Editorial:  El 2020, La Revista y Usted

Dar lo mejor de sí para que las cosas puedan ser cambiadas requiere dignidad, esfuerzo, hidalguía y valor. 

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Todo año nuevo trae siempre un mensaje de esperanza. Las congojas se disipan cuando se reciben esos correos y llamadas afectuosas para esta época. Usted posiblemente ya ha recibido muchos; unos más personales que otros, cada quien a su estilo y disposición.  Los colaboradores de La Revista nos sumamos a esos anhelos y por tanto el primer pensamiento es el tradicional: saludarle y desearle lo mejor en compañía de sus seres queridos.  

Tenemos presente también en estos días; siendo muy conscientes de ello, que la actividad personal se desarrolla al menos en tres ámbitos importantes: en el círculo familiar, en el ámbito laboral y social, e inevitablemente como ciudadanos, en la sociedad a la que pertenecemos.  Todos estos espacios son importantes y de ellos depende también nuestro propio bienestar. Pertenecemos al mismo tiempo, a una región única y maravillosa que es Latinoamérica. Sabemos por supuesto que hay convulsión en diferentes países de las Américas, donde la intensidad de las manifestaciones políticas y sociales es muy diversa. Por eso ligar los deseos en una época tan especial como ésta, al compromiso con la situación política y social de una sociedad es simplemente ineludible. Hay muchas formas de hacerlo. 

En nuestro caso, los costarricenses siempre albergamos; en algún sitio de nuestra mente,  la idea de poder resolver los conflictos y desacuerdos de una manera diferente a los demás. Creemos, aún hoy en día ser mejores, y hasta ahora hemos podido superar nuestras más profundas discrepancias, sin que la violencia se haya realmente desbordado. Así ha ocurrido varias veces en la Historia de Costa Rica reciente. De alguna manera estamos convencidos de que esta vez no es diferente; aunque no debiéramos confiarnos. Ciertamente los tiempos han cambiado y hay mayor intolerancia y violencia en el comportamiento social, por aspectos que ya en otras ocasiones hemos comentado. Parece manifestarse una extraña y vertiginosa fuerza que nos arrastra poco a poco a situaciones indeseables y nos estamos alejando en alguna forma, de aquello que nos ha caracterizado e identificado como sociedad democrática, culta y civilizada. 

En este sentido, La Revista; al igual que las personas que la integran, no ha sido, no es, ni pretende ser,  un proyecto indiferente o neutral sobre lo que acontece en el entorno. De ahí el afán de incorporar distintas voces, o perspectivas diferentes de la realidad que nos permita comprenderla mejor para incidir en ella. Visiones las cuales, no parecieran tener algo en común, aunque en el fondo convergen en la positiva intención de aportar. Por eso la ocasión es propicia para saludar, abrazar y desear un mejor año, a quienes estén igualmente dispuestos a luchar y salir del embrollo en el cual nos encontramos como colectividad. La lucha empieza desde el primero de los ámbitos, para trasladarse luego a lo social y finalmente a lo político; es decir a la ciudadanía activa y participativa. Cada quien debe hacer algo con sentido constructivo, desde el espacio de incidencia en el cual está inmerso. 

El 2020 se presenta como una nueva hoja de cuaderno, sobre la cual debemos poner en blanco y negro nuestra acción, para superar el momento actual.  Por eso debemos incrementar la toma de conciencia, y tener como axioma el hecho de que las cosas no se cambian solas. Se debe contar con un propósito, y sobre todo con la absoluta convicción de que es posible influir en los cambios profundos que el país demanda. Para que Costa Rica pueda retomar la senda perdida, se requiere muchísima autocrítica, mucha sensatez, y mucho desprendimiento. Lamentablemente no todo el mundo está dispuesto a ofrecer eso, ni  lo mejor de sí por los suyos ni por los demás. 

Costa Rica y lo que suceda en ella, depende  por lógica deducción de todos nosotros. Por ello, ojalá podamos como ciudadanos superar la insensatez que afecta el comportamiento, o la diminuta visión con la que juzgamos lo demás y a los demás, la irracionalidad, y la idiotez de adoptar como válidas tanta noticia falsa y malintencionada, de esa que compramos en el mercado de la información; desbordante, manipulada. Ojalá también podamos discernir responsablemente sobre lo que tiene sentido, y distinguir mejor entre la verdad y la falsedad. 

Quizás podamos en algún momento trascender, como para procurar lo mejor en aras del buen rumbo de la sociedad costarricense y sobre todo por las nuevas generaciones. Sólo criticar es al fin y al cabo posiblemente, un entretenido deporte que no implica comprometerse. Dar lo mejor de sí para que las cosas puedan ser cambiadas requiere dignidad, esfuerzo, hidalguía y valor. 

Los que nos dedicamos al ejercicio intelectual tenemos a veces la curiosa tendencia de consumirnos en nuestras propias burbujas para sentar cátedra sobre lo que es correcto y lo que no. Eso es parte de la vanidad y el ego que traiciona y nos distancia de poner los pies en el suelo con humildad y sencillez.  No se pueden cambiar las cosas hacia afuera sino hay cambio dentro de nosotros mismos. Sin eso el análisis es basura, aunque sea basura agradable. En similar sentido, los cambios de fecha en el calendario; en cualquier época del año, son por supuesto absurdos e insulsos sino estamos dispuestos a darles propósito y contenido. A este queremos dárselo. Al caer entonces los últimos días del año y al aparecer unos nuevos en el calendario se nos ocurre que puede ser un magnífico momento para este tipo de reflexiones. Los cambios no son simplemente una cuestión de criterio, que depende sólo de los políticos o de los gobernantes, también dependen de nuestras actitudes y decisiones ciudadanas. Cada quien cuenta.  

La política es  en todo caso, una expresión de nuestra propia forma de ver el mundo y de procurar mejorarlo. Lo hacemos en contraposición de quienes procuran imponer su concepción del mundo y las cosas al resto de la colectividad, a través de instrumentos sociales y políticos hechos a la medida de sus intereses inmediatos.  Valorar y analizar la política, implica una enorme responsabilidad. Es ver hacia afuera con la claridad que tengamos de poder vernos hacia dentro. 

El 2020 se presenta figurativamente entonces, como esa hoja en blanco, para escribir en ella una nueva historia, u otra narrativa. Nuestro mejor deseo de Año Nuevo para Usted; aunque también para nosotros, es elevar la conciencia para ser mejores, tanto en lo personal, familiar, como en lo comunitario y laboral, aunque también en lo político. El resultado será posiblemente el deseado. Hay que atreverse, y quizás para intentarlo, nada mejor que un nuevo arranque de fechas en el  almanaque. 

 

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