Editorial: El  Doctor Salas, un espejo de nuestra realidad

Los sacrificios requieren quizás ahora ser superiores, pero tal  responsabilidad es igualmente inevitablemente para cada uno de nosotros, y no sólo para los liderazgos políticos.

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No hay duda alguna que el Dr. Daniel Salas, se ha convertido en un referente ineludible sobre el acontecer de la pandemia en Costa Rica. Sus mensajes diarios son seguidos con interés por un sector significativo de la población. Esa información es necesaria para comprender lo que ocurre con los casos, los sitios donde acontecen, las medidas a tomar, las hospitalizaciones y también los decesos, pero además señala el posible impacto y los riesgos al que los costarricenses nos exponemos. Su concurso cotidiano se ha convertido en parte de una rutina; seguida con el mismo interés a lo mejor,  de quienes fielmente ven  los capítulos de una telenovela turca. De forma complementaria debe señalarse que el Presidente de la Caja Costarricense del Seguro Social, el Director de la Comisión Nacional de Emergencia, el Ministro de Seguridad Pública y otros, forman parte de la encomiosa tarea bajo el liderazgo del Ministro de Salud. Esta actividad cotidiana sin embargo, que tiene de fondo la presencia e imagen del Dr. Salas,  es asimismo una especie de espejo que permite ver con mucha claridad otros aspectos de la realidad que están siendo dejados de lado.

La ausencia de una política integral en el manejo de la pandemia. El mal tiene no sólo la dimensión sanitaria sino otros componentes ineludibles de orden político, económico y social que desde una visión de Estado no terminan  de asomar en Costa Rica. Es notoria la carencia de liderazgo del Poder Ejecutivo, que  recuesta su participación en la conducción casi omnipotente  del Ministro de Salud, exponiéndolo de forma riesgosa ante distintos sectores, por cuanto es quien termina dando la cara en  temas y situaciones que claramente no son de su competencia, lo cual va desde clausurar ferias del agricultor, cerrar playas y comercio,  hasta cancelar campeonatos nacionales de fútbol conforme se van dando en criterio del Ministro y su equipo cercano. Sabemos que ello obedece a las circunstancias cotidianas sobre el coronavirus, pero sin que pueda determinarse exactamente la naturaleza de los criterios utilizados en la selección de las medidas aplicadas y sin  prever  el delicado  impacto social que se provoca. Esto evidenciaría que el Gobierno de la República que preside Don Carlos Alvarado, carece de la capacidad para integrar una política de Estado así como en articular responsablemente a los diferentes sectores del país, con el propósito de encarar en   forma apropiada la crisis, que afecta a todos de una u otra forma.

Las serias llamadas de atención del Dr. Salas en su llamado vehemente a la responsabilidad de cuidarnos unos a otros, nos refleja por consecuencia; como parte del espejo de la realidad, a un sector de la población inconsciente, el cual presta oídos sordos a las recomendaciones cotidianas de cuidarse, evitar el contagio colectivo e impedir  propagarlo a niveles inmanejables.  Las fiestas y las conglomeraciones son señaladas repetidamente como eventos  que ocurren con mucha frecuencia, promoviendo ese elevado riesgo a la propagación del virus, lo cual incluye el  comportamiento agresivo de los irresponsables contra las autoridades. Ello pone entonces al descubierto a una sociedad que va degradando en valores, al tiempo que evidencias fallas estructurales de la sociedad civilista de la cual este país se ha jactado por mucho tiempo.

Por otro lado es notorio el despilfarro de recursos públicos sin lograr maximizar su uso, por cuanto los gastos se han incrementado de forma desorbitada. Las debilitadas finanzas públicas son utilizadas sin criterio alguno de sostenibilidad, que permita pensar en el futuro, cuando sea indispensable contar con los servicios públicos y esas demandas para atender las necesidades del mañana. Un excesivo énfasis en el asistencialismo y poco en medidas serias de reactivación económica o en la sostenibilidad de la economía forma parte de esa ausencia de visión política integral en medio del manejo de la pandemia.

Igualmente se ha reflejado a través del espejo de Salas, en su mensaje vehemente, la irresponsabilidad de algunos empresarios más interesados en constantes ganancias que en las medidas sanitarias para impedir la propagación del mal, lo cual ha llevado en el caso de la zona norte; aunque no exclusivamente en esta región, a situaciones nocivas que afectan a trabajadores contratados a diestra y siniestra, los cuales ni siquiera cuentan con las medidas ni garantías laborales o sanitarias necesarias. Esta actitud de unos pocos perjudica a muchos empresarios responsables en el país.

El Estado en general se muestra engorroso, sofisticado y disfuncional, a los nuevos retos del momento histórico. El padecimiento que ya traíamos desde hace unas décadas de un aparato público en cierta forma obsoleto, se ha agudizado con el presente problema de salud. El Sector Educación es una muestra de ello por cuanto evidencia  unas terribles falencias, no sólo con respecto a la calidad de la educación, sino además desde el punto de vista instrumental como en lo tecnológico. Además se nota en el compromiso y la dedicación hacia los educandos, lo cual pone a flor de piel las profundas desigualdades para enfrentar los retos ante la ausencia presencial en las clases.  Los meses perdidos por la prolongada de huelga de los educadores, y los conocidos temas en materia de infraestructura, se suman a la presente crisis. Ello nos enfrenta, lo queramos o no ante la posibilidad de una nueva generación perdida, lo cual implica lamentables consecuencias futuras.

Alteración de prioridades. Si el asistencialismo (el cual es sin duda necesario) es la prioridad, o lo es un tren eléctrico, son  aspectos que deben ponerse sobre la balanza  en una coyuntura de esta magnitud, para procurar un justo equilibrio en las diversas acciones políticas, económicas y sociales. Todo debe analizarse y valorarse de forma integral, ponderarse y entonces señalar el rumbo necesario. La reactivación económica por ejemplo, es un imperativo, pero más lo es el balance de las decisiones políticas con visión y criterio de integralidad,  sentido de sostenibilidad y capacidad técnica para poder salir adelante. Lo adjetivo no puede imperar sobre lo sustantivo.Es imprescindible por tanto una revolución silenciosa y eficaz de cambios sucesivos por parte de los tomadores de decisiones, para promover los ajustes estructurales necesarios, que permitan  hacer más con recursos cada vez más disminuidos. Al ver la soledad del Dr. Salas en su presencia cotidiana, su imagen inevitablemente refleja estas otras realidades.

Medidas graduales que sopesen los diversos impactos no sólo en el gran área metropolitana sino también en las costas y en las áreas rurales, por cuanto deben ser distintas y diferenciadas para poder llevar un ritmo que no conduzca al país a la paralización. El tino y la precisión sobre el tipo de decisiones se convierte en un tema fundamental no sólo para asumirlas sino también para tomarlas. No sólo deben ser buenas sino también justas para evitar los desequilibrios y la ampliación de las desigualdades.

La inmediatez y el fraccionamiento de las acciones, impiden ver el problema de forma integral el problema pero impiden además la posibilidad de encauzar las medidas necesarias que no sacrifiquen el futuro de las generaciones de costarricenses, disminuidas desde ahora por los efectos de la pandemia y la crisis en las finanzas públicas que el país viene arrastrando desde hace décadas. Tal parece que no queda más que aprender mientras transitamos por el túnel, utilizando las capacidades como sociedad de una nueva forma y distinta. La situación obliga no sólo a actuar diferente sino sobre todo a pensar distinto,  a repensarnos día a día. Debemos emplear el instinto de supervivencia y el uso de nuevas capacidades.  Comprender que la agilidad y la flexibilidad son tan importantes, como  la responsabilidad del pensamiento integral y articulado para poder enfrentar los retos del presente.

La presencia cotidiana del Dr. Salas y del equipo que le acompaña diariamente, debe servirnos de espejo para poder ver, y sobretodo para trascender todo aquello que se refleja de forma inequívoca como falencia, de todo lo demás. Es decir, no menos importante que el mensaje que escuchamos, es atender aquel que no estamos viendo ni escuchando,  porque será la única forma de poder salir adelante.  Ante una circunstancia histórica inédita como la presente, es fundamental que aprendamos a ver lo que no vemos, a escuchar lo que no escuchamos y a hacer lo que no estamos haciendo como colectividad. Las necesidades que tradicionalmente sopesamos quizás no sean las verdaderas necesidades que debemos atender ante la crisis.

Las preciadas conquistas sociales heredadas sin costo alguno para nosotros, pero sí por quienes nos precedieron, debe servirnos de ejemplo, en el sentido que ahora nos corresponde llevar las cargas y los sacrificios para posibilitar que nuevas generaciones de costarricenses tengan mejores oportunidades, las cuales no pueden ser comparadas de ninguna forma, con aquellas que hemos recibido y heredado nosotros mismos.

Los sacrificios requieren quizás ahora ser superiores, pero tal  responsabilidad es igualmente inevitablemente para cada uno de nosotros, y no sólo para los liderazgos políticos. Cierto es que debemos hacer algo o mucho, para enmendar los liderazgos del futuro y posibilitar que estén a la altura de los tiempos, pero mientras tanto no olvidar que cada quien posee una porción de liderazgo, el cual debe ejercerlo de la forma más responsable y de la mejor manera posible, porque de lo contario tampoco habrá esperanza para nadie ante circunstancias tan difíciles.

 

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