Editorial: El regreso a clases… (Incluye podcast)

El país no se puede dar el lujo de perder a tantos estudiantes, máxime considerando que ya no existe el bachillerato y que la fórmula que lo sustituye (FARO) se encuentre en entredicho.  

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Esta semana miles de estudiantes regresaron a clases y algunos no pudieron porque sus centros educativos no estaban en condiciones decentes para recibirlos. Esa fue la principal razón. Lo cierto es que lo importante es ver cómo, bajo estas rudas condiciones, los educandos pueden recuperar algo de tanto perdido. No sólo  por los absurdos meses desperdiciados por la huelga, sino tantos meses de afectación agudizados por la pandemia.

Lo peor que nos podría pasar es perder nuevamente a otra generación como ya ha sucedido en el pasado y bajar la calidad de la educación a niveles realmente lamentables, como sucede. Habrá profesores conscientes, pero no estamos seguros de que esa conciencia de valor y pérdida; o de lo que ello signifique, esté arraigada en la mayoría de los educadores. Hoy en día luce como sí los estudiantes fuesen un reflejo de sus propios maestros y eso no significa necesariamente una buena comparación.

Vivimos esa extraña época de transición, en la que por un lado nos adentramos en un momento histórico dominado totalmente por  la tecnología, pero igualmente, donde las viejas técnicas, instrumentos y prácticas no han desaparecido del entorno.  Más grave aún, es el hecho que muchos docentes no han evolucionado, ni se han equipado para vivir los nuevos tiempos y por otra parte,  que la brecha digital es cada vez más grande;  producto de la situación entre aquellos que tienen acceso a internet y otros tantos no del todo. Tanto dinero en las arcas públicas subutilizado por negligencia e incapacidad, sin que quienes lo necesitan puedan acceder a ellos y no lo logran,  es realmente un crimen.

El país no se puede dar el lujo de perder a tantos estudiantes, máxime considerando que ya no existe el bachillerato y que la fórmula que lo sustituye (FARO) se encuentre en entredicho.  Tantas promociones de estudiantes en el 2020, que prácticamente ascendieron a otros niveles, sin desafiar realmente los conocimientos y las habilidades, como para garantizar que su educación sea realmente buena.

Nuestros “soldados” van desarmados a enfrentar la crueldad de la realidad social. Lo peor que puede suceder entonces a una sociedad, es sacrificar su generación más joven sin dotarla de la preparación adecuada a los desafíos del presente. Todo ese terreno ganado en décadas, debido a la ausencia de un ejército y a la inversión de tantos recursos en la formación de los estudiantes, se ve hoy en absoluto riesgo y amenaza Este parece ser el nuevo y severo golpe a la democracia incubada en las entrañas mismas del  Estado Social de Derecho. Costa Rica debe hacer un esfuerzo extraordinario, para ir equiparando el conocimiento e ir fortaleciendo las bases académicas de miles de estudiantes, que pronto tendrán el futuro de la patria en sus manos

Ojalá que podamos elevar los niveles de conciencia y responsabilidad entre educandos y educadores para ser mejores, porque lo peor que nos podría pasar; en un mundo tan competitivo como el presente, es tirar por la borda uno de nuestras mayores fortalezas como colectividad. Un manejo superficial y displicente de nuestra educación y las de las juventudes de este país es un crimen. El año escolar que recién empieza, enfrenta a la vez profundos desafíos y Dios quiera que sea para bien. Educarnos es asumir responsablemente  nuestra suerte como sociedad.

Hagámoslo.

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