Editorial: Adaptarse a la nueva realidad…¿A cuál? (Incluye podcast)

Vivimos tiempos entonces, en que lamentablemente mucha gente ha dejado de pensar y prefiere toda información sencillita y fácil; sin importar su procedencia ni el propósito que la motiva.

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La política aunque es materia siempre complicada más que compleja,  era hasta hace un tiempo relativamente predecible. No era tan difícil a pesar de todo, discernir entre lo bueno y lo malo.  Hoy en día es evidente que todo ha cambiado y por supuesto también la forma de analizar la política o de enterarse sobre el acontecer nacional o internacional. Ahora por ejemplo algunos sabemos, que aquello que entendíamos por realidad ya no lo es y además, no importa que lo sea, porque es tan descartable como cualquier producto de supermercado. Puede remplazarse la realidad aquella en que los hechos de alguna forma contaban,  por otras con información totalmente falsa, o bien, falseados los hechos, ahora sustituidos a lo mejor con “verdades relativas”,  de esas preparadas para ser consumidas al instante y  sin que el ciudadano se interese siquiera  por saber, sí la lectura que tiene en su pantalla, es o no basura.

Las  fuentes mediante las que las personas nutrían su forma de ver el mundo, como por ejemplo la diversidad de medios masivos de comunicación, las aulas universitarias o los amigos más estudiosos o inteligentes con quienes compartir un café,  han variado de tal forma, que ahora,  el conocimiento proviene de teclear en el  teléfono móvil o tomarlo del ordenador, mediante  agradables cápsulas en forma de audios y videos.  Sabemos sin embargo que hoy en día,  detrás de ésta producción masiva de información, hay sabandijas, pillos, “maras” informáticas, contaminadores y troles, que procuran mediante su accionar hacer, que las personas vean el mundo de forma antojadiza, reforzando de paso sus más oscuros prejuicios.

El propósito obviamente  es que la gente compre y trague basura con propio deleite, y que además  la atesore y la comparta. Esto que en algún otro momento o hace algunos años hubiese parecido horroroso, pero resulta que hoy no lo es del todo. Esta es también una nueva  realidad. Precisamente todo el fenómeno que hemos presenciado a raíz del segundo juicio político infructuoso en su propósito, al Presidente Donald Trump, refleja extraordinarias enseñanzas sobre este tema. La gente oye lo que quiere oír, se nutre de la frustración que le aqueja y bebe de la fuente de sus prejuicios. Por tanto sólo procura reafirmar en la información que recibe, una extensión cómplice con su particular forma de ver el mundo y las cosas.

Vivimos tiempos entonces, en que lamentablemente mucha gente ha dejado de pensar y prefiere toda información sencillita y fácil; sin importar su procedencia ni el propósito que la motiva. Termina asimilándola como cierta y necesaria e incluso indispensable a su vida cotidiana. Los niveles de formación y de educación por otra parte se van degradando, conforme avanzamos en el tiempo y está causando; sin duda alguna, un daño severo a la conciencia colectiva y particularmente en los más jóvenes. Somos ahora mucho más susceptibles a las manipulaciones externas e instantáneas, sin querer afirmar por supuesto que eso nunca ha existido.

¿Cómo haremos en el futuro para revertir este fenómeno? Esta es sin duda una valiosa interrogante. Necesitamos tener una educación de mayor calidad y una formación cívica y ciudadana, tomando en cuenta esta(s) nueva(s) realidades, pero quizás lo más importante de todo, es tener la clara conciencia de lo que está pasando y el daño irreparable que parece estarnos haciendo esa situación. Blindarnos y blindar a las nuevas generaciones contra la ignorancia y la mala fe, es una tarea impostergable pero además indispensable.

 

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