Editorial: El malabarista en la esquina del semáforo

El show en todo caso debe siempre continuar. La entretención y la evasión, son tareas imperativas que a fin de cuentas en algún momento habrán de llegar a su fin.  Y mientras tanto… ¡que caray!

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Creo que todos sin excepción, hemos sido sorprendidos por el malabarista de la esquina, ese tipo que nos entretiene tirando bolos o bien jugando con machetes en el aire, mientras esperamos que el semáforo cambie. No hay posiblemente nadie que se resista a sentir algún tipo de empatía por aquel que sabe hacer, y osa hacer lo que nosotros no nos atreveríamos realizar. En el fondo todos somos malabaristas.  Todos los que vemos cerca del semáforo, tienen por lo general algo en común: caen bien, y  algunos choferes gustamos de retribuirles por la actuación. Sin duda entretienen y captan nuestras sensaciones, mientras la luz continúa claramente en rojo.

Quizás sin proponérselo,  nuestro malabarista más reciente lo simboliza el Club Sport Cartaginés, que atrajo hacia la  esquina de la calle, la atención de todo un país, y si bien eso no contribuyó a que nadie pudiera mejorar sus condiciones de vida, sí logró al menos, pudimos todos aplaudirle por su excelso número.   Igualmente la política nacional en estos días;  llevada a cabo de una manera tan diferente, acapara por completo la atención; quizás de forma muy similar al malabarista.  En este espectáculo cotidiano, la única expectativa que nos cobija, es que él pueda hacer su juego, sin que el machete caiga donde no debe, ni tampoco pierda su equilibrio. El malabarista  mantiene encantado a cuantos le observan, y ha producido una gran algarabía. Ha logrado secuestrar la atención de conductores y transeúntes. Ojalá que el resto de sus suertes, sean igualmente exitosas, y que todo le salga bien. Nadie o pocos desean que no tenga éxito en sus maromas.

Al pueblo por lo general, y así ha sido a lo largo de la historia, le encantan los juglares, los maromeros, los bufones y por supuesto los malabaristas. Así siempre ha sido. Cumplen sin duda una tarea muy importante, realizan una tarea extraordinaria y captan nuestra total atención. A todos quizás muy dentro, nos encantaría hacer lo que ellos hacen. Aplaudimos y nos emocionamos con su quehacer.  No es cualquiera el que puede sostener en el aire varios machetes sin que nada desafortunado suceda.

América Latina es una barriada que ha optado por buscarles y contratarles en sus calles y avenidas, para que nos hagan olvidar nuestros tradicionales males, aliviarlos al menos, y también de algún modo  a ignorar y despreciar al resto de los artistas. El show en todo caso debe siempre continuar. La entretención y la evasión, son tareas imperativas que a fin de cuentas en algún momento habrán de llegar a su fin.  Y mientras tanto… ¡que caray!

 

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