Editorial: ¿dónde están los líderes?

Sin ese liderazgo necesario en tiempos difíciles, es más fácil para la colectividad extraviarse en la nada.  Hacer un alto en esta materia es más que una necesidad, un imperativo de la época.

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¿Adónde se fueron?

Hubo una época en que había preocupación en Costa Rica por la formación de liderazgos y se daba en las comunidades y en los propios partidos políticos. También una prestigiosa organización creada durante una administración seguida de otra de signo partidario distinto, pero con igual visión en ambos Presidentes, invirtió en la formación de líderes juveniles, en el voluntariado y en la educación no formal. Esa entidad se llamó el Movimiento Nacional de Juventudes (MNJ), cuya orientación en sus orígenes, no era partidaria sino cívica, bajo la filosofía que un país sin ejército debiera tener un movimiento juvenil voluntario, orientado hacia la educación no formal y el desarrollo comunitario. Deformaciones ideológicas partidarias acabaron en dos décadas con la visión originaria, pero tuvo el tiempo suficiente para echar raíces y lograr que su impacto en esa Costa Rica fuese extraordinario.

El Estado invirtió entonces en la formación de líderes, en campos de trabajo, en cursos nacionales e internacionales de capacitación, permitiéndole al país contar con un grupo de cuadros juveniles comunitarios, distribuidos a lo largo y ancho del territorio. Centros juveniles   entregados a causas nobles y sobretodo necesarias. Para los historiadores sobra material que ilustre el aporte de esa generación que hoy anda en sus tardíos sesentas, de la cual persiste un grupo importante en la comunidad de Turrialba. Ellos son testigos y actores de esa causa, y continúan bajo el mismo emblema (MNJ) que les inspiró al servicio voluntario.

Otras organizaciones no gubernamentales como el AFS se dedicaron también a esa tarea forjadora de juventudes, preparándolos para la educación internacional. La formación de esas juventudes en tiempos de la Guerra Fría, se complementó con la militancia política que llegó posteriormente y que les alejó de sus inquietudes iniciales. Paradójicamente fue esa incursión política partidaria, que debió ser determinante a su formación, la que le llevó a contradicciones ineludibles y que puso fin al MNJ, por cuanto se convirtió después; aunque con la misma bandera, en un botín político, despedazado por afanes partidarios enanos con respecto a su razón primigenia.  El tema es importante porque hoy –pareciera- que nadie invierte en la formación de las juventudes, materia prima indispensable, para liderar los procesos de transformación política en los complejos tiempos en que vivimos.

Es cierto que se vive en tiempos de gran celeridad, de profundas transformaciones y cambios tecnológicos pero la tarea de formar, educar y crear conciencia sobre la realidad y los hechos objetivos se extravió en el camino. Hoy, cada quien parece depender de su móvil, o de su ordenador y por consecuencia de las redes sociales para informarse y más grave aún para formarse. Hasta la lectura ha sido abandonada por el inmediatismo perverso que inunda el ahora.

Hay un vacío en lo que respecta a la responsabilidad de asumir el mando, para dotar de valores distintos y actuales a esas generaciones ávidas de transformar el mundo, o al menos para brindar las claves y códigos necesarios, los cuales permitan interpretar lo que acontece y facilitar entonces esa gran tarea forjadora, hoy convertida en deuda.

La democracia  perece en la oscuridad, como reza el lema del reconocido diario El Washington Post. De alguna manera esta frase se encuentra vinculada a la necesidad de oxigenar los partidos y las organizaciones sociales con mejores liderazgos y por tanto hay que apostar a la inversión en ello.  Líderes formados para ver más allá del umbral, capaces de envisionar y trazar ruta, interpretando correctamente el anhelo de los más jóvenes, de capitalizar sanamente sus preocupaciones y sus temores,  para llevar a buen puerto sus sueños. Sin ese liderazgo necesario en tiempos difíciles, es más fácil para la colectividad extraviarse en la nada.  Hacer un alto en esta materia es más que una necesidad, un imperativo de la época.

El país requiere de liderazgos frescos, positivos, visionarios y sanos, por tanto hay que forjarlos. Hay que retomar de forma urgente esta tarea.

 

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