Lenguaje incendiario, proyectos improvisados, agresión con lenguaje vulgar y sobresaltos emocionales, es el pan de cada día en la agenda política que se fragua semanalmente al Este de la ciudad. Es como sí el país se moviera de ocurrencia en ocurrencia.  El juego de la distracción, de la polarización, y de las mentiras como recurso cotidiano. Es el truco diseñado para distraer a la gente, de modo que estar viendo su móvil para evadir y mirar hacia otro lado, mientras sus problemas  y sus angustias por enfrentar el día a día tienden a complicarse. 

Los muchachos excluidos  y marginados de oportunidades; reclutados por el narcotráfico en Limón, Puntarenas, Guanacaste, los de San José y demás lugares, han dicho en Zapote “que se maten entre ellos”.  La compasión en política pública no tiene cabida. La receta del populismo es la misma con diferentes matices en nuestra América, desde Estados Unidos hasta la Patagonia. La violencia en sus formas más diversas se ve estimulada por esta forma de gobernar  que le da la espalda a los jóvenes en necesidad, y a las mujeres cada vez más agredidas o asesinadas a la luz de pavorosa impunidad. 

La filosofía tras esta ecuación de fórmula perversa es: que entre más maltratada y dividida la sociedad, más fácil entonces gobernar y concentrar poder para satisfacción del insaciable ego. A los grandes felinos les va bien en el entorno de jungla, donde a fin de cuentas sobrevive el más fuerte, mientras los demás deben adaptarse  agenciárselas   para sobrevivir a las crudas condiciones.  Hay una vasta mayoría de costarricense sin embargo  quienes consideran que más bien estos tiempos son para unir, para sumar, para concertar  y  para señalar el camino, bajo la premisa que la libertad  y la democracia tienen espacio todavía, para permitirnos ser mejores y fortalecerse en beneficio de los más.  

Ahora surge el Referendo como propuesta del Poder Ejecutivo, y se anuncia “con bombos  y platillos”. Su propósito se ha venido modificando  en el camino, al punto que ahora se resume a borrar el control de un plumazo, para dejar a la institucionalidad del futuro postrada a merced del dictador de turno. Detrás de la propuesta hay una clara pretensión; aparte de estimular revanchismo, generar un clima de animosidad entre los descontentos y favorecer imagen al jaguar

Para muchos ciudadanos conscientes es claro,  que no se trata del referendo sino del objetivo político de permanecer en campaña, de sumar adeptos bajo el trillado “sanbenito”, de que me obstaculizan  y no me quieren por canalladas. Eso permitiría a la postre ganar adeptos emocionales para la campaña del 2026, de modo que con el mayor número de diputados posible, se pueda dar vuelta por completo a la tortilla en dirección de turbios intereses.

Los diputados ya se dieron cuenta, el Tribunal y la Sala, como también muchos líderes de opinión, de los errores de bulto de naturaleza constitucional, que llevan irremediablemente a darle un rotundo, sobre criterios que datan de 1998  y más antes.  Eso es lo menos que se puede esperar como resultado en este mismo año, ante la falaz diatriba oficialista. 

Este show tarde o temprano y ojalá más temprano que tarde, debe de parar,  y aún así lo que más interesa y debemos lograr como colectividad, es una remozada  y civilizada conciencia ciudadana. Que el costarricense promedio pueda llegar a darse cuenta de que está siendo vacilado y utilizado. Por eso en realidad es más importante que el Poder Ejecutivo dedicara esfuerzo  y energía a los más jóvenes, a garantizar la vida digna a las mujeres y a las jefas de hogar que día a día luchan por salir adelante. Que sirva además el papel de la investidura presidencial, para proteger a los más grandes, sin abandonar a los infantes. No es mucho pedir, pero antes que eso suceda, pareciera que hay que pararse en firme y pronunciarse en altavoz, para que las cosas no sigan abandonadas a la suerte o al instinto de un felino juguetón.