Editorial: Atisbando el 2023

El 2023 augura una compleja gestión política, donde la imposición se debate con los resabios de un Estado Social de Derecho con una crisis severa de su articulado institucional. Se evidencia entonces, la potencial contradicción entre un Poder Ejecutivo centralista y siempre reacio a las críticas de la oposición democrática y el de una institucionalidad, capaz de mantener el equilibrio indispensable en toda sociedad que se jacte de ser democrática. Sea cual sea el resultado, los beneficios para la colectividad serán igualmente exiguos.

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No es en realidad difícil predecir, cuando las cosas llevan de por sí un  curso determinado, y todo lo que se necesita es un atento lector de los procesos que caracterizan la realidad social costarricense.  Un cambio de 2 a 3 en el calendario no hace mella, y salvo un acontecimiento extraordinario, tendremos una noción aproximada de cuanto sucederá en los doce meses que se avecinan.

En lo político por ejemplo no esperamos un cambio significativo, porque la experiencia durante este año ha sido un recetario unipersonal en respuesta a la compleja dinámica que lleva el país, y no la toma de decisiones producto de acuerdos que considere las necesidades de los diversos actores políticos, económicos y sociales.

Una cosa es el desencanto con los partidos y grupos tradicionales del sistema político y otra distinta la necesidad de reconocer que los delicados asuntos del país, no demandan un super-hombre sino por el contrario una inteligencia sensata, que permita comprender la magnitud de los procesos necesarios en respuesta a la delicada situación social, a los que también se ha referido en estos días el Presidente de la Sala Constitucional el Lic. Fernando Castillo.  Un coro de subordinados cuya tarea esencial sea la de proteger la imagen del máximo jerarca, es algo que evidentemente hace fácil la predicción de cuanto ocurrirá el próximo año, sí es que ese fuese el único ingrediente político en el renovado almanaque.

La crisis en sus diferentes dimensiones demanda creatividad, innovación, trabajo en equipo pero asimismo humildad y espíritu de servicio en labor mancomunada y solidaria con voces y pensamientos diferentes. Esta sería en esencia la aspiración de los costarricenses conscientes y responsables para el 2023. No luce sin embargo, al menos no en el horizonte inmediato, esa actitud en la gobernanza responsable de dirigir actualmente los destinos del país. No se trata tampoco de una aspiración necia u obcecada, sino también de una ineludible necesidad para atender de forma práctica y responsable  las múltiples facetas de los aspectos cruciales que afligen la sociedad costarricense.

El populismo es un invitado especial de los tiempos en que nos ha correspondido vivir, y eso conlleva la necesidad de hacer muchas de las cosas a las que los políticos tradicionales, lamentablemente,  voltearon sus espaldas, pero igualmente tiene por propósito fundamental de ver reflejado en el espejo  de las masas, la exaltación del ego, en favor los personajes que encarnan con mucho entusiasmo esa corriente.  Hay una coincidencia eso sí, en que el liderazgo exige firmeza y determinación y eso no es del todo reprochable. Lo que sí lo es, es la concentración de poder en detrimento de la institucionalidad. La democracia funciona cuando las instituciones se fortalecen en beneficio del bienestar general.

El 2023 augura una compleja gestión política, donde la imposición se debate con los resabios de un Estado Social de Derecho con una crisis severa de su articulado institucional. Se evidencia entonces, la potencial contradicción entre un Poder Ejecutivo centralista y siempre reacio a las críticas de la oposición democrática y el de una institucionalidad, capaz de mantener el equilibrio indispensable en toda sociedad que se jacte de ser democrática. Sea cual sea el resultado, los beneficios para la colectividad serán igualmente exiguos.

…Quizás aunque suene paradójico ambos factores se necesitan dosificadamente en forma recíproca, porque los costarricenses añoran una institucionalidad fuerte con un Poder Ejecutivo firme y determinante en cuanto al rumbo necesario. No es una combinación letal, es un balance y un equilibrio indispensables. Tal vez sea eso lo que afortunadamente nos depare el 2023.

 

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