Editorial: Demócratas, Republicanos y una escabrosa realidad

La escogencia en el mes de Noviembre es sin duda crucial, no sólo en los Estados Unidos sino  para el mundo y  en especial para las próximas generaciones.

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Estados Unidos se encuentra en una situación coyuntural muy comprometida en lo económico con un déficit fiscal cercano al 20% este año y una economía en picada. En lo social, el desempleo alcanza el 11% y en lo sanitario, muy cerca de alcanzar la cifra de doscientos mil seres humanos fallecidos por la Covid-19  y contagiados que ya superan la cifra de cinco millones. Es una situación realmente compleja, atribuible no sólo a la pandemia como fenómeno global, sino también a la indiferencia y a la deficiente gestión gubernamental de la Administración Trump. El estallido de la crisis social por hechos racistas violentos promovidos por policías blancos, suma a este grave panorama de la sociedad norteamericana.

En este escenario; de tres crisis simultáneas inédito en la historia del país y con rumbo a las elecciones presidenciales de Noviembre, se enfrentan hoy dos visiones absolutamente antagónicas. Por un lado, aquella que apela al respeto a los derechos civiles, a una protección sin ambages a la vida, al humanismo, a la justicia social, a la diversidad y al desvelo por la crisis climática, y por el otro, una visión que  se escuda en la “ley y orden” para exaltar ínfulas guerreristas, ultraconservadores, adeptos de la supremacía blanca, represores sociales  y “aporofóbicos”, que  continúan aferrados a un viejo afán imperial.

Esta concepción a la vez simbolizada por muros de toda clase, guarda idolatría por los dictadores, se ha convertido en  acérrima apasionada de la mentira, utilizada como mecanismo de comunicación. Se enfrentan entonces dos concepciones, una que utiliza el odio acompañado de teorías conspirativas y es  antidemocrática por definición. La otra aboga exactamente por lo contrario, abrazando como norma los hechos en la atención de los problemas políticos y sociales, añadiendo a ello su convicción profunda en el sistema democrático.

La pandemia ha puesto con crudeza sobre el tapete del presente estas dos visiones de la realidad contemporánea, pero además pone de relieve la brutalidad policial racista, la cual ha estremecido en los últimos meses a los Estados Unidos generando un estallido social de magnitud impredecible. El racismo prevalece latente y activo, a pesar de las formalidades establecidas desde la abolición de la esclavitud y la implementación de los derechos civiles.   No se puede negar tampoco, que frente al desencanto político y la frustración colectiva, estas formas de liderazgo, como la de Trump, han venido ocupando  valiosos espacios dentro de las democracias modernas.

Como nuevo elemento se agrega el gradual desmantelamiento del sistema postal, para boicotear la posibilidad de unas elecciones limpias, y tratar de impedir la utilización  de este instrumento democrático confiable, para el ejercicio del voto y que fuera utilizado la última vez por setenta millones de personas. El uso del servicio postal ha sido históricamente excelente y confiable durante mucho tiempo para todos los ciudadanos sin excepción. Desmantelarlo es una estrategia evidentemente perversa, empleada por los acérrimos enemigos de la participación democrática. Este proceder, acompañado de la mentira absoluta ante la opinión pública como recurso político, la egolatría, el enriquecimiento de los pocos, el proteccionismo a ultranza y el desprecio por la ciencia, constituyen entre otros, los desafíos a superar por parte de quienes aún profesan fe en el sistema democrático y también en la humanidad. En esto radica la trascendencia de las elecciones de Noviembre en los Estados Unidos.  Veremos que sucede.

En lo internacional el aislacionismo y el centralismo absoluto del poder, se expresa como política externa, contraria a la cooperación y a los esfuerzos mancomunados entre naciones para atender problemas comunes, lo cual forma parte del mismo fenómeno. En ese afán se practican alianzas perversas con tiranuelos, para mantener una conveniente polarización de fuerzas en el mundo, lo cual posibilita la instrumentalización del miedo como arma psicológica permanente, que conspira contra el progreso y el futuro mismo de la humanidad.

Es por todo ello, que la escogencia en el mes de Noviembre es sin duda crucial, no sólo en los Estados Unidos sino  para el mundo y  en especial para las próximas generaciones, lo cual es imprescindible para alentar los cambios que la humanidad realmente necesita. Ojalá el pueblo norteamericano lo tenga igualmente claro.

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