Editorial: El loco mundo que debemos descifrar (Incluye podcast)

La pandemia nos desnudó y nos da la oportunidad de las grandes e impostergables decisiones. El momento realmente es ahora y esta decisión integral es también necesaria.

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Hoy día debemos admitir que los cerebros son alimentados y destruidos a la vez, por nuevas y sofisticadas fuentes de alienación, reemplazando quizás de esta forma a las viejas ideologías. Un ejemplo irrefutable es cómo las teorías de conspiración se han multiplicado y están a la orden del día, o cómo las decisiones políticas de partidos y autoridades formales, se distancian cada vez más de las necesidades reales de los pueblos.

Se da espacio y oportunidad, a nuevas manifestaciones y personajes que encarnan  el poder de la colectividad en forma sorprendentemente irracional.  Retorna el culto a la personalidad, con mayor fuerza, pero ahora fundamentada en la manipulación tecnológica a ultranza, a través de las redes sociales y de técnicas asociadas al fenómeno de la inteligencia artificial del Siglo XXI. El inmediatismo y la emocionalidad ocupan los acontecimientos importantes que demandan mayor atención ciudadana, manoseándose así las mentes ingenuas que absorben todo sin razonamiento ni criterio. Lo cierto en consecuencia, es que las personas se distancian abismalmente del conocimiento y la verdad,  al ocupar su tiempo en nutrirse de cualquier fuente de información, dando cabida plena a sus prejuicios y a sus miedos.

Las democracias van quedando rezagadas en sus postulados, y la institucionalidad se desborona ante sus propias contradicciones. Alejada del propósito del bienestar general, se ha convertido en un nicho que anida intereses pequeños, gradualmente carcomiendo su esencia y finalidad. Ante esto las viejas generaciones ciudadanas son incapaces de descifrar lo que está ocurriendo y sólo alcanzan a dar manotazos al fenómeno invasivo; invisible a veces, pero que va alterando sus vidas. Las nuevas sólo atisban  a deshacerse de lo viejo, sin más propósito que ocupar su lugar, para luego desplazarse cuanto antes, hacia arriba donde haya nuevos espacios dejados por los anteriores y el propósito de la colectividad dejó de ser importante; aunque todo por supuesto tiene sus excepciones.

La educación sufre un rezago espantoso en virtud de la indiferencia de los docentes y de las nuevas condiciones generadas por la pandemia, pero igualmente por la erosión interna experimentada en los procesos de formación a lo largo de los años. Sí algo conspira contra el desarrollo de una sociedad es precisamente la ignorancia de la mano del gradual deterioro de la educación.

La política, bajo estas condiciones  entonces, se tornará más difícil que nunca en lo que respecta, a la construcción de un proyecto social o de bienestar para la colectividad. Sin educación es imposible avanzar. El cambio climático, se presenta asimismo como un factor preponderante de amenaza que conlleva cualquier cantidad de incertidumbres no sólo al planeta sino también a la humanidad. La negación a la ciencia aparece como un ingrediente en este mitote, o estado de confusión en el decir de los Toltecas. La pandemia y otras similares amenazas, provocadas por bacterias, forman parte de este extraño y curioso escenario del Siglo XXI.

Debemos recomponernos, reconstruirnos, reinventarnos, replantearnos una nueva forma de vivir y de lidiar con estas preocupaciones. Descifrar con seriedad y responsabilidad lo que está realmente aconteciendo. Es la oportunidad de regenerar el propósito de la especie, pero también a un nivel más concreto el de la ciudadanía. El camino parece ser tortuoso, pero la oportunidad es indiscutible y el afán es lo que cuenta. Por eso fortalecer la democracia, comprendiendo la nueva realidad es un imperativo histórico, y hacerlo a conciencia es el reto…Sólo que no es fácil, hay que estudiar y más aún, ser congruentes.

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