Editorial: Coyuntura política actual y coronavirus

El peso importante de las decisiones políticas recae en la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo. De estas relaciones; depende salir en forma airosa, puesto que es de sobra evidente, el atascamiento en que nos encontramos. 

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Qué rápido pueden cambiar los acontecimientos en nuestra pequeña aldea en cuestión de tres semanas. El escándalo  alrededor de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos por un lado y por otro de la presencia del coronavirus en Costa Rica.

Es importante entonces hacer un recuento de lo que ha venido ocurriendo estos días, tal es el caso sobre los efectos y consecuencias del escándalo provocado a raíz de la ahora tristemente famosa UPAD. Lo primero y más evidente es el hecho de que existía allí en la Presidencia, una especie de estructura paralela, conformada por jóvenes cuya visión sobre el poder es diferente a la de quienes ostentan el poder formal en el Gobierno y de la institucionalidad en general. Estaban dispuestos sus integrantes de  realizar a rajatabla la creación de su Unidad, sin importar qué, mintiendo y recurriendo a lo que fuese necesario para lograrlo.  Y es paralela, por cuanto las tareas a realizar en materia de información; útil para la determinación de políticas públicas por parte del Poder Ejecutivo; sí es que ese hubiese sido el caso, ya la efectúan distintas instituciones. Su intención de tener, prácticamente desde el inicio de esta Administración, la propia,  es lo que la hace sospechosa. Contaban para ello la anuencia de su Jefe y sabían que podían disponer en algún momento, de una poderosa arma de incidencia política, la cual pudiesen manipular a su antojo. Quedó así al descubierto la lamentable pero para nada ingenua intención política en materia de información confidencial, cuyas intenciones reales serán determinadas a fin de cuentas, a través de otros mecanismos de los que dispone la institucionalidad misma.

Desafortunadamente las repercusiones fuera de Costa Rica alrededor de la situación suscitada con la UPAD son delicadas, máxime en una coyuntura de por sí apremiante en virtud de la realidad fiscal del país. El Gobierno de Carlos Alvarado se expuso innecesariamente a una situación política indeseable y podría ser que la inexperiencia, la negligencia y la soberbia en torno a las formalidades que deben atenderse en Zapote, dejen sobre el tapete un sinnúmero de interrogantes. El manejo de información confidencial es un tema ciertamente sensible, máxime cuando de por medio hay intenciones políticas ignotas.

Igualmente lamentable es la forma en que  incursiona el Ministerio Público, más bien propia a gobiernos militares, por cuanto eso de acordonar la Casa Presidencial y lesionar la investidura del Presidente en la forma hecha no deja de ser burdo e innecesario. Acción tardía, extraña, inoportuna es ya también, una práctica igualmente curiosa por parte de la Fiscalía General. En todo caso el beneficio de la duda queda en el aire, sobre cómo se irá a resolver este tema en beneficio de la gobernabilidad del país. El daño a la institucionalidad democrática ya está hecho, en primer lugar por la torpeza política generada en el seno de Presidencia misma y luego, a partir del acto circense promovido por las autoridades judiciales, ilustrado por cómo se ingresó en Casa Presidencial.

Luego surge con fuerza en el país el tema del coronavirus a raíz de los primeros casos conocidos. Las características de esta enfermedad y las repercusiones que está teniendo a nivel internacional, nos hacen predecir que el impacto en Costa Rica no será menor. La insinuación de que podría convertirse en Pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud, es algo que provoca grandes temores, y las repercusiones económicas y sociales son aún insospechables.

Lo cierto del caso es que estas realidades son parte de un nuevo escenario, que  desfocaliza sobre las prioridades país, tales como el  desempleo, la pobreza,  la criminalidad organizada, etc. Pero además estamos dejando de lado los serios esfuerzos emprendidos en materia fiscal, descuidando así, la atención de temas estructurales que acompañan o debieran acompañar ese importante primer paso, luego de la aprobación de la Ley de las Finanzas Públicas.

Pronto vendrá la Semana Santa y las elecciones sobre el nuevo directorio legislativo, e igualmente se habrá alcanzado el segundo año de gobierno, con una situación política delicada dada la precaria confianza que existe en el actual gobierno, sumado al rezago que el país está objetivamente viviendo. Los temas de gobernanza y gobernabilidad, ciertamente cruciales para enfrentar lo que viene.

Y aunque el futuro no luzca prometedor, quizás haya la oportunidad de hacer los ajustes necesarios en el Gobierno de la República, esperando que no se debilite aún más la buena comunicación existente que hasta ahora había existido entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa. El peso importante de las decisiones políticas recae en la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo. De estas relaciones; depende salir en forma airosa, puesto que es de sobra evidente, el atascamiento en que nos encontramos.

 

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