Editorial: ¡Atención! es necesaria ojeada hacia adelante… (incluye podcast)

La esperanza y disyuntiva a la vez; en la coyuntura actual, consiste en generar una nueva narrativa que nos permita ubicarnos y comprender en toda su extensión lo que está ocurriendo

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En estos días en La Revista, a través de artículos y discusiones, viene provocando un poco de futurología dentro el marco del Bicentenario de la Independencia, porque considera indispensable, tener una idea sobre el curso y la suerte de la sociedad costarricense, para las próximas décadas que anteceden al Siglo XXII. Se podría decir en forma figurada que hay tres caminos…

Uno es, al que nos conducen las actuales tendencias y síntomas,  que  evidencian la crisis y debacle del Estado Democrático y Social de Derecho, en consonancia con las orientaciones globales que además de las políticas, incluyen las científicas y tecnológicas. En ese sentido, se incluyen  otros aspectos; no menos importantes, y que inciden en el trayecto, como lo son: el cambio climático, el curso de la situación sanitaria a partir de la pandemia y la situación socio-económica de las naciones, que contribuyen a ensanchar la brecha social de forma dramática.

El orden político mundial también ha sufrido importantes cambios. El viejo sistema bipolar del poder, ha sido sustituido por uno multipolar, muy diverso, con énfasis en poderes regionales, donde lo cultural y religioso prevalecen como tendencia, pero además  donde populismos y autócratas se aferran.

El otro camino es “aspiracional” y se refiere a la ruta que podamos trazar hacia el modelo de sociedad conque soñamos para nuestros hijos y en general para las generaciones venideras. Este otro rumbo, de asumirse, requiere de cambios drásticos estructurales muy profundos. Asimismo los necesita, en el ámbito del comportamiento humano, en la reorganización del  Estado y en una gestión diametralmente opuesta a la actual,  donde sin duda la política y la sensatez humana; o lo que queda de ella, juegan un papel trascendental.  Para ambos caminos, la sociedad dispone de poderoso instrumental tecnológico a su haber, hoy es utilizado más bien, para tumbar la sociedad democrática y solidaria tal y como la conocimos.

No obstante lo anterior, creemos que hay un tercer camino, el cual se traza a partir de conjugar o fusionar  las tendencias de la realidad, con nuestras máximas aspiraciones y anhelos, en cuya dialéctica sea posible alcanzar un futuro antes que promisorio razonable, para mitigar el fuerte impacto al que conduce la actual realidad. Forjar acuerdos sociales cuanto antes, para lidiar con la realidad presente, por ejemplo, es tan sólo el primer paso para negociar alguna salida. Eso sí, es importante recordar que para las generaciones mayores, no hay tiempo suficiente que permita; además de encontrar la llave, buscar  la salida.

El poeta humanista, ateo, Rafael Alberti, cuando agonizaba en noviembre de 1999 y anhelaba llegar a la primera alborada del Siglo XXI, se lamentaba diciendo: “A quién puedo pedir más tiempo?” Esa angustia existencial no impide, contemplar el camino y trazar la ruta deseable, para contrarrestar el golpe de lo inevitable.

La esperanza y disyuntiva a la vez; en la coyuntura actual, consiste en generar una nueva narrativa que nos permita ubicarnos y comprender en toda su extensión lo que está ocurriendo. En este sentido, lo primero es rescatar al individuo, fortaleciendo su educación y conocimiento. Permitirle recuperar su identidad humana, sin la cual no es posible el rescate de lo demás.  Todo ello,  exige un ejercicio de voluntad y creatividad extraordinario; más allá de los límites conocidos, por cuanto en eso nos jugamos, el futuro deseable y sostenible, para las nuevas generaciones de costarricenses.

Debemos profundizar la reflexión en torno al futuro y eso estamos haciendo.

 

 

 

 

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