Editorial: El Magistrado Presidente de la Corte Suprema de Justicia (incluye podcast)

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Estados Unidos está viviendo un drama complejo a raíz de la muerte de la Juez Ruth Bader Ginsburg, hasta hace unos días miembro de la Corte Suprema de Justicia. Se han reavivado todos los apetitos del poder político y económico, amenazando con quebrar de forma definitiva el delicado equilibrio existente en ese importante Poder, cuya repercusión es crucial.

Representa en este momento histórico, el balance entre una sociedad inclusiva y una divisiva, entre el progresismo y el ultra conservadurismo, entre la ética y la corrupción, entre la justicia y la opresión, entre el humanismo y el darwinismo del capital, sólo para citar algunos. Este es acaso un magnífico ejemplo referencial de lo que puede ocurrir cuando se pierden en forma definitiva los equilibrios que sustentan al Estado Democrático y Social de Derecho.

En Costa Rica, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, llega al término de su período  constitucional como Magistrado y  por tanto debe someter de nuevo su nombre a la Asamblea Legislativa ya que desea continuar.  El país sin duda en virtud de las difíciles circunstancias en que se encuentra, exige en cargos de esa naturaleza, de hombres y mujeres con profunda rectitud,  honorables y comprometidas con la justicia, esencia de su quehacer.

También, debe esta sociedad a través de su Poder Judicial, mantener aquellos equilibrios fundamentales en materia derechos humanos, libertad de expresión, y en general sobre las garantías democráticas que en forma integral dan su razón de ser a la sociedad democrática. En este caso particular coinciden tres roles de mucho valor: el de la Magistratura misma, el que ejerce la Presidencia en su papel conciliador y facilitador de procesos internos, y el de la Sala Cuarta, convertida en un bastión de los derechos de constitucionales de los costarricense. Todos ellos con un impacto significativo en el entorno.

Como toda institución, donde la naturaleza humana se manifiesta de forma ambivalente, y las divisiones también son evidentes, el Poder Judicial no está exento de ellas. Así las cosas, es lógico  suponer, que inclusive en el Poder Judicial en Costa Rica, haya personas y grupos más interesados en el poder por el poder o bien en ser reconocidos no por la altura de la función que representan sino por la ostentación de la magistratura a ese nivel. Por eso no es de sorprender que ante una eventual salida del actual Magistrado Presidente, haya quienes se froten las manos por anticipado, para tener la posibilidad de acceder a la Presidencia, como si se tratase de la obtención de una presea en un simple torneo.

Los diputados y las diputadas tienen ante esta circunstancia una gran responsabilidad. El Magistrado Presidente ha manifestado su interés en su reelección, lo cual ha tomado por sorpresa a sus adversarios, asimismo les confunde y por supuesto les perturba. No es para menos. El Magistrado Presidente de la Corte Suprema de Justicia, ha demostrado ser una persona proba, tenaz en la defensa acérrima de la independencia del Poder Judicial y por supuesto también  cometido errores notorios en el ejercicio de sus  convicciones, ninguna sin embargo que haga dudar  de su honestidad ni tampoco de sus principios.

La pregunta sin embargo es quien ganaría o quien perdería en una elección de tanta trascendencia,  en una circunstancia realmente compleja para la democracia costarricense. Quién ganaría o quien perdería también hacia dentro del Poder Judicial con esta decisión?   No menos importante es, sí el país, con la decisión que tiene ante sí la Asamblea Legislativa, este dispuesto a romper los delicados equilibrios existentes no sólo en la Sala Constitucional sino también en  el Poder Judicial.

La respuesta pareciera indicar a todas luces, que lo más conveniente y lo sensato es que el Magistrado Presidente Fernando Cruz Castro pueda continuar en su cargo. Es necesario  e indispensable para enfrentar esta cruda transición que atraviesa bajo estas condiciones el país y por supuesto también el Poder Judicial. Ha demostrado con creces Don Fernando Cruz Castro, que es un Magistrado y un ciudadano sobresaliente para ejercer semejante responsabilidad.

 

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