Editorial: Antídotos contra creer, decir, repetir y fomentar estupideces.

Todo esto quizás sea señal de que vienen tiempos mejores, porque más bajo no podíamos haber caído los visitantes de la sociedad contemporánea.

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La ignorancia es un nuevo fantasma que ahora recorre no sólo Europa, sino todo el mundo. El maravilloso acceso científico y tecnológico a toda información posible para informarse, aprender y trascender en forma positiva, raya todos los límites del conocimiento.

Este sin embargo es  un fenómeno que  camina al lado de un mundo paralelo de información estiércol, la cual obnubila la mente de los espíritus enclenques y garantiza por su medio, que la falsedad, la prepotencia y también la calumnia se difundan; juntas o separadas, en cualquier dirección. Es capaz de generar ondas expansivas; cargadas de invisible cicuta; responsable de envenenar los hechos históricos y la inteligencia social en tiempo real y con consecuencias socio-políticas perversas.

Las llamadas redes sociales, aunque también algunos medios masivos, se han convertido en el principal vehículo que manipula y moldea este tipo de información, que por consecuencia encuentra caldo de cultivo en mentes vacías con ausencia de criterios, abundantes hoy en día.

El fenómeno descrito, al que llaman fake news, verdades relativas y posverdades, acontece de un tiempo para acá, tanto a nivel local como a nivel global.  Asumida la información -cualquiera  que sea de interés- se tergiversa y se falsea, sólo a partir de entonces se da por cierta. Es distorsionada por  un nuevo grupo social de zombis tecnológicos y trolls, que se ha apoderado de las autopistas de la comunicación. Es como sí una versión adaptada de los protagonistas del  Ensayo de la Ceguera; esos ciegos relatados por Saramago, se fuesen multiplicando para constituir las nuevas huestes de espíritus atrofiados en la negatividad y el mal. Apelan a su condición más primitiva y a sus bajos instintos para actuar o reproducirse.

El mundo bajo su perspectiva es apocalíptico y cada acontecimiento acomodado al antojo de sus odios y  prejuicios. Logran hacer de cada evento un pequeño cataclismo, dada su innegable capacidad destructiva y de la cual son conscientes. En su dimensión la tarea es destruir todo aquello que ofrezca respuesta positiva a algo; dado que la parte activa de sus cerebros es precisamente la destructiva. Su objetivo es aniquilar sin interés por retractarse sobre la mentira, el embuste o la ignominia que desatan.

Sus representantes son expertos en bullying y se jactan de ser mesías contemporáneos; abrigan verdades absolutas con la cual emboban la mayor cantidad de ineptos, igualmente ávidos de atención y protagonismo. Para ellos pensar es prohibido, y el único sentimiento aceptado es odiar, detestando toda manifestación de poder formal. Son amantes de las teorías conspirativas y se nutren exclusivamente de ellas.  No es sorprendente que tengan páginas en Facebook llenas de likes.

Costa Rica enfrenta igualmente esta invasión de imbecilidad nociva y perturbadora donde el individuo se siente empoderado, para que sus “descriteriadas” opiniones, puedan no sólo ser escuchadas sino reproducidas por todo lado. Vaya tiempo el que nos ha correspondido vivir.  Por eso no es de extrañar además, que los oportunistas liderazgos influyan en la proliferación de estas olas expansivas de estupideces y también de cinismo. Resulta entonces que la democratización de la información y el conocimiento sólo ha dejado de relieve la incapacidad humana de poder discernir y distinguir entre bien y mal entre negativo y positivo, o simplemente entre falso y verdadero.

Todo se fusiona en las redes sociales, e incluso en  medios tradicionales, bajo una misma consigna: No importa sí es verdad o es mentira; cierto o no, lo que importa es que da lo mismo, y que la gente lo llegue a creer. Más aún que lo repita y lo replique.  Por eso la bestialidad como sensación innata prevalece sobre lo demás, cumple su objetivo: destruir todo lo que huela a racional. No es tampoco que esto sea nuevo, con las luchas ideológicas era claro que siendo de izquierda o de derecha, las razones y las verdades eran inversamente proporcional a quien las formule. Depende de donde venga, se descalifica ad portas.  Si son de derecha la izquierda las asume como falaces y reaccionarias, y si vienen de la izquierda para la derecha son comunistas, para decir lo menos. Lo tragicómico es que ahora hay populistas de izquierda pero también de derecha.

Antes eran los partidos, las empresas y las organizaciones las que moldeaban opinión, ahora son las personas quienes a título individual se lanzan a la aventura de descalificar sin criterio ni posición razonable alguna al primero o lo primero que aparezca digno de análisis. Esto es triste, muy lamentable, pero sin duda es un rasgo de la época, porque ahora  las falsas noticias y posverdades, son patrimonio hasta de Presidentes energúmenos de países poderosos. De ello hay buenos ejemplos.

Todos los días, vía wazup, Facebook, twitter o lo que sea, llegan estas ondas expansivas en forma de discursos, de videos e incluso de mensajes cortos que apelan por instantes a la brutalidad de lo emocional. Esto forma hoy parte de una realidad incuestionable.

Por eso la fórmula de Ernesto Sábato sigue funcionando como antídoto: hay que desconectarse de todos los aparatos, hasta de la pantalla de colores brillantes de los televisores y los ordenadores, irse a la calle y  tomarse un buen café o en su efecto un buen vino con los amigos de mayor experiencia y madurez, compartir con ellos y aprender mucho escuchando y también compartiendo. También es importante leer, o simplemente recurrir a buena lectura, artículos interesantes, documentos, libros y novelas históricas, libros de páginas reales, de esas que nos conducen por universos maravillosos, que  masajean al espíritu y que enaltecen a quienes los escriben; letras de esas que transitan por todas las fibras del ser o puntos de vista diferentes y que permiten criterios amplios en las discusiones. Contra la mala fe, también existe la buena fe y contra la estupidez y la ignorancia sólo una buena educación; cada vez más rara, pero posible para transformar el mundo.

La estupidez instantánea debe ser combatida mediante la ilustración constante y con sentido crítico, pero no aberrante.

El péndulo se vino de sopapo y nos agarró desguarnecidos, la sociedad no tuvo tiempo de prepararse preparada para estas oleadas de ignorancia bruta, capaz de crear histeria personal y y colectiva. Por eso no es tampoco difícil o dejar de ser impasible para combatir toda esa basura, que llega hasta la incandescente pantalla de nuestros móviles, de los ordenadores y a la misma   TV. Desconectarse de cuando en cuando es necesario.

Todo esto quizás sea señal de que vienen tiempos mejores, porque más bajo no podíamos haber caído los visitantes de la sociedad contemporánea.

Ya casi es tiempo de la verdad, esa que obedece a lo sensato y a que las posibilidades más positivas se engarcen a nuestros sueños y a los de nuestros hijos. Sí… ha de ser tiempo ya.

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