Editorial: Administrando la realidad y la oportunidad en tiempos de crisis

El esfuerzo principal se debe centrar como oportunidad, en analizar, conversar, compartir y sobretodo , en elevar los niveles de discusión

0

Dice un proverbio chino, que conocer bien un problema significa la mitad de su solución y por otro lado la palabra crisis, de acuerdo a una idea generalizada; aunque no necesariamente correcta, está formada por dos caracteres: uno representa crisis o peligro y el otro, oportunidad. Partiendo entonces de lo dicho, aceptamos en reconocer el problema que experimentamos como sociedad y luego, una reflexión alrededor de la crisis como una oportunidad.

La situación (problema) es entonces la realidad social de esta coyuntura, la cual consta de dos componentes importantes, que podrían resumirse así: uno relacionado con la salud del planeta; nuestro único hogar, enfermo y alterado por el comportamiento humano en el transcurso de los siglos; factor acentuado en las tres últimas centurias. Por otro lado, un sistema de convivencia social donde prevalece el insaciable afán de pocos, controlando el destino de muchos por medio de algún sistema político, económico y social (de uno u otro signo ideológico) que promueve la exclusión y la marginalidad de mayorías abandonadas a su suerte, a expensas del bienestar de alguna elite, cercana al poder formal del Estado. Estos dos factores han terminado entrelazándose, creando nuevas condiciones y otro tipo de situaciones adversas y no menos complejas o ajenas a la realidad.

Con respecto a nuestra relación con la naturaleza, es claro que se han generado una  cantidad de calamidades, las cuales provocan que nuestra vida y la de las demás especies, se vea drásticamente amenazada por el daño infligido a su hábitat, así como el daño a la capa de ozono el cual agudiza la crisis climática, con sus consabidas consecuencias.  El hecho tras esta realidad, implica además que la pandemia  del Covid-19, sea un subproducto de esta dañina relación, promovida por la especie humana en contra de la naturaleza.

En lo que respecta a la realidad social, es evidente notar cómo los sistemas políticos y particularmente las democracias sucumben ante las nuevas condiciones, por cuanto no están realmente diseñados para procurar el bienestar general que alegan. Son tales las inconsistencias, que inevitablemente termina prevaleciendo la ley del más fuerte.  Un ejemplo de esto, no sólo es el papel de las grandes corporaciones transnacionales, que transitan con el poder político de su parte; materializándolo todo, sino también las mafias y la criminalidad organizada que se enriquece al margen de todo sistema de legalidad y formalidad de los Estados. Aquí la ética tanto como la moral, no guardan relación alguna con la necesaria armonía social, para procurar bienestar general.

La realidad de la sociedad contemporánea se caracteriza de manera esencial entonces,  por las cada vez más afectadas relaciones con la naturaleza y por una relación con la materialidad generada por el sistema económico global, causando mucho daño a millones de personas alrededor del mundo, lo cual incide de forma directa en el manejo y la gestión de los sistemas políticos igualmente enfermos. Estos sistemas políticos, debilitados en su credibilidad institucional, malogran la posibilidad de alcanzar realmente bienestar colectivo, en virtud de largos procesos de deterioro y  que hoy simplemente irrumpen con las consecuencias conocidas.

Factores adicionales de la realidad social

Paralelo a estos dos interesantes factores, no puede dejarse de lado, en materia de la realidad social, la irrupción tecnológica y el desarrollo científico, ni tampoco el papel de la comunicación colectiva; igualmente componentes de la realidad global. La automatización y la biotecnología son otros  componentes de la nueva realidad social,  que junto a la inteligencia artificial nos ubican en un umbral para la especie humana, desconocido hasta entonces. Algunos de estos fenómenos son exquisitamente descritos y analizados en las obras de Yuval Harari (Homo Deus, Sapiens y 21 lecciones para el Siglo XXI) y posiblemente por muchos otros autores contemporáneos y otros no tanto, con carácter visionario como George Orwell (1984 y La Granja de los Animales).

El desarrollo tecnológico nos ha traído otro elemento extraordinario, que sin duda ha impactado la comunicación entre las personas alrededor del mundo, simbolizado en las redes sociales las cuales gradualmente han venido sustituyendo el papel y la función de los medios tradicionales de información, al punto tal que inciden incuestionablemente en el comportamiento colectivo cotidiano. Cómo procurar la desintoxicación de tanta falacia y manipulación es un desafío tan gigantesco como simple de atender. Acá la educación formal y la educación no formal, estarían en capacidad de desempeñar un papel extraordinario, por lo que su revitalización es un imperativo en  tiempos de crisis. Así las cosas, los componentes de la realidad han sido puestos grosso modo sobre la mesa. Ello constituye el punto de partida para la transformación de la realidad social.

Lo cierto es que estamos alcanzando el futuro mucho antes de lo previsto, provocado por las nuevas condiciones que tampoco podríamos soslayar. Cautivos en nuestros sitios de confinamiento, cualesquiera que estos sean, quedamos sujetos a la inundación de información y de datos que otrora hubiésemos obtenido en la lectura reposada de un buen libro, o en una amena conversación en las aulas universitarias o fuera de ellas. De alguna manera es tal la cantidad de información recibida, que nos extraviamos inevitablemente en la espesura del bosque algorítmico, que al final nos termina consumiendo a oscuros propósitos, cualesquiera que estos sean y dondequiera que provengan.  La comunicación es un elemento utilizado para la distorsión y destrucción misma de la creatividad individual y colectiva. La educación por supuesto, como arma fundamental contra la ignorancia, queda por lo pronto a merced de la automatización y de la inevitable enajenación, por vía de la tecnología y las redes sociales, a lo que lamentablemente se agrega la falta de preparación y sobretodo de compromiso, a veces deliberado de muchos actores y liderazgos.

Esos son en esencia los componentes del problema y de la realidad real sobre los cuales debemos tener la claridad suficiente, como elementos contribuyentes al nuevo escenario global y local, al cual debemos enfrentarnos con inteligencia, intuición y muchísima serenidad. También significa tener conciencia sobre la crisis existencial experimentada por la humanidad en esta etapa complicada de la postmodernidad. Administrar ésta realidad, es a la vez la oportunidad no sólo para la supervivencia de la especie, sino para la salud del planeta en la búsqueda de procurar un modo de vida sostenible hacia el futuro y en particular para las nuevas generaciones. Hay en esta disposición un acto de conciencia profunda, de análisis, y de estudio sobre la situación actual, con el fin de hallar una salida viable, pese la adversidad de las condiciones. Aprender a pensar bajo estas circunstancias,  es una imperiosa necesidad que nos permitirá desentrañar y desglosar los componentes del problema global, el cual incide sobre los dos factores estructurales señalados. No es sencillo poder revitalizar el pensamiento como para provocar una celeridad en las contradicciones que conduzcan a ese mundo distinto mundo al cual aspiramos, aunque esa es precisamente la responsabilidad de aquellos a quienes nos ha correspondido la fortuna de poder aportar,  aún en condiciones extremas como las presentes.

El esfuerzo principal se debe centrar como oportunidad, en analizar, conversar, compartir y sobretodo , en elevar los niveles de discusión y análisis, abierto a todos los actores estratégicos, abandonando eso sí, todos los distractores deliberados como para generar un pensamiento constructivo, adecuado a estas nuevas condiciones de normalidad.

Ello nos debe permitir a la vez, alcanzar la madurez del pensamiento, mediante una  actitud transformadora y necesaria, que permita modificar y alterar positivamente la presente realidad, de modo que la crisis misma se convierta en el yang de la oportunidad, en beneficio de nuestro propio futuro.

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...