Editorial: De cara al 2023

Es la obligación de todos y cada quien construir para recuperar este hermoso país antes que sea demasiado tarde. No es dable a nuestra conciencia la posibilidad de claudicar, porque Costa Rica vale la pena.  Por ahora le deseamos a Usted, una muy Feliz Navidad.

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El 2022 nos ha dejado valiosas enseñanzas en Costa Rica. En retrospectiva, la pandemia, aparte de tanto sufrimiento, en el plano individual y colectivo, nos legó un mundo en el cual las relaciones virtuales alteraron considerablemente la cercanía física y afectiva que teníamos. La tecnología invadió muchos espacios y se ha dificultado el “volver” a  una normalidad, la cual suponemos no regresará.  La información y la comunicación se han convertido por momentos, aunque cada vez más frecuentes, en manifestaciones groseras de manipulación, llevada a niveles en inimaginables a través de las redes sociales, pero también le ha permitido a miles compartir sus principales momentos y actividades de vida. Eso y otros aspectos del avance científico y tecnológico también han sido innegablemente positivos en muchos aspectos del desarrollo humano.

Este año hubo cambio de gobierno, notándose que en la gestión y manejo del poder, el Poder Ejecutivo se ha destacado por un notorio afán más personalista que de equipo; no muy diferente de los liderazgos populistas del presente, y tampoco fruto de la casualidad. Es un proceso que se ha venido cimentando, en virtud de la decepción con el sistema político y el paupérrimo desempeño de maquinarias electorales, vaciadas de contenido ideológico, que sustenta el sistema de partidos tal y como se conocen en la actualidad.   Algo similar ocurre con muchas democracias en el mundo y Latinoamérica no es la excepción.  Se ha puesto de manifiesto cierta improvisación, acompañada de una narrativa que apela a resultados inmediatos con énfasis de carácter emocional. Los temas estructurales y las discusiones de fondo sobre las principales aflicciones de la colectividad se mantienen en “hold”.

Repasar la agenda pendiente durante el 2022 es necesario: Hay crisis en el campo de la educación, una profunda brecha tecnológica además del rezago educativo lo subraya. También en materia de las finanzas públicas y tanto en seguridad social como ciudadana hay temas sustantivos pendientes.  Se ensancha la brecha social y  por consecuencia la ciudadanía continúa empobreciéndose. Los agricultores sufren una situación muy crítica. En otro orden de cosas, la alteración del clima nos ha legado una serie de fenómenos , entre los que tormentas e inundaciones han provocado daños incalculables y sus repercusiones sociales  son no menos lamentables.   La violencia batió el récord de años anteriores. Una conjugación de patología desenfrenada y crímenes atroces forman parte de esas vergonzosas cifras rojas en este período. Toda esa violencia tiene rostro humano tanto por las víctimas como por los victimarios y las causas son tan complejas como las respuestas, que deberían ser integrales. La incapacidad del Estado por restablecer el equilibrio es más que evidente.  En este escenario el fútbol se vino a convertir en una especie de válvula de escape, que mantuvo ilusionados a los costarricenses, y quienes esperaban una hazaña futbolística que superara la del 2014 en Brasil.

Aparejado a los problemas que enfrentamos es más que evidente la crisis ética y moral. La sociedad materializada y utilitaria viene ocupando importantes espacios de la conciencia colectiva y del comportamiento humano de la otrora pacífica aldea. El 2022 ha dejado más desasosiego que esperanza, más dolor que alivio, miseria antes que estabilidad económica. Hay clara reticencia de los partidos políticos y los líderes de las organizaciones sociales y autoridades gubernamentales, por asumir verdadera responsabilidad en lograr un viraje sustantivo, sobre estos aspectos que inciden en el estado actual de cosas, y donde es patente nuestra vulnerabilidad.

El camino hacia el 2023 luce por ello más empinado y con mayores obstáculos. De igual tamaño entonces deberían ser los desafíos, para progresar y avanzar. Nosotros en La Revista seguiremos haciendo con responsabilidad lo que procede y dando espacio a la libertad de expresión; tanto como a la diversidad del pensamiento orientador, con el fin de tratar de contribuir con determinación y optimismo a encontrar respuestas.

Es la obligación de todos y cada quien construir para recuperar este hermoso país antes que sea demasiado tarde. No es dable a nuestra conciencia la posibilidad de claudicar, porque Costa Rica vale la pena.  Por ahora le deseamos a Usted, una muy Feliz Navidad.

 

 

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