Editorial: Bukele y las maras. El círculo vicioso de la violencia…

Las maras son una consecuencia social no una causa. Son fruto de la pobreza, la exclusión y la marginalidad;  factores desatendidos por décadas.

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A la descomposición social y el impacto generado a lo largo de los años por las pandillas; mejor conocidas como “maras”, el Presidente del Salvador Nayib Bukele, ha optado por una respuesta  de mano fuerte, lo que significa una opción militar total en contra de la delincuencia y la criminalidad por parte de esos grupos. El mandatario está  muy seguro, que invirtiendo en más soldados para aniquilar  a “los malos” en su decir, va a resolver el problema que aflige a  esta nación desde hace años. “Ojo por ojo, diente por diente” parece ser el lema del gobierno, traducido en política pública.  Ha manifestado incluso, que aquellas naciones y organizaciones que se opongan a sus medidas, pueden llevarse a todos  los malandros que quieran a sus propios países, sí tan preocupados están por sus derechos.

Con pragmatismo espeluznante aborda una situación social compleja, provocando duras críticas, principalmente por parte de gobiernos y organizaciones defensoras de los derechos humanos. En criterio de Bukele sin embargo; estos lo único que realmente hacen, es  desgarrarse las vestiduras con un discurso hipócrita, donde el lucro sobre el tema y una  enorme indiferencia, constituyen en realidad parte del problema. Bukele recurre a medidas extremas, cuyas consecuencias en el mediano plazo, serán posiblemente peor en sus implicaciones económicas, políticas y sociales. El creativo gobernante,  pone de relieve en su argumentación,  el juego del poder oligárquico tradicional, al  que tampoco le ha interesado abordar los asuntos estructurales relacionados con la violencia, porque su único interés según  él, es obtener réditos en la defensa de sus intereses, porque los problemas sociales les interesa de por sí un bledo.

De ahí la urgencia de hurgar en las verdaderas causas de esto fenómenos sociales, para comprender que las malas experiencias aprendidas de la historia reciente,  así como pueden repetirse igualmente son evitables.  Las maras son una consecuencia social no una causa. Son fruto de la pobreza, la exclusión y la marginalidad;  factores desatendidos por décadas. La guerra en el Salvador no hace mucho tiempo atrás, tuvo también ese mismo origen, donde sumó además el juego de la Guerra Fría, con el militarismo a ultranza, en pugna sangrienta con quienes abogaban por la  panacea cubana. Esa confrontación dejó la pérdida de  miles de vidas.

Fue la caída del muro en Europa y el hastío de los salvadoreños ante tanto dolor y destrucción provocados por una guerra fratricida, lo que  trajo la paz por un breve lapso de tiempo, con el anhelo de salir del pasado cruento, aunque reconociendo, que las respuestas sociales tampoco llegaron nunca. Hoy  de nuevo El Salvador recurre a la pesadilla del pasado; apelando al olvido, para convertir la violencia en opción. Esto significa armarse hasta los dientes para atender los efectos y no las causas a los problemas verdaderos, como ocurre en tantas partes del mundo y también en Costa Rica.

La tendencia de regresar a soluciones desarticuladas sobre los aspectos  estructurales que afligen al Estado; y tomar distancia con respecto a los valores y la educación cívica ciudadana,  hace cierta aquella frase: de que los pueblos que ignoran su historia, están obligados a repetirla.  Este parece ser el caso.

 

 

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