Editorial: Algo más sobre la UPAD

En buena hora esta peligrosa ocurrencia fue sepultada, porque no hay más tiempo que perder en temas estructurales. Enfocar hacia el futuro sin distractores de ninguna especie es una responsabilidad mayúscula.

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El Decreto y el contra decreto de la  Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD) alborotó un nuevo panal en nuestra pequeña y ya de  por sí agitada aldea, provocando gran indignación. La reacción de los diferentes sectores era más que necesaria, pues ante los males de la época, el cuerpo social combate algunos aunque sea de forma un tanto rústica. La manipulación de la información confidencial para fines políticos, económicos o de cualquier índole, es un uso abominable de la tecnología, sin dejar de lado los incontables beneficios que también el desarrollo tecnológico posee.

Este es sin duda un tema sensible en el país, y al que las personas se ven expuestas en forma cotidiana;  algo que por supuesto ya está ocurriendo con el concurso de grupos criminales organizados. Inclusive privados de libertad lo han manejado perfectamente desde la Reforma, como ha sido recientemente evidenciado.  De modo que enterarse que en la propia Casa Presidencial, algunos trabajan seriamente en el manejo de información confidencial de los ciudadanos “quesque” para la construcción de políticas públicas, no deja de ser  decepcionante y preocupante, máxime cuando a ello se suma ignota intención, de quienes hoy temporalmente, ostentan el poder político formal desde Presidencia.

Claro está que no resulta sorprendente la dominación algorítmica para fines de toda índole, como para mostrarnos tan sorprendidos, al punto de rasgarnos vestiduras porque algo así suceda en la realidad del Siglo XXI. Lo novedoso, quizás es que en este caso la UPAD como instancia concentradora de información sensible, contara con la mismísima anuencia del Presidente de la República por vía de un decreto;  esto a pesar por lo visto de venir incursionando en ello desde hace buen rato.  Esto sin embargo no es tan grave como  la forma de hacerlo y abordarlo, o bien por ejemplo percatarnos, que  hasta el uso de los automóviles de la Embajada Estadounidense se encuentra en el radar de los personajes de este cuento, o bien; en otro orden de cosas, que los organismos especializados en la materia no han sido del todo tomados en cuenta, ni siquiera el Ministerio de Planificación.

Por supuesto la idea  no es ser ingenuos, como para ignorar el valor del instrumental tecnológico al mando de expertos informáticos, quienes pretenden incidir en tendencias colectivas para fines electorales y vaya saber para cuantas cosas más. Así que la reacción colectiva se da en buena hora para desmantelar cualquier actividad desde Presidencia orientada a incidir con finalidad partidarias, personalísima,  u organizacional, escudada en alguna de las banderas de derechos humanos, hoy en día tan en boga.

Pese a todo lo dicho, la tarea más importante para el país es no ser distraído sobre los temas sustantivos que afligen a la sociedad costarricense tales como la pobreza, el desempleo, el deterioro social  y los síntomas del estancamiento en la actividad económica, los cuales van dejando secuelas,  particularmente a los más jóvenes y a los sectores más vulnerables. De hecho la información institucional ya existente en las fuentes confiables, puede desempeñar un papel estratégico en las políticas públicas, sin necesidad de recurrir a métodos con torcidas intenciones, promovidas por  nuevos liderazgos tecnocráticos.

Seguimos distrayendo la atención sobre los problemas fundamentales y esto sí es realmente lamentable, pues pareciera entonces que a este Gobierno, dada la cantidad de las últimas travesuras y desaciertos, habría que conducirle de la mano para poder llegar todos a buen puerto.  No es que no haya buenas intenciones, porque ciertamente las hay, sin embargo la práctica política de mayor tendencia en este grupo; un tanto similar al anterior,  se concentra en  ignorar premisas fundamentales a la esencia del ser costarricense, recurriendo  a métodos y prácticas alejadas del sentir y los valores prioritarios idiosincráticos. Es el caso de la individualidad  y la intimidad sobre el manejo de información, pues no nos gusta que nos estén espiando, ni nos gusta que atenten contra nuestras libertades más preciadas.

Los costarricenses en sus aspiraciones y un buen gobierno, deben enrumbar por un sitio nuevo y distinto, para procurar alcanzarlas, teniendo ahora -por qué no- y como norte al menos, el bicentenario de la independencia patria. Hay ahí en ese derrotero mucha riqueza e inspiración que nos permitiría columpiarnos a un mañana mejor, de confianza, de credibilidad, de fortaleza, para alejarnos por tanto de la desconfianza, el escepticismo y la negatividad entre nosotros mismos. Ojalá entre todos, podamos ver más allá de los escándalos inmediatos y  dejarnos en consecuencia, involucrarnos por las emociones derivadas de ocurrencias pasajeras.

En buena hora esta peligrosa ocurrencia fue sepultada, porque no hay más tiempo que perder en temas estructurales. Enfocar hacia el futuro sin distractores de ninguna especie es una responsabilidad mayúscula y ello exige una actitud diferente y una visión diferente sin excepciones, también por parte de los medios de comunicación colectiva y de los nuevos “influencers políticos”.  Tal vez con un poquito de voluntad y actitud honesta, pensando en las nuevas generaciones podamos lograrlo.

 

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