Editorial: Diputados con aroma de gasolina

Los señores diputados y las señoras diputadas lucen rudos  ante algunos temas que ciertamente lo ameritan, pero dejan una gran deuda con respecto a su propio proceder y más aún a la forma de regular y resguardar los recursos públicos que tienen a su haber. 

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Es una verdadera lástima que concluyendo su período como legisladores, un grupo de ellos se hayan visto envueltos en este nuevo episodio, al que no sabríamos si llamarle ahora “el gasolinazo”. Lo cierto es que a raíz de la situación que involucra a la diputada Ivonne Acuña, quien venía realizando una buena labor en el Congreso, han saltado dudas razonables a partir del momento en que se ausenta, lo cual genera una atmósfera negativa sobre sus verdaderos motivos y  sobre los que hoy la aferran a  la curul legislativa, otro tema que tampoco es lamentablemente menor. Es a partir de Doña Ivonne que surge el tema del irracional uso de la gasolina por parte de los señores diputados y señoras diputadas, generándose cuentas en períodos de tiempo sumamente cortos, que evidencian gastos millonarios en un solo día de jornada. La sorpresa ha sido que no sólo es la diputada en mención la que hace uso indebido del combustible asignado a sus labores, sino el grueso de los legisladores; inclusive aquellos que ni siquiera tienen vehículo.

La chispa de la situación de doña Ivonne rápidamente alcanzó a la Presidenta de la Asamblea Legislativa Sylvia Hernández, y la de la gasolina se ha expandido a gran velocidad, alcanzando primero a la joven diputada María José Corrales, Jefa de Fracción del Partido Liberación Nacional y luego a un amplio grupo de diputados de varias fracciones, que incluyen a los diputados “frenteamplistas” José María Villalta y Paola Vega, al PUSC y a las fracciones personales. La lista  es en todo caso pública.  Al parecer el derecho a los litros de combustible permitidos para los padres y madres de la patria, se ha convertido en un privilegio irrenunciable,  en virtud de las enormes deficiencias reglamentarias sobre su uso. Este factor genera otra fuga de recursos importantes, alcanza visos de corrupción y compromete prácticamente a toda la Asamblea Legislativa.

A nuestro saber, este es un problema de vieja data, se recuerda a legisladores que al concluir su período legislativo tenían asignado una cantidad de recursos en combustible en sus tarjetas bancarias, a la que no podían renunciar, pues en criterio de la Administración les pertenecía a ellos y ya no a la Asamblea. Por eso no es difícil llegar a la conclusión de que el país se encuentra ante una encrucijada que no sólo es económica sino también moral. También queda claro que  durante estos cuatro años;  bajo la actual Asamblea Legislativa, no  ha habido la voluntad, ni agallas para atender este tipo de problemas que huelen a corrupción; pese a todas las “leguleyadas” argumentadas…

Los señores diputados y las señoras diputadas lucen rudos  ante algunos temas que ciertamente lo ameritan, pero dejan una gran deuda con respecto a su propio proceder y más aún a la forma de regular y resguardar los recursos públicos que tienen a su haber.

De todo esto es de lo que la ciudadanía en general se encuentra hastiada. Por eso se espera, ante la encrucijada en la que se encuentra el país, que se dé un fuerte socollón, el cual resuene en todos los rincones de la maltrecha democracia, y que permita recapacitar ante el comportamiento que tanto daño le provoca.

Las oportunidades se agotan y sólo queda un pequeño espacio para reaccionar antes que tiremos todo por la borda. Cambiar o terminar aniquilando nuestra democracia, ese es  el dilema.

 

 

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