Editorial: Algunas lecciones del 6 de febrero, aunque no tan nuevas

hay que decir que el proceso electoral fue ejemplar y el comportamiento cívico inigualable, dígase lo que se diga. El Tribunal Supremo de Elecciones una vez más sirvió como garante electoral y bastión del sistema democrático, poniéndose la flor en el ojal.

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El pasado domingo 6 de febrero llegó después de cientos de expectativas, elucubraciones y predicciones. Sin lugar a dudas se trataba de un contexto definido por muchos como inédito, donde resultaba difícil arriesgarse a decir cuál podría ser el escenario electoral el lunes 7.

De todo ello, apuntamos algunas lecciones aprendidas, aunque quizás no sean tan nuevas ni originales en nuestro medio.

1. “Los que tienen más galillo que traguen más pinol”. Este viejo refrán popular ilustra quizás de forma dramática, como los grandes partidos con estructura logran mayor financiamiento; público y privado para sus campañas, mientras que los que luchan y trabajan con las uñas no tienen mayor opción. Los bancos invierten sin importar por propuestas o calidad programática alguna, porque las encuestas son el instrumento determinante. Habrá acaso forma de obviar esto en el futuro?

2. Los medios de comunicación; impresos y televisivos, toman partido y procuran despedazar a los candidatos que por alguna razón les hace sentir amenazados y se las agencian para no maltratar aquellos que consideran afines a sus propios intereses; incluido debates a sujeción de sus intereses. Es una vieja enseñanza, pero en ésta campaña demasiado evidente.

3. abstencionismo en general tan elevado, en las zonas costeras y alejadas posiblemente simbolice el repudio, a quienes en el pasado asumieron la tarea de prometer sin nunca cumplir. En regiones agobiadas por la miseria, la pérdida de credibilidad y fe se manifiesta de esta forma. Lo lamentable es que no hay espacios vacíos y los poderes fácticos (crimen organizado y narcotráfico) también juegan un papel para mantener opciones a grupos excluidos y marginados.

4. La chota y el escarnio por vía tecnológica; muchas veces obsceno, toman cada vez mayor vigencia para descalificar personajes y partidos. No requiere más esfuerzo que el deseo de destruir lo que no sea del agrado del individuo o del grupo de interés. Las redes están infestadas y juegan en esto a la perfección, pero algunas veces constituyen una forma sana y divertida de crítica.

5. Ni el entusiasmo, las suposiciones, las ocurrencias, ni los proyectos descabellados son suficientes en una carrera presidencial. Muchos terminaron por ello, inmolados en el proceso.

6. Hay una clara división generacional, con gustos, valores e intereses, que empieza a prevalecer en la escena política. Aborrecer consignas y símbolos del pasado es parte de un nuevo quehacer.

7. La conexión con las necesidades reales, inquietudes, necesidades y aspiraciones de la gente, son lo importante. A juzgar por los resultados el énfasis sobre lo ético, los valores y el mismo tema de corrupción, no parece figurar en las grandes prioridades para las mayorías, como sí lo son el desempleo y la pobreza. El enojo y la frustración son además factores que deciden.

8. Dígase lo que se diga hay una importante intuición y discernimiento del pueblo a la hora de elegir, lo cual se refleja en los escogidos, pero aún más en los que perdieron. Hay enseñanzas acá nada despreciables.

9. El resultado, observando las tendencias que prevalecieron, parece reflejar una disyuntiva entre pasado y futuro, entre consolidar conquistas y ruptura con el sistema, y entre conservar o cambiar.

Como cierre y como lección reiterativa, hay que decir que el proceso electoral fue ejemplar y el comportamiento cívico inigualable, dígase lo que se diga. El Tribunal Supremo de Elecciones una vez más sirvió como garante electoral y bastión del sistema democrático, poniéndose la flor en el ojal.

 

 

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