Edgar E. Gutiérrez-Espeleta: Los ODS y su impacto en el desarrollo

La Revista CR publicará, a partir de este número, cada Objetivo de Desarrollo Sostenible, uno por semana, con una breve discusión de autores que serán invitados con el fin de que se conozca no solo su enunciado sino también su alcance en el contexto nacional. Los ODS son columna vertebral de la temática de La Revista CR y por ello se considera fundamental contribuir en su conocimiento y alcances.

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Edgar E. Gutiérrez Espeleta.

Para entender el papel que juegan hoy día los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas tenemos que irnos más de 40 años atrás en la historia. Desde inicio de la década de los 70’s las investigaciones científicas empezaban a mostrar el franco deterioro del ambiente y de la salud del planeta como un todo. En 1972 el Club de Roma le encarga al MIT que preparara un informe, sobre la base de la simulación de un programa de computación (World3) desarrollado por un equipo dirigido por la Dra. Donella Meadows, acerca del crecimiento de la población, el crecimiento económico y el incremento de la huella ecológica de la población sobre el planeta Tierra durante los próximos 100 años a partir de los datos disponibles a la fecha. Este informe vio la luz pública con el título Los límites del crecimiento y una de sus principales conclusiones fue si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años. Este texto impactó los círculos de las Naciones Unidas y en ese mismo año se convoca a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente la cual adopta el informe de Brundtland como la Declaración de Estocolmo. En esa misma reunión se acuerda crear el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El acelerado crecimiento industrial y del consumo después de la gran depresión de los 30’s ya mostraban indicios de que los servicios ecosistémicos se veían altamente amenazados. Esto vino a confirmarse en 1972 con la Declaración de Estocolmo y con la creación del PNUMA cuyo mandato fue de llevarle el pulso a la situación ambiental planetaria. De allí que a mediados de los 80’s y dentro del marco de las Naciones Unidas se le pidiera a Gro Harlem Brundtland, ex primera ministra noruega, que liderara un grupo de personalidades políticas y científicas de 21 países para que reflexionaran sobre el futuro del planeta Tierra. En 1987 se presentó, el así llamado, Informe Brundtland con el título original de Nuestro Futuro Común y en el que se utiliza, por primera vez en un documento de Naciones Unidas, el concepto de desarrollo sostenible referido al crecimiento económico que satisface las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer aquellas de las futuras generaciones. En 1992, 20 años después de Estocolmo, se realiza la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, conocida como la Cumbre de la Tierra, en la cual los jefes de Estado y de Gobiernos alcanzan acuerdos sobre el medio ambiente, crecimiento económico, cambio climático, biodiversidad, entre otros temas.

De esta cumbre se derivaron instrumentos multilaterales de suma importancia como los Convenios sobre la Diversidad Biológica; la Convención sobre el Cambio Climático; la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo; el Programa 21; los principios relativos a los Bosques y se inició la negociación con miras a la Convención de Lucha contra la Desertificación la cual se firmó dos años más tarde y entró en vigor en el 1996. A estas se les conoce como los convenios de Río ya que esta reunión fue celebrada en Río de Janeiro.

Cada 20 años, a partir de 1972, se han venido celebrando estas Cumbres de la Tierra. Ya mencionamos la Cumbre de Río en 1992, luego la Cumbre de Johannesburgo en el 2002 y la última, la cumbre de Río+20 en el 2012. En cada una de ellas se ha revisado el estado del ambiente, se ha analizado la situación de la pobreza y se ha acentuado el paradigma de la sostenibilidad del desarrollo.

Uno de los productos de la Cumbre de Río, tal como lo indiqué arriba, fue la Agenda 21, o Programa 21, el cual pretendía apoyar iniciativas que construyeran un modelo de desarrollo sostenible para el siglo 21. Los 172 países que la aprobaron se comprometieron a aplicar políticas ambientales, económicas y sociales en el ámbito local encaminadas a lograr el desarrollo sostenible. Desde entonces se reconocía que el desarrollo nacional debía impulsar los desarrollos locales junto con la participación ciudadana y de los distintos sectores. Fue una estrategia global que debía llevarse a la práctica de manera local con el compromiso de la mejora del medio ambiente y por ende, de la calidad de vida de los habitantes de una comunidad, municipio o región.

Este paradigma, aunque tuvo un gran inicio que incluyó la creación del Consejo de la Tierra, ubicado en Costa Rica, desarrolló un programa importante de agendas locales, apoyado por el PNUD, pero rápidamente los países empezaron a preocuparse más por la globalidad que por lo local. Así nace los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs) en el 2000, como una iniciativa mundial para hacerle frente a la pobreza extrema y el hambre, prevenir las enfermedades mortales como el SIDA, la malaria y la tuberculosis, y ampliar la enseñanza primaria a toda la niñez, entre otras prioridades del desarrollo. Esta agenda se impulsó durante 15 años logrando progresos importantes como reducir la pobreza económica, suministrar acceso al agua y el saneamiento tan necesarios, disminuir la mortalidad infantil y mejorar de manera importante la salud materna. También se inició un movimiento mundial destinado a la educación primaria universal inspirando a los países a invertir en sus generaciones futuras. Los ODM, los cuales eran acompañados por una métrica primitiva de seguimiento, proporcionó lecciones y experiencias valiosas las cuales fueron retomadas en la II Cumbre de la Tierra en el 2012 para generar una nueva versión, la cual se denominó Objetivos del Desarrollo Sostenible, que hizo un llamado urgente al mundo a caminar por una senda de transición hacia el desarrollo sostenible. Tal como lo señala el PNUD “… Los ODS constituyen un compromiso audaz para finalizar lo que hemos iniciado y abordar los problemas más urgentes a los que hoy se enfrenta el mundo. Los 17 Objetivos están interrelacionados, lo que significa que el éxito de uno afecta el de otros. Responder a la amenaza del cambio climático repercute en la forma en que gestionamos nuestros frágiles recursos naturales. Lograr la igualdad de género o mejorar la salud ayuda a erradicar la pobreza; y fomentar la paz y sociedades inclusivas reducirá las desigualdades y contribuirá a que prosperen las economías. En suma, es una oportunidad sin igual en beneficio de la vida de las generaciones futuras.

Los ODS coincidieron con otro acuerdo histórico celebrado en 2015, el Acuerdo de París aprobado en la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP21). Junto con el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, firmado en el Japón en marzo de 2015, estos acuerdos proveen un conjunto de normas comunes y metas viables para reducir las emisiones de carbono, gestionar los riesgos del cambio climático y los desastres naturales, y reconstruir después de una crisis.

Los ODS son especiales por cuanto abarcan las cuestiones que nos afectan a todos. Reafirman nuestro compromiso internacional de poner fin a la pobreza de forma permanente en todas partes. Son ambiciosos, pues su meta es que nadie quede atrás. Lo que es más importante, nos invitan a todos a crear un planeta más sostenible, seguro y próspero para la humanidad.”

A partir del establecimiento de los ODS, los cuales deben verse en forma integral y no fragmentada, es decir, los 17 objetivos están interrelacionados por lo que no puede hacerse una valoración de uno sin considerar los otros, los ODS sí tienen una métrica más ajustada y verificable que los ODMs. De allí su potencial seguimiento con instrumentos globales como el Atlas de los ODS, o el Panel de los ODS, u otros. Los países se han comprometido más con su implementación nacional y con el establecimiento de entidades nacionales que evalúen su desarrollo a partir de la definición de metas así como su incorporación a los planes de desarrollo nacional. Sin embargo, el gran desafío que se reconoce hoy día es cómo influir en los desarrollos locales para que su impacto en la gente sea directo y positivo a partir de la Agenda 2030. Esto aún está por definirse aunque ya se tiene un instrumento que habría que revalorar, cual es el de las agendas locales según el Programa 21.

La Revista CR publicará, a partir de este número, cada Objetivo de Desarrollo Sostenible, uno por semana, con una breve discusión de autores que serán invitados con el fin de que se conozca no solo su enunciado sino también su alcance en el contexto nacional. Los ODS son columna vertebral de la temática de La Revista CR y por ello se considera fundamental contribuir en su conocimiento y alcances.

 


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