Editorial: Cien días… ¿exactamente de qué?

No parece que haya un plan  sino más bien un curso conforme la brújula va señalando el Norte.  Se toca a oídas y se improvisa “el son”; lo cual no deja de ser un problema. Desacreditar institucionalidad, abrazar improvisación y recurrir al subjetivismo; estimulado por la emocionalidad y el inmediatismo, lucen como evidencia de curso. Buscar acuerdos es más difícil que tirarse a los golpes, eso es cierto, pero esta pequeña aldea no está hoy para eso.

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Al cumplir los primeros tres meses de gestión por parte de la presente administración es conveniente repasar adónde nos encontramos en este momento. El Gobierno de la República ha tenido el acierto de establecer conexión con la gente y prueba de ellos son los resultados satisfactorios de encuestas realizadas. La ciudadanía en general percibe que el Presidente Chaves y su equipo quieren realmente cambiar el estado de cosas y han tomado algunas acciones puntuales  muy bien valoradas.  Lo cierto también es sin embargo, que los temas estructurales y más apremiantes en lo económico y social continúan en “hold”, y sin que pueda vislumbrarse; al menos de momento, ninguna medida o acción significativa para  cambiar el rumbo a los grandes retos.

El estilo de gestión es interesante, porque se caracteriza por una clara confrontación con grupos tradicionales  y a sectores con resistencia a las nuevas medidas. No pareciera que interese  conciliar sino más bien de confrontar y salir adelante sea como sea.  Tampoco pareciera que lo jurídico ni lo axiológico sean importantes, no hay preocupación por la eficiencia como sí por la eficacia; aunque se dejen caídos en el camino con tales acciones.  Causar golpes de efecto y avasallar esperando reacciones; aunque no siempre,  parece ser la tónica.  Eso sí a cada acción hay un coro dispuesto en las redes sociales en avalar las decisiones de la Administración, en la misma proporción; o quizás más, contra quienes osen discrepar con el gobernante. Se procura estigmatizar a todo aquel que recurra a una tesis diferente, y de eso las redes sociales son testigo.

Claro está que producto de acciones gubernamentales y de grupos de interés, se ha generado mucha frustración, por lo que la gente juzga como instituciones ineficientes, grupos corruptos, y multiplicidad de intereses, y en eso el Presidente Chaves y su equipo tienen por consigna meter el dedo en la llaga y terminar de hundir el clavo.  La cuestión no obstante amerita cuestionarse, sí la ley debe ser respetada o más bien violentada a primera oportunidad como parece ser el caso. Se da ahora una curiosa moralidad, revestida de nueva  ética pública, en donde el que se opone es por inepto, corrupto o malo, que por supuesto los hay. Así las cosas, en el corto plazo tendremos es una sociedad dividida entre buenos, malos, y los condenados a la hoguera. Buenos serán todos aquellos que respalden incondicionalmente las acciones del Presidente; quien irá acumulando mayor poder,  mientras que corruptos serán quienes se opongan a ellas.

No parece que haya un plan  sino más bien un curso conforme la brújula va señalando el Norte.  Se toca a oídas y se improvisa “el son”; lo cual no deja de ser un problema. Desacreditar la institucionalidad, abrazar improvisación y recurrir al subjetivismo; estimulado por la emocionalidad y el inmediatismo, lucen como evidencia de curso. Buscar acuerdos es más difícil que tirarse a los golpes, eso es cierto, pero esta pequeña aldea no está hoy para eso. Ya tenemos suficientes problemas, como para lidiar con un modelo de liderazgo que viva sólo a expensa de la ruptura;  aunque claro, cien días no son suficientes para definir el rumbo… pero ojalá que cambiemos el que se lleva.

 

 

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