Editorial: Cuba

Hay un nuevo signo de los tiempos, para lo cual se hace indispensable saber lo que se quiere y sobretodo, cómo sacar el mejor provecho de las diferencias políticas y culturales en beneficio de la colectividad.

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A algunos les fascina la doble moral política, y también aplicada a la política internacional. Resulta que ahora hay quienes se  horrorizan por un convenio en materia educativa con Cuba; un país que ha hecho de la resiliencia su forma de vida, bajo un feroz e injusto bloqueo económico y con el que ha sobrevivido durante décadas. Algo hay que aprender allí cuando aquí que se derrochan recursos de mil y una formas. En todo caso hay que aclarar que la Cuba del Siglo XXI no es aquella de los tiempos de Fidel con un tanque de oxígeno en la Unión Soviética.

A quienes ven todavía un horror en Cuba, habría entonces que pedirles congruencia a partir del momento que Costa Rica, estableció relaciones con China, porque posiblemente a los  anti-Fidel de este milenio, se les olvida la China de los atroces crímenes durante y después de la revolución cultural Maoísta o más recientemente en Tianamen.

La pregunta es entonces: ¿a qué se juega con esta hipocresía criolla?…porque ahora resulta que sí  Costa Rica estrecha relaciones con la Cuba de hoy, ese país  hará de nosotros una nueva Venezuela. ¿Qué disparate es ese?. Lo cierto es que sino cuidamos nuestra democracia ese podría ser nuestro irónico destino. El alacrán se anda en la camisa y eso no tiene nada que ver con los demás.

No habría que tener presente acaso que Costa Rica “en defensa de nobles ideales” sus sindicatos de la educación; recién el año pasado, realizaron una huelga, la cual atentó contra las aspiraciones  de muchos jóvenes, estimuló la mediocridad y acrecentó las falencias en su formación. No es entonces un acto de cinismo rasgarse las vestiduras por un acuerdo entre países y pasar por alto y sin rubor alguno, situaciones como ésta que condenan a la gente a la ignorancia.

Todos los días se dan los más horripilantes crímenes en calles y barriadas en diferentes lugares del país,  acompañados de la impunidad más desgraciada, y mientras, personas y líderes de opinión, se aterrorizan por la firma de un acuerdo académico, con un país en el que la gente piensa diferente y cuya capacidad de salir adelante y con creces no debería estar en discusión.

Puede ser eso sí, que lo que tenga sentido, es que Costas Rica procure alianzas con países como Finlandia o Alemania, y así superarnos en materia educativa elevando los estándares que permitan alcanzar una visión superior en los estudiantes, porque el estado de  la educación en Costa Rica; a pesar de la alta inversión, deja mucho que desear.  Pero de ahí a horrorizarse por lograr acuerdos, con una sociedad que no abandona la educación, el deporte y la cultura bajo condiciones adversas, es insensato. Debe tenerse presente el irracional acoso y perjuicio causado por ese bloqueo económico descabellado a esta altura de la historia, el cual además ha sido condenado hasta la saciedad por la comunidad internacional.

Costa Rica merece recuperar visión y norte en materia de educación, cultura y civilidad, también sentido común en el significado y manejo de las relaciones internacionales. Hay que hospedar sin duda alguna, las mejores intenciones, y tener presente que en esta materia caben todos, siempre que los objetivos y el propósito sean diáfanos y de beneficio para la sociedad en su conjunto. También de Cuba se puede aprender y por supuesto aportarle. Lo de China es en realidad otro ejemplo para la reflexión. Hay un nuevo signo de los tiempos, para lo cual se hace indispensable saber lo que se quiere y sobretodo, cómo sacar el mejor provecho de las diferencias políticas y culturales en beneficio de la colectividad. Dejemos la intolerancia y la ignorancia colgadas en la percha y ojalá para siempre, porque a Costa Rica le hace mucho daño.

 

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