Editorial: ¿Cómo salir de esto?

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Sin duda nos encontramos en un recodo muy embarrialado de nuestra travesía nacional y los motivos de preocupación son de sobra fundamentados. Se piensa con justa razón en la suerte de los mayores, en el futuro de los menores y en cómo proteger a los más vulnerables.

El comportamiento social que el país asume en la actual coyuntura conduce al camino equivocado, o bien va en  dirección contraria a la salida de emergencia. Los actores procuran salir a empellones recurriendo al enojo, la confrontación y la obcecación como medios legítimos de avance, cuando la única forma posible de salir, es mediante el diálogo, la búsqueda del acuerdo, la tolerancia y la construcción.

Es simple,  cuando a la colectividad se le presenta una crisis, hay dos formas posibles para avanzar hacia la respuesta: una es la de la fuerza y la otra es la de la cooperación, lo cual  podría resumirse entre la opción de quedar ciegos en la refriega o bien, ayudar a ver por donde puede avanzar mejor la colectividad.  Y es que los actores prefieren etiquetarse de acuerdo al rol asignado y no conforme al sentido común para alcanzar bienestar.  Por eso se es gobierno, partido, sindicato, empresario o  ciudadano pero se evita en todo lo posible ser persona cuya familia se encuentra hoy en elevado riesgo.

En un interesante ejercicio realizado hace unos años en Irlanda del Norte, durante la parte más ruda de su crisis en la década de los ochenta, se hizo un seminario internacional organizado por el Centro Internacional para el Entendimiento, convocando a líderes quienes representaban partes opuestas en  el conflicto de sus propios  países. Previo al acto inaugural, como en todo lado  había que llenar unos datos de inscripción, pero el requisito exigido a cada participante al ingresar al recinto, era dejar la investidura afuera . Podía pasar la persona, pero no lo que formalmente representaba. La situación se tornó muy incómoda porque ninguno de los participantes sabía cómo hacer eso. A pesar de ello, y estar  finalmente anuentes ,  el resultado fue impresionante. De esa manera  afuera quedó todo prejuicio y animosidad. Bueno, algo así corresponde hacer en Costa Rica, posibilitar que alguien tenga el coraje de reunir a las partes en conflicto. El propósito es permitir el encuentro entre las personas que estén más preocupadas por el futuro de sus hijos y la suerte de sus mayores, incluidos los más vulnerables, que por el absurdo poder del ropaje y la etiqueta que se ostenta.

No habrá acuerdo nacional posible, ni diálogo fructífero, sino se asume la actitud de dejar la investidura colgada en el perchero a la entrada.. Es mucho lo que está en juego y todos saben las implicaciones. ¿Por qué insistir en perder tiempo, cuando no hay ya más tiempo para perder, y sino es ahora entonces cuando?

 

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