Editorial: Conciencia ciudadana y organización comunitaria frente a la inseguridad (Podcast)

No hay tiempo que perder filosofando mucho o quejándonos de las tragedias que a diario atestiguamos vía medios de comunicación, o porque lamentablemente también lo sufrimos en nuestro propio vecindario o a nuestros compañeros, como ha sucedido con William Hayden.

Sin importar el tamaño del mal, ni las pocas o muchas acciones que se estén llevando a cabo desde el Gobierno de la República… sin importar la retórica utilizada para tratar de justificar todo aquello que el país está lamentablemente experimentando, con el incremento de la delincuencia y la penetración del narcotráfico, es un deber de los buenos costarricenses asumir responsabilidad ante los difíciles momentos experimentados por la sociedad en este campo. Así como se ha visto la forma en que se han tomado comunidades y barriadas por delincuentes y narcos, de la misma forma se debe reconstruir el tejido social, de modo que la organización social sea el antídoto para neutralizar todas esas fuerzas intrusas, que atentan contra nuestro modelo civilista y pacífico, arraigado en nuestra sociedad.

Está claro que en el accionar del conjunto social hay una enorme responsabilidad política de quienes optan por asumir responsabilidades públicas, y señalarlo es necesario, cuando en el manejo de las riendas del Estado, los liderazgos no son coherentes ni su gestión eficiente, tal y como lo estamos experimentando. El valor de la vida humana y el bienestar colectivo no constituyen prioridad evidente para las actuales autoridades gubernamentales. El énfasis, a juzgar por los hechos, es economicista, distractor, y sin prioridad por lo social.

Ante esta verdad y sumado a los esfuerzos que hacen los mandos policiales y un grupo de abnegados servidores del Organismo de Investigación Judicial y otros cuerpos; atados prácticamente de manos en virtud de los escasos recursos que disponen, se hace indispensable la conciencia individual y la participación organizada en las comunidades. También en los sitios de trabajo, en las barriadas e iglesias y templos, en los centros educativos, en las organizaciones privadas y en los movimientos sociales. Estos islotes deben lucir como una fuerza y antídoto moral, capaz de responder como tierra firme, sobre cuanto está ocurriendo.

Costa Rica enfrenta una nueva y lamentable realidad, convertida en mal, cuyos síntomas sólo revelan que este se ha venido extendiendo ante nuestra vista, sin que haya sido posible detenerla…y si bien es cierto, es algo que aqueja hoy en día a muchos países en nuestra propia región, ahora es parte innegable de nuestro entorno. Nuestras virtudes como sociedad, se han convertido de la noche de la mañana en debilidades, lo cual obliga a una recomposición del Estado y del sistema político, para que pueda estar en capacidad de enfrentar las nuevas condiciones que estamos viviendo, ya en forma cotidiana.

Es hora de usar recursos tecnológicos, voluntad propia, capacidad emocional y espíritu solidario para que podamos comprender que el individualismo pierde sentido ante la urgencia de crear equipos con personas capaces de asumir los retos del presente.

No sólo por nosotros mismos, sino también para las nuevas generaciones sobre las que tenemos una inmensa responsabilidad. La acción política y la participación activa que ello implica, se constituye en la primera herramienta a nuestro alcance para construir un futuro nuevo y ciertamente distinto.

No hay tiempo que perder filosofando mucho o quejándonos de las tragedias que a diario atestiguamos vía medios de comunicación, o porque lamentablemente también lo sufrimos en nuestro propio vecindario o a nuestros compañeros, como ha sucedido con William Hayden. Por ello estos tiempos son de compromiso y de realización.

Las próximas elecciones municipales son un espacio para escoger autoridades locales honestas y comprometidas y por tanto elegir bien, es ahora una tarea a la que estamos obligados los ciudadanos conscientes. Quizás este sea uno de esos primeros espacios, que nos permitan retomar el camino, por el que sí debiéramos estar transitando, y sin embargo hay muchos otros. Todo es emprenderlos desde ya.

 

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