Editorial: Bajo las faldas del FMI

Preservar nuestras conquistas  sociales más preciadas, se encuentra ahora en el borde del más elevado riesgo.

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Es para muchos decepcionante que el país, en virtud de la incompetencia de su liderazgo en los últimos tiempos, haya terminado bajo las faldas del Fondo Monetario Internacional, anteponiendo como excusa la crisis provocada por la pandemia, y se pida auxilio antes de encarar responsablemente las decisiones estructurales necesarias, por las que nuestra sociedad ha venido clamando desde hace tiempo y con particular énfasis durante las dos administraciones del PAC, al romperse teóricamente  la forma tradicional de hacer política en Costa Rica. Bueno, aunque al parecer en la práctica no ha sido así.

El anuncio del FMI, sobre la disposición de un trillón de dólares para ayudar a la economía y al combate de la pandemia en el mundo, ha despertado por lógica el interés de los diferentes países,  dada las condiciones bajo las cuales se puede recurrir a esos dineros en préstamo. Esto alejaría momentáneamente a Costa Rica de la posibilidad de recurrir al mercado externo, donde las tasas de interés se verían en efecto influidas por las malas notas de las calificadoras de riesgo.  Por eso hasta el Ministro de la Presidencia puede darse el lujo en manifestar públicamente, que de por sí “las calificadoras no dan de comer a los costarricenses”. Claro está sin embargo, que más temprano que tarde, habrá de recurrirse al mercado externo a conseguir más recursos para amortiguar la enorme deuda y sus intereses. Para entonces el déficit habrá alcanzado cerca de un 10% y la deuda alcanzado casi un 70%. Ahí estarán esperando las entidades financieras con elevadas tasas de interés, para acceder recursos necesarios, y atendiendo las advertencias de riesgo hechas por las calificadoras. 

El Ministro de la Presidencia dice cosas muy interesantes en su argumentación, pero siempre encaja algunas frases muy emocionales, y con un sentido inequívocamente ideológico, la cuales estremecen la tranquilidad de diferentes sectores. Por eso es extraño que mientras el entorno clama por una necesaria tranquilidad para procurar hacer frente a la situación del país, Don Marcelo tiene la particularidad de acudir, sobre todo cuando se le provoca, a un protagonismo de características muy personales y particulares; ignorando pareciera, su nueva adhesión a un proyecto político muy distante al suyo y por cuyos principios socialdemócratas, él abogaba a principios de los años ochenta del siglo pasado.  

Por otra parte en el FMI, su Directora Gerente Kristalina Georgieva, suma a la preocupación por las implicaciones del cambio climático, el impacto de la pandemia a nivel regional y global. Lo interesante en efecto es, que para evitar el impacto de la recesión del siglo pasado, los organismos multilaterales y este es el caso el Fondo, se encuentran muy activos procurando dinamizar las economías en medio de su propia crisis y no estrangulándolas con recetas muy rudas, como solía ser su práctica. Es claro que las deudas habrá que pagarlas, sólo que ahora pareciera que el sabor del purgante puede escogerse a gusto del cliente. Esto resulta novedoso. En esto parece hay un par de salvedades: Nicaragua, objeto de riguroso escrutinio antes de tirarle el salvavidas y la Argentina en virtud de su nada buena experiencia y  relación con el Fondo. 

Pero en estos lares siempre hay algo como que no encaja. Cada vez que el Presidente nombra a un Ministro de Hacienda, lo hace obedeciendo a una perspectiva muy conservadora, a nombre de un grupo económico, que desde la perspectiva del sector laboral organizado, es demasiado neoliberal. En su discurso de designación siempre repite la cantaleta, para justificar su posición,  de que su deseo es que podamos ajustarnos a la tortuosa pero necesaria Ley de las Finanzas Públicas (9635) y al cumplimiento de su regla fiscal. Aquí viene lo curioso, siempre por alguna razón misteriosa, termina contradiciéndose y saltándose olímpicamente, su propia retórica. Por eso no es de extrañar ahora que se cuente con un Ministro de la Presidencia que camina en dirección exactamente contraria a la narrativa del Gobierno y al criterio de los ministros de finanzas públicas que han sido ya descartados, exceptuando  posiblemente al actual. 

El nombramiento de Don Marcelo Prieto, pareciera obedecer en primera instancia a la importancia de traer una persona puente con la fracción del PLN; resabios de la pretendida unidad nacional, aunque esa agrupación política no parece reconocer ahora a Don Marcelo como miembro de su grey.  Cabe pensar además, que en la línea populista del PAC el perfil del Ministro de la Presidencia, calza perfectamente con el discurso subterráneo  que este Partido mantiene en complacencia con el líder de una de sus vertientes principales, afincado en la Universidad Nacional Estas contradicciones fueron las que hicieron caer a la Ministra de Hacienda, y eso fue lo que hizo caer también al segundo Ministro de esa cartera en esta Administración. Ignoramos si lo mismo le pasará al actual, aunque este luce más bien cercano a la versión populista de Alvarado. No deja entonces de surgir de cuando en cuando, la interrogante sobre  cuál es en realidad el rumbo que el Gobierno desea para el país bajo estas condiciones tan difíciles y complejas? o por qué lanzarse en contradicciones constantes para enviar señales tan confusas hacia adentro y hacia afuera?  Lo que el país está experimentando es ya de por sí difícil, ni siquiera decir de lo que viene, La claridad de la narrativa es entonces una cuestión importante, tanto como la coherencia en el accionar.   

Acudir ahora al Fondo Monetario Internacional para pasar el puente, es finalmente la escogencia de este Gobierno con fachada de acción ciudadana. Pareciera que el Presidente se decanta ahorita por los intereses asociados al gran capital, que se frotan las manos con la venta de los activos más rentables del Estado, es decir de las joyas de la abuela.  Lo esperable entonces, es  la unión de líneas de acción y el señalamiento de políticas consistentes, pero es aquí donde precisamente no encaja en absoluto la narrativa del actual Ministro de la Presidencia, más inclinado a dar la espalda a la disciplina fiscal que tanto trabajo costó en su aprobación al mismo Gobierno de la República. El enfoque del Ministro es celosamente Estatista. Entonces?   Será a fin de cuentas la presión económica y política, ante la ausencia de visión, aquello que defina el rumbo del país y no ninguna otra cosa. Vaya Usted a saber.

La gran materia que queda pendiente es la contribución a la sostenibilidad del país. Las maltratadas finanzas públicas, terminaron siendo el colchón de la etapa asistencial que se convirtió en prioritaria en tiempos de la pandemia, pero incapaz de prever ajustes estructurales al Estado costarricense que quizás le hubiesen permitido mayor fluidez y funcionalidad en tiempos tan complejos como el presente. Hay varios factores que tal vez lo expliquen pero sin duda el tema del liderazgo pesa, como también pesa la ausencia de una capacidad técnica propositiva, la cual va mucho más allá de las intenciones.

Ahora el país ingresará en los rituales determinados por el FMI, recibirá dineros que necesita de forma urgente para paliar el problema y para cumplir con los compromisos de deuda. Se  comprometerá muy posiblemente a vender algunos activos valiosos, a recortar el gasto sustancialmente y promoverá nuevos impuestos sin importar el clamor de quienes se resisten a ello. La gran diferencia en cuanto a responsabilidad política se refiere, es que será alguien de afuera quien venga a imponer las reglas del juego, debido a  la incapacidad de los intereses nacionales de agruparse en un solo frente. Las culpas de todo ello se echarán por supuesto a la pandemia y jamás a la miopía y a la negligencia de los actuales tomadores de decisiones. No se podía esperar quizás nada distinto. 

Es  una lástima que la crisis de la pandemia se dé justo a dos años de gobierno, es decir justo en la mitad del río, cuando las aguas electorales empiezan a agitarse. Los cálculos ahora son mucho más importantes que las razones de fondo y de peso para corregir el rumbo como debiera ser. La Asamblea Legislativa ha dado una muestra importante de reacción con la no aprobación del Presupuesto Extraordinario presentado por el Poder Ejecutivo, condicionándolo a medidas más sustantivas con respecto al recorte presupuestario. Esto por supuesto no resuelve el problema, podría más bien agudizarlo, pero es una importante señal para la negociación sin duda alguna y quizás ocurra algún milagro que permita a ambos poderes a consensuar acciones de carácter estructural que contribuya a sacar al país de su estado de letargo mientras hay una afección social profunda, agudizada aún más. Tal acción por supuesto debe contar con una capacidad de negociación importante entre el Ejecutivo y la Asamblea, pero igualmente mediante consulta a los diferentes sectores económicos y sociales afectados por la gravedad de la crisis en gestación y cuyos síntomas son más que notorios. Que esto ocurra antes de sellar con el FMI nuestra suerte está por verse. 

Costa Rica siempre ha tenido capacidad de reaccionar ante sus problemas más profundos y quizás lo haga en el último momento. Eso lo agradecería con creces las nuevas generaciones, aún no tan conscientes del daño tan grande que se está causando a su futuro, pero igualmente lo agradecerán los sectores vulnerables de la población ya seriamente afectados por la situación prevaleciente, pero también el sector empresarial. Preservar nuestras conquistas  sociales más preciadas, se encuentra ahora en el borde del más elevado riesgo. Por eso y mientras tanto no hay que dejar de luchar pero en este caso tampoco dejar de creer en los milagros.

 

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