Editorial: El cambio climático y nosotros

Por qué se hace tan difícil pensar en el futuro, en las próximas generaciones, en el modo de vida del que van a depender nuestros hijos y sus hijos en el futuro

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En el discurso del Estado de la Unión el Presidente Donald Trump ignoró por completo el tema ambiental, y tampoco al cambio climático. Ni una sola palabra salió de su boca para referirse a la amenaza más importante de la humanidad, acelerada por su propio comportamiento.

La sociedad altamente industrializada ha decidido que es más importante la materialidad que la vida de las especies que habitan en este único Hogar con el que todavía contamos. Lo que la especie humana sabe a la perfección es coadyuvar a su propia destrucción, a pesar que la Tierra cuenta con todo lo necesario para que la gente y los demás seres vivos de modo que se pueda coexistir en armonía con la naturaleza.

La estupidez del mandatario estadounidense es tal, que en semanas pasadas dada la ola polar que azotó el medio oeste y el noreste de ese país con mucha intensidad, se preguntaba con ironía y típico cinismo «… que  ha pasado con el calentamiento global? Queremos que vuelva…» ignorando este fenómeno, como uno de los tantos rostros del cambio climático.

Su comportamiento de Bozo, un legendario payaso de los ochentas, refleja no sólo la ignorancia sino la arrogancia de los intereses económicos y materiales de  un sector influyente en las decisiones colectivas de las naciones y sobre las que las demás deben pagar un alto precio económico, social y ambiental.

Algo similar ocurre en Costa Rica, que año con año sufre los embates naturales extremos. La parsimonia y la indiferencia son pasmosas, por cuanto el comportamiento típico es reaccionar ya cuando las fuerzas de la naturaleza, han hecho de las suyas con devastadores estragos.

La prevención y la acuciosidad quedan de lado, provocando que los costos de todo tipo para el país sean mayores y más graves en sus consecuencias.  La época seca por ejemplo; cada vez más severa,  adormece la inteligencia política, a pesar de que la falta de agua tiene de por si un tremendo impacto. Tampoco se utiliza el sentido común, para prepararse ante las variaciones extremas de la etapa lluviosa.

Es también grave saber que no existe ningún fondo, o recurso suficiente previsto para atender las cada vez mayores consecuencias de este fenómeno global.  La Contraloría General, hizo ante algunos legisladores y legisladoras una interesante propuesta sobre la creación de un marco fiscal para el cambio climático, orientado en dirección de prever recursos con este propósito. De momento el silencio prevalece.

Por qué se hace tan difícil pensar en el futuro, en las próximas generaciones, en el modo de vida del que van a depender nuestros hijos y sus hijos en el futuro.  Quizás ocurra como en su momento fue dicho por el Jefe Seattle, ante el hombre blanco en Washington, presto a apropiarse de las tierras sin dimensionar su verdadero valor:

Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

¿Entonces?

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