Editorial: El show del Mundial acabose, pero el gran show debe continuar…

De repente caemos en cuenta de que hay demasiadas cosas por las cuales ocuparnos aunque por un momento hayan quedado suspendidas. Se va el fútbol y regresa la política, o viceversa.  Así es como funcionan las cosas.

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La política y el fútbol de algún modo caminan de la mano y se entrelazan. Quizás tengan en común más cosas de las que podamos suponer. Al parecer hubo mucho dinero de por medio para que el Mundial se realizara en Qatar…Las organizaciones defensoras de derechos humanos siempre insistieron, en que era una vergüenza realizar este evento en un país donde tantas violaciones a esos derechos existen, pero pesándolo bien, hoy casi ninguna sociedad se exime o ninguna quizás, podría considerarse apta para efectuar en ella un evento de esa magnitud; o más pequeño, con fundamento en parámetros de esa índole.

Hubo países en donde honraron, pese a la derrota, a sus futbolistas. En Costa Rica sin embargo pareciera que a los futboleros les dio mucha vergüenza ir a recibir al aeropuerto a su selección. Nadie se enteró siquiera cuando llegaron. Esa situación sin duda contrastó con las imágenes que vimos en Japón o en Corea, en donde los “perdidosos” fueron recibidos con mucho orgullo y respeto. Porque lo cierto es que muchas empresas se vieron beneficiadas de la participación de “la Sele” y por eso trasladaron hasta allí sus  trasladaron sus buenos negocios. Sin embargo la derrota, hizo ver a los jugadores, como personajes no deseables, y a pocos les importó saber algo sobre ellos después de su participación.

Algunos países, en virtud del desempeño de sus selecciones, despertaron las ilusiones de cientos de miles de hinchas. En su momento, España, Alemania, Japón, Marruecos, Holanda y ni que decir Brasil, sin excluir a otras. Es impresionante que una  pelota y un grupo de uniformados en pos de ella, generen tal locura. Argentina por ejemplo, ha hecho insignificante la condena a Cristina Fernández y la acongojante situación socio-económica y política en ese país.

Con una final “el mundo” se paraliza: Francia y Argentina tienen méritos de sobra para ser campeones.

Este deporte es una especie de brebaje, el cual de alguna forma hace que la aldea global se convierta ciertamente en un balón. El show del “balompié” sin embargo debe continuar, como en otro plano el de la política.  Costa Rica ganó a Japón, pegó un susto a Alemania y en un momento nos puso a todos en la estratosfera, pero minutos después, parte y sin novedad. Lo del triunfo de un país chico a un país grande siempre causa furor. Todos fuimos Marruecos…las implicaciones sociológicas de la comunión con ellos fueron extraordinarias, así como inevitablemente políticas, esto considerando el deseo de que un país chico tumbe a uno considerado grande.

Ya el mundo vuelve de nuevo a su anormal normalidad  y ahora los acontecimientos políticos; como ocurre en el futbol, se convierten de nuevo en el foco de atención. El show debe seguir: la guerra en Ucrania, el juicio contra Donald Trump, la suerte del Ex-Presidente Castillo en el Perú. Aquí tenemos lo nuestro: las ocurrencias de quienes proponen “rings” para confrontar bullying y discrepancias en los colegios,  y los desatinos del Ejecutivo sobre ventas exóticas y revanchas en la Caja… o bien lo del Salto al Vacío…aunque pareciera una práctica política usual lanzarse al vacío, tal y como ocurre en el campo de la educación pública.

El poder del fútbol es maravilloso: une culturas, desata pasiones, genera una sensación de identidad inimaginable… Y bueno, en Costa Rica, volveremos al aburrido campeonato nacional, a los escándalos cotidianos y a la violencia diaria.  Todo de repente vuelve a esa curiosa normalidad y el show sencillamente continuar. De repente despertamos y caemos en cuenta de que hay demasiadas cosas por las cuales ocuparnos aunque por un momento hayan quedado suspendidas. Se va el fútbol y regresa la política, o viceversa.  La gente necesita ese profundo desahogo, inhalar profundo y exhalar, porque lo que es el show, debe continuar. Tal vez sea tiempo entonces de reflexionar con responsabilidad.

 

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