Editorial: Costa Rica escucha, propone y se frustra…

La cuestión de fondo, nos parece, es que las democracias, si se tornan inoperantes, también agotan la paciencia de las mayorías, estresándolas aún más.

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En las democracias, la colectividad aunque esperanzada, también llega a cansarse y la pandemia ha influido también en el ánimo colectivo de la sociedad global. Y en nuestro caso, quizás una de las cosas que más canse, es percibir la incompetencia con que el Poder Ejecutivo ha venido asumiendo el manejo de la crisis, y a la que de algún modo contribuye también la dispersión en que se encuentra la Asamblea Legislativa.

La improvisación con excepciones parece ser la norma, y en este contexto se encuentra una nueva aventura política, anunciada recientemente a la opinión pública con bombos y platillos, en lo que más bien parece ser una reacción para amortiguar las críticas de los diferentes sectores económicos y sociales, sobre el manejo de la situación integral que atraviesa el país. Lo cierto es que la mayoría de los costarricenses en realidad lamentan, la ausencia de una estrategia global de atención a los problemas que nos acosan en tiempos difíciles.

El Gobierno de la República ha abierto muy recientemente, lo que ha dado en llamar  un proceso de diálogo nacional, convocando a la ciudadanía y a las organizaciones a hacer propuestas sobre tres temas: Las finanzas públicas y el acuerdo con el Fondo Monetario, la Reactivación económica y la Creación y Protección de empleos. Ésta reacción no solamente es tardía, dada la cantidad de propuestas que diversos sectores han ofrecido desde hace meses al Poder Ejecutivo, sino que además constituye una burla a esos mismos grupos, que aún no escuchan respuestas concretas sobre sus iniciativas, presentadas con mucha responsabilidad y seriedad. Sino se ha dado respuesta a todo ese esfuerzo, cómo es que ahora se pretende “complementarlo” con  las iniciativas de la ciudadanía y de las organizaciones que a bien lo tengan, ampliando de forma considerable la cantidad de aportes, mediante un proceso, a todas luces, complejo de administrar.

Sobre esto de nuevo la misma Presidencia de la República se contradice, porque semanas atrás ante las críticas de diversos actores sociales, había indicado que la reactivación económica y la apertura económica como condición complementaria, estaría en manos del Sector Económico del Gobierno, liderado por la Ministra de Planificación Social y Política Económica Pilar Garrido y de la mano con el Ministro de Hacienda Elian Villegas y el Presidente del Banco Central Rodrigo Cubero.

Ahora Resulta, sin embargo que quien anuncia el nuevo proceso, sobre temas económicos fundamentales,  a través del cual se toma el criterio de personas y organizaciones, lo conducen la Vicepresidenta Epsy Campbell, el Ministro de la Presidencia Marcelo Prieto y la Viceministra de la Presidencia Sylvia Lara, quien es su facilitadora principal.

No sólo eso, sino que se formulan los temas de forma separada, siendo a todas luces inevitable la interrelación de los mismos. Más aún, se da como fecha límite hasta el 20 de Agosto, para presentar propuestas sobre el tema primero relacionado con Las finanzas públicas y el Fondo Monetario Internacional, y se otorga un plazo mayor para los otros dos temas. Lo que es insólito en realidad, es que la reactivación y los temas del empleo van a estar muy relacionados con los condicionamientos del FMI a las finanzas públicas y a los temas de empleo. Qué sentido tiene entonces profundizar sobre uno de los temas de forma aislada, cuando esto implica poner de antemano a los otros dos una camisa de fuerza?

La otra gran curiosidad que prevalece en el aire, es la forma en que se va a lograr articular las múltiples propuestas, sumado a cómo tomar en cuenta las participaciones de tantos y quien define la representatividad en los foros y conversaciones posteriores, considerando, que sólo en la primera semana de apertura del proceso, se han registrado más de mil iniciativas.

La reactivación económica y la apertura van muy de la mano con la problemática sanitaria y son tratadas mediante esta metodología de forma aisladas. De nuevo, qué sentido tiene todo esto? La generación de expectativas, podría ser demasiada alta, con  relación a las posibilidades reales de ser atendidas (tanto las expectativas ciudadanas como las  organizacionales).

Manosear gente y burlar  el genuino interés a quienes brindan su mano solidaria, es un tema verdaderamente delicado. No en balde hay quienes piensan, que no sólo las personas se cansan individualmente sino también los colectivos democráticos, por vía del desencanto, lo cual  sólo contribuye a incrementar su enojo y frustración.

La cuestión de fondo, nos parece, es que las democracias, si se tornan inoperantes, también agotan la paciencia de las mayorías, estresándolas aún más.  A la pandemia sanitaria y económica, se agrega ahora el agotamiento mental de la sociedad, generado por el confinamiento, el cual reacciona en contra de la política y del sistema democrático, que ya no parece sintonizar del todo con las necesidades reales de la población.

Abrigamos la esperanza de que exista al menos la capacidad técnica para conducir este proceso hacia buen puerto, porque lo contrario es abonar más al escepticismo crónico sobre el Estado Social y Democrático de Derecho, ya de por sí cuestionado estructuralmente.

Ojalá en esta oportunidad nos equivoquemos con respecto a lo que suponemos, porque de lo contrario sólo estaríamos empujando al país hacia la pérdida total de credibilidad,  provocando así una mayor desconfianza en este sistema político, del cual obtuvimos en el pasado lo mejor y que de sustituirlo en ira, sería por algo peor.

 

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