales es la intersección de varias cosas, la interdisciplinaridad. La democracia que tenemos que soñar y construir solo podrá venir de la intersección de los principios griegos, de la inteligencia artificial, de las prácticas diarias. Es una cosa global. Estamos hablando de una innovación disruptiva. Lo que me preocupa es que se nos salga de las manos y que no haya una dirección más o menos clara.

Para adentrarnos ya en el rol de la política ¿consideras que es una profesión?

Sí. Cuando empecé, uno debía tener una profesión y además podía ejercer la política. Después nos dimos cuenta de que no podía ser así. La política es una profesión que requiere exclusividad, dedicación y hay que poner todo el esfuerzo en ello. Lo mismo aprendí de la política: el campo es tan vasto, hay que saber tantas cosas, hay que preocuparse de tantos elementos que debe ser la principal ocupación en la vida.

¿Cuáles son los principales atributos para tener cierto éxito en política?

En primer lugar la capacidad de entender y comunicarse con la gente. La empatía y la habilidad para conectarse con los ciudadanos son fundamentales. También es crucial tener un profundo conocimiento de los temas políticos y sociales, así como una habilidad estratégica para abordar los desafíos. La ética y la integridad son valores que deben estar presentes en todo momento.

Además, la paciencia y la resistencia son esenciales, ya que la política implica enfrentar obstáculos y contratiempos. Un político, al igual que cualquier otra persona debe preguntarse ¿quién soy? y ¿para qué vivo? Si uno tiene claras esas dos cosas, tiene una especie de brújula moral, una especie de GPS interior que no le permite perder el rumbo.

¿Cuáles serían los desafíos más significativos que enfrentaría un joven al ingresar a la política?

Uno de los desafíos es mantener esa integridad y fidelidad a uno mismo en medio de presiones externas o situaciones complicadas. También podría enfrentar la resistencia de sistemas establecidos que a veces no favorecen el cambio o la honestidad. Sin embargo, si se mantiene firme en sus valores y propósitos, estará mejor equipada para superar esos desafíos.

Para terminar ¿qué tres personajes de la política te dejaron huella?

Los que más me han marcados, fíjate, no vienen de la política. Sin embargo, a nivel mundial, alguien que me impresionó profundamente fue Bill Clinton, gobernó con la ley y la Constitución para el pueblo. A nivel latinoamericano, Fernando Enrique Cardoso. Yo lo leía de estudiante y luego lo conocí como persona y pude valorar cosas muy importantes como su tranquilidad, humildad y de estar siempre con los pies en la tierra, más allá de sus extraordinarias calificaciones intelectuales. Y a nivel nacional destaco a Osvaldo Hurtado. No solo porque fue mi mentor y fui su ministro, sino por sus capacidades.

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