Editorial: El lápiz partido y la teoría de la ventana rota

El proceso de revitalización del comportamiento social debe ser por tanto, asumido muy en serio por los científicos sociales y por las organizaciones formales y las no formales. 

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El inicio del año, nos hace pensar con esperanza en la forma en que podemos revitalizar y reparar no sólo en el plano personal sino también en el social. Además, experimentamos tiempos fascinantes de cambio y el desafío es construir de forma permanente. Ante las situaciones no deseables, cada uno de nosotros; así como a todos, nos corresponde edificar convirtiendo las crisis y los problemas en oportunidades. Debemos en eso ser constantes…

Anda por ahí en las redes circulando una ilustración muy simple que consta de tres imágenes diferentes de un  lápiz mongol.  En la primera el lápiz está completo, en la segunda vemos el lápiz partido en dos y en la tercera, notamos que las dos partes tienen punta para escribir, porque alguien hizo punta a la parte quebrada. Ahora tenemos dos lápices para escribir en vez de uno.  La esencial moraleja del lápiz que alguien quebró, es sencillamente, generar oportunidades a partir de las crisis. Debemos sacar punta a los problemas, pensando en forma constructiva. La tendencia cultural sería muy posiblemente la de tirar el lápiz a la basura y buscar uno nuevo.

En el mismo sentido la  teoría de la ventana rota, de los científicos sociales Wilson y Kelling, la cual data de la década de los ochenta del siglo pasado, enseña, que cuando se es  permisivo con el vandalismo este se acentúa. El daño es representado por la quiebra a propósito;  y no por accidente,  de una ventana. Cuando ésta no es reparada de inmediato, pronto habrá otra y luego más ventanas quebradas, sumado a otros actos nocivos provocados en forma deliberada y estimulando por tanto a los vándalos a no detenerse y agudizar el problema. Bajo la teoría del vidrio roto, es indispensable reparar un daño provocado apenas surja, por cuanto lo importante es atenderlo en cuanto  se presente, en vez de acostumbrarse a él y permitir así que las cosas empeoren. Los más creyentes dicen que cuando Dios te cierra una puerta, te abre una ventana. En todo caso siempre el aspecto positivo es no detenerse ante las crisis y más bien posibilitar que sea   la alternativa para  superar la circunstancia que aflige.

Los ejemplos señalados podrían hacernos ver como ingenuos, optimistas y sobretodo muy idealistas, pero en realidad creemos que los problemas de la época deben y pueden resolverse con diligencia. Los médicos señalan que  el cerebro humano consta de dos hemisferios, y los psiquiatras indican que en uno acumulamos todo lo negativo y en lo otro lo poco positivo de lo que disponemos. Las señales del entorno son por lo general negativas y esa es la parte del cerebro que alimentamos casi siempre y a la cual obedecemos con mayor docilidad. Nutrir la parte positiva del cerebro no puede por tanto, ser un acto neutral, y no se puede esperar a que otros la alimenten. Es una responsabilidad propia.

Hoy día la inteligencia artificial, entre muchas de sus aristas, constituye un acto mecánico, que es capaz de subordinar la conciencia, en aras de la sumatoria del comportamiento de cada quien. La hace funcionar en su modo dominante a nivel colectivo y estimula a la vez la réplica de los actos; sean estos perjudiciales o no. El proceso de revitalización del comportamiento social debe ser por tanto, asumido muy en serio por los científicos sociales y por las organizaciones formales y las no formales.

Reeducarnos para edificar  la sociedad deseable, es una responsabilidad personal, social, urgente e imperativa.  Ese debiera ser el camino.

 

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