Editorial: Don Ottón el del PAC

Las consecuencias son aún más duras para la democracia costarricense. Don Ottón instauró e instituyó la concepción  de que hay sólo dos tipos de servidores públicos, los corruptos y los demás. Fruto de esa campaña moralista hoy no ha quedado títere con cabeza, ni siquiera la del propio Don Ottón.

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Hubo una época en que Don Ottón, se apoderó de la representatividad de la moral pública. Le correspondía a él, por gracia celestial, determinar quién era corrupto y quien no lo era en este país. Así lo percibían contrarios y enemigos. Con esa sensación importante para él, y para muchos costarricenses, hizo surgir un nuevo partido político, como alternativa principalmente a los dos grandes partidos tradicionales: El Partido Acción Ciudadana (PAC) que gradualmente vino a golpear electoralmente al  Partido Liberación Nacional y al Partido Unidad Social Cristiana. Tras cinco campañas, llegó esta opción política a ocupar con Don Luis Guillermo Solís, la Primera Magistratura.  Y en esa suerte de maniqueísmo acérrimo, fomentado por el PAC, no tardó el país en estar dividido bajo una curiosa línea divisoria entre buenos y corruptos. El  PAC surgió entonces mediante una cruzada,  que gradualmente trascendió bajo el incuestionable liderazgo de Don Ottón, quien dicho sea de paso no fue él quien pudo llegar a alcanzar la Presidencia tras intentarlo en al menos cuatro oportunidades.

Su partido fue filtrado por otras personas dirigentes provenientes de algunos de los partidos tradicionales. Irónicamente el Ex Secretario General del Partido Liberación Nacional, bajo la conducción de un cuestionado líder cooperativista Social Cristiano y la visión de otro líder de la izquierda nacional, quien en premio llega a ser rector de una importante universidad pública,  termina convirtiéndose en el primer mandatario proveniente del PAC. No obstante el PAC siguió  contando con el concurso y la colaboración de Don Ottón Solís.

Lo que sucede es que durante las últimas campañas políticas se dieron actos dolosos, que pusieron al PAC en la mirada de los costarricenses, añadiendo a su nuevo currículum político, el antecedente de un cuestionable proceso de tráfico de influencias, que tipifica como corrupción conocido como el “Cementazo”. Lo acontecido en las campañas a partir del Siglo XXI en el PAC está relacionado además con el manejo y estafa de  fondos públicos; con el pago de la deuda política, en varias campañas, razón por la cual dos importantes dirigentes nacionales del PAC fueron condenados por los tribunales de justicia.

El proceso ha venido demostrando asimismo que Don Ottón no ha sido tan impoluto en su comportamiento político, por cuanto se ha visto a la evidente necesidad de recurrir, desde hace rato,  a las prácticas políticas “corruptas” que el mismo condenó durante tanto tiempo. Desde recomendar personas para cargos políticos, apoyar manejos cuestionables ante el TSE para fortalecer su Partido durante la campaña electoral, llamar figuras claves del escenario político para tratar de influir en sus decisiones, y presionar a autoridades a cambiar su modo de proceder con tal que su verdad prevaleciera, e incluso hasta procurar que miembros de la comisión investigadora que atiende estos cuestionamientos, le den ciertas ventajas ante sus oponentes, para el presentar su argumentación posterior a ellos. El proceso por tanto  ha sido dudo para Don Ottón, quien hoy funge como importante representante del Gobierno del PAC ante el Banco Centroamericano de Integración Económica  (BCIE), y  en virtud de ello, recibe hoy el golpe del boomerang que el mismo ha lanzado con tanta fuerza.

Este es el análisis más de superficie que sobre esta situación se puede hacer sobre el caso,  porque en realidad la sociedad costarricense en las últimas décadas se había venido polarizando, lo cual quedó más evidenciado durante el parteaguas del TLC. De algún modo la necesidad de una tercera opción surgía cada vez más fuerte. Don Ottón ciertamente encarnó la opción contra el bipartidismo tradicional, más lo paradójico de la historia es, que Don Ottón y el PAC forman hoy parte inevitable de aquello que desde su perspectiva moralista, trató de combatir durante tanto tiempo. El PAC inevitablemente recibe hoy por ello el reflujo de toda esta situación que provocara.

La comparecencia legislativa, ha sido caracterizada por la misma vehemencia y hasta intransigencia con que Don Ottón trató en el pasado a todos sus contrincantes y rivales, vaya paradoja. Tuvo que sitiarse en el banquillo de los acusados ahora como simple mortal, a recibir golpes a diestra y siniestra; nada diferentes de aquellos como lo que diera durante tanto tiempo. Ejemplo de ello fue un par de cuestionamientos que hizo, a lo que su interlocutor le respondió. “Don Ottón,  quien hace las preguntas soy yo”. Los señores Diputados y Señoras Diputadas no dieron tregua ni respiro a quien durante tanto tiempo fungió como símbolo de la ética y la moralidad pública, dado que los hechos ante estrados judiciales, evidenciaron que el PAC y al menos dos de sus dirigentes, realizaron prácticas corruptas en el manejo de fondos públicos en campañas electorales. Don Ottón no sólo las consintió sino que las avaló.  Es una historia con un final realmente triste.

Las consecuencias son aún más duras para la democracia costarricense. Don Ottón instauró e instituyó la concepción  de que hay sólo dos tipos de servidores públicos, los corruptos y los demás. Fruto de esa campaña moralista hoy no ha quedado títere con cabeza, ni siquiera la del propio Don Ottón. La gente ha acentuado su desconfianza en todos los partidos políticos y en la democracia misma. Prevaleció el maniqueísmo al que el líder fundador del PAC llevó al país durante tantos años.

En la comparecencia legislativa de estos días se le ha tildado de mentiroso, de farsante y de ser propulsor de verdades relativas, es decir de las verdades hechas a la medida, como las que caracterizan la realidad de la comunicación de hoy en día, y ahí donde las cosas se juzgan de acuerdo al cristal que cada quien use.  Efecto del mismo fenómeno se ha dado una especie de fragmentación política ineludible en Costa Rica, pues ahora han surgido partidos que igualmente pretenden dividir a la sociedad entre sujetos a salvación y condenables al infierno, o bien aquellos que defienden algún tipo de intereses parciales, sin interesarles la realidad global. Los adalides de este tipo de causas, deben tener mucho cuidado de no terminar como Don Ottón, confinado a un importante puesto en un organismo internacional, con el cuestionamiento público sobre uno de esos salarios inmorales que tanto crítico y la duda inmensa sobre una moral más elástica de lo que la imaginación hubiese permitido. Semeja ciertos tipos de sombrero, de esos que se usan de acuerdo a la ocasión.

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