Cuando el Secretario de las Naciones Unidas, Antonio Guterrez, en días pasados se refirió a la crisis climática indicando que “la era del calentamiento ha terminado y la era de la ebullición global ha llegado”, quizás puso en su justa dimensión una innegable realidad: que las naciones en general vienen ignorando. Su frase ha sido considerada como lapidaria, por cuanto ilustra la frustración y la angustia de todos los esfuerzos de la ciencia, de las organizaciones y de tantas personas en la aldea global, preocupadas genuinamente por la situación del maravilloso planeta, nuestro hogar. La Organización Meteorológica Mundial ratificó que julio fue el mes más caliente hasta ahora registrado, factor que incluye las más altas temperaturas oceánicas. Posiblemente, como lo ha indicado recientemente la Universidad Javeriana, el Secretario General subraya con notable angustia, el hecho que se acabó el tiempo, así como la forma en que se está afectando día con día la vida humana así como muchas esferas de su actividad, y de las cuales depende la subsistencia.

En la cumbre internacional de Sostenibilidad e Innovación Ambiental, sostenida en Bogotá en estos días; según lo destaca El País, la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla ha manifestado que “ la negación del cambio climático y los populismos son las mayores amenazas. El desarrollo sostenible es una opción viable que interesa a toda América Latina…” En su criterio quizás, ambas cosas anden hoy en día de la mano. La negación conlleva la obstinada actitud, mediante la cual y durante muchos años, un sector de la población se ha rehusado a aceptar sobre la crisis ambiental, pero también la notoria inacción de los gobiernos, va acercando a la especie humana a su punto de mayor riesgo con respecto a la supervivencia. En ese contexto el populismo como fenómeno político, suma igualmente en contra.

Ya no se trata entonces de asumir la responsabilidad ambiental como una linda moda que genera importantes divisas, como podría ser el caso de Costa Rica; cuya fama y prestigio quizás sean más infundados a lo que corresponde la realidad, y sin embargo hay experiencias positivas, generadoras de esperanza, al tiempo que permiten vislumbrar el camino correcto. El tema de los combustibles fósiles seguirá siendo a manera de ejemplo, uno de los mayores desafíos en el país, sí es que se desea seriamente preservar la biodiversidad en extensos territorios, aún protegidos del Istmo Centroamericano.

Los desastres naturales que las imágenes recientes nos traen de Hawai en la Isla de Mawi, en Canadá, así como en España, Portugal y Grecia, entre otros, son un triste recordatorio que junto a las lluvias torrenciales, que causan inundaciones con daños irreparables en muy diversas partes del mundo. Esto tanto en Oriente como en Occidente, sin dejar de lado el gradual y acelerado deshiele en las regiones polares. No debe dejarse de lado tampoco, la situación que estos desastres provocan en la agricultura y por consecuencia en las tierras otrora fértiles, que proveen alimento a tantas poblaciones.

Cuanto más habrá que esperar por parte de las naciones, para que sus sectores tanto público como privado, así como la sociedad civil, puedan asumir responsabilidad para mitigar la catástrofe, la cual se cierne como una inmensa nube sobre el planeta. Es tiempo de medidas y acciones extraordinarias, pero ante todo de una conciencia colectiva y mancomunada hacia la incidencia real. Cada quien tiene y debe hacer lo propio, porque toda acción pequeña o grande cuentan en esta gran lucha. Posiblemente los populismos, como bien lo señala Doña Laura, sean también una amenaza en estas delicadas circunstancias, por cuanto utilizan tiempo y energía en alimentar egos y mantener la loca urgencia del poder por el poder, distrayendo a la gente y nutriéndose lamentablemente del desencanto y enojo de los pueblos.

 

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