Editorial: El «Pura Vida…»

El Pura Vida ya no será suficiente para subsistir o crear una sociedad sostenible., porque es  un comportamiento que huele a hamaca y a pereza, además conlleva cierto hedonismo insulso. De algún modo esa concepción conductual, debe ser erradicada por las nuevas generaciones.

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Una de las características de la época sin duda, es este espacio de cierto neutralismo, desinterés, e  indiferencia hacia la cuestión pública, y hacia a los temas que afectan a la humanidad, lo cual ha desencadenado a su vez, que aquellos valores, que caracterizaran el comportamiento de anteriores generaciones, hayan perdido no sólo trascendencia sino también significado. La sociedad de consumo es feroz en sus manifestaciones y de alguna forma ha venido incidiendo  en la percepción misma de la realidad y de nuestra relación con los demás, y modificando además la cultura. Experimentamos de esta forma, un vacío inmenso, donde la apatía no es sorpresiva.

Tener, comprar, usar y desechar son una muestra del superficial comportamiento colectivo en la sociedad de consumo, posesionándose gradualmente de la mente de las personas. Todo es usable por un momento y descartable casi que de inmediato. Nada es permanente y todo es pasajero.  Este comportamiento de alguna manera se caracteriza por ir desproveyendo al lenguaje de su significado, quitándole o vaciándole de contenido a las palabras y por consecuencia restándole valor a su verdadero significado. Por eso hoy decimos cosas y las repetimos, sin necesariamente sentirlas o quererle dar valor a lo que manifestamos.  Es el Nihilismo al que hacía alusión Nietzche, como bien ha sido recordado en un reciente artículo del Semanario Universidad, refiriéndose a esa nada, a esa decadencia de toda moralidad en la sociedad occidental, que se viene arrastrando desde la antiguedad y  que prevalece en el presente.

Época de Relativismo le llaman algunos,  donde los valores no son sino una especie de plasticina, que se aplican a conveniencia, y se ajustan según convenga. Es posiblemente producto del triunfo de la materialidad sobre el espíritu. Hay una “ausencia de propósito” tal y como le llamaría el politólogo Ronald Fernández, lo cual caracteriza estos tiempos que vivimos.  Es por ello que la gran tarea sea posiblemente reeducar, forjar nuevamente el pensamiento y el espíritu, darle el sitio que merecen a las Bellas Artes, o hacer un repaso más agudo de la Ciencia. Volver con fuerza los ojos hacia la lectura y nuestro acento enrumbarlo al debate cuestionador y a las preocupaciones filosóficas de la época.

El peligro es entonces, lo que todos ya sabemos: que a fin de cuentas los espacios vacíos no existen porque alguien siempre se encargará de llenarlos.  Son tiempos propicios como ya han indicado otros para el fascismo, para el utilitarismo a ultranza, para abandonar todo lo aprendido sobre sostenibilidad y balance con el ambiente.  La expresión muy tica de “ Porta a mi “ evidencia a lo mejor, la desconexión total con la responsabilidad individual y social. No hay compromiso de ninguna clase.

La nueva concepción de la sociedad emergerá sin embargo de las cenizas de este presente. Un nuevo impulso moral y espiritual surgirá de ese agotado fuego, para hacer a la sociedad avanzar muy lejos. Esa y no otra debe ser la esperanza. Implica sin embargo un convencimiento profundo de que debemos dar una nueva semántica al lenguaje, un significado diferente a la participación política, un compromiso personal; nuevo y distinto. No dejarse seducir por pensamientos colectivos amorfos y desprovistos de un sentido misionero, como el que corresponde para revitalizar el espíritu.

El Pura Vida ya no será suficiente para subsistir o crear una sociedad sostenible., porque es  un comportamiento que huele a hamaca y a pereza, además conlleva cierto hedonismo insulso. De algún modo esa concepción conductual, debe ser erradicada por las nuevas generaciones. Es hora ya de adoptar un nuevo lema nacional, o simplemente una frase que mejor refleje nuestros anhelos y esperanzas. Debemos crecer y ser superiores en nuestros sueños, de lo contrario quedaremos atrapados en el pasado y en esa detestable Nada.

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