Ese conejo se llama Referéndum, y nuevamente: encima de una apremiante agenda de congojas nacionales se coloca este distractor, tras el cual se esconde el propósito reiterado de culpar a los otros, o de que esta es la única solución ante los obstáculos generados por ellos, y pretender a la vez, acumular mayor poder. El pretexto absurdo es que no les dejan gobernar, a sabiendas que la incompetencia de su propia gestión, es la principal razón de que se agraven los viejos problemas conocidos. Sí existe sin embargo, un mérito importante adjudicado al Poder Ejecutivo, y hay que reconocerlo sin ambages, es haber sacudido el árbol de la morriña democrática, provocar exorcismo sobre las causas de problemas estructurales, y provocar una catarsis nacional; aunque hasta ahora es sólo eso. Estamos en neutro.

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Un sector importante de la población ha sufrido exclusión y marginalidad durante años, como también de la defectuosa entrega de servicios de calidad por parte del Estado. Eso hace que estas personas, se sientan a gusto con la narrativa de la quejadumbre, del desencanto y también de reproche, por parte de quien hoy pretende encarnar al soberano. En esa dirección es más que evidente su  deseo de enlodar, repetir sobre lo que duele, o simplemente meter el dedo en la llaga sin asumir posiciones responsables y sin que sea aún claro el rumbo que lleva el país. Al parecer no es eso lo importante.

Se hace más que evidente, la inexperiencia en el manejo de la gestión pública, así como un bullicioso y modelo bulo de administración.  Por supuesto que en la Costa Rica de hoy hace mella el deterioro de la educación y la cultura, la ausencia de oportunidades para los más, la pérdida de valores que otrora caracterizaron al costarricense promedio, y en fin una serie de aspectos que hoy constituyen el caldo de cultivo a este modelo personalista y autoritario; cereza de la decadencia política del país.  El cansancio, el agotamiento, y el enojo, junto al resentimiento, conforman ahora la sumatoria y base del pedestal de estos sistemas políticos que hoy se afincan en el continente, así como en otras regiones del mundo.

El gran desafío es tomar el toro por los cuernos. Esto significa que como sociedad, Costa Rica debe contemplarse al  espejo y darse cuenta del estado crítico en que se encuentra, para levantarse con firmeza y dignidad, para decir basta, para clarificar las causas o bien la raíz de los problemas que enfrentamos, y lograr de este modo, que desaparezcan los trucos y disparates. Solo eso permitirá que podamos asumir liderazgo como corresponde y enfrentar el futuro de una manera firme y coherente con remozados valores, tales como el valor, la compasión, la dignidad, el respeto, la justicia y la solidaridad… quizás bastaría con estos. Ello conlleva sin duda alguna  eso sí, asumir un proyecto político en donde el liderazgo de cada quien cuente, sin culto a la personalidad, y eludiendo todo mesianismo. Merecemos un presente y un futuro mil veces mejor al que tenemos, como alguna vez lo tuvo esta sociedad, ejemplar ante el mundo.

Es tiempo de abandonar miedos y posiciones pusilánimes, evitado que nos dividan, o que nos conduzcan por las peligrosas rutas, de esas que conducen a las naciones a su propio abismo. Hay que enfrentar lo que está ocurriendo antes que esa irracionalidad y emocionalidad manipuladas cotidianamente hagan realmente de las suyas.  Bendita por eso la crisis que estamos viviendo, porque es el mismo terreno fértil, sobre el cual construimos una sociedad mejor en todos los sentidos. 

La discusión por el Referéndum será el mejor pretexto para terminar de sacudir los cimientos de esta lenta agonía sobre el poder y sobre el rumbo a seguir por paradójico que luzca.  No todo es negativo, no todo es perverso, y la intuición así como el legado de nuestros mejores antepasados nos habrá de guiar en lo que viene. Por  ahora corresponde a los costarricenses de buena fe, informarse bien, estar atentos, clarificar que desea cada quien para si mismo y para los suyos. Esa tarea no es tan difícil, y sin embargo conlleva asumir responsabilidad por las decisiones. El momento de actuar siempre será ahora.