El modelo político imperante conocido como “populismo”, muy presente en varios países de Latinoamérica y más allá, tiene características muy significativas necesarias de reconocer y además indispensables de comprender, por cuanto nutre el dominio desmedido y centralizado del poder, en manos de quien llega a convertirse en Presidente. Usándose para socavar a la democracia, el mismo instrumental que ésta le ha provisto para ascender al poder.

Es así, como se manifiesta el comportamiento autoritario, cuyo propósito y narrativa se utilizan para endulzar las emociones, de un sector mayoritario de la población, pero cuyo objetivo no es otro que nutrir la autoridad unipersonal, de muy distintas formas. Para ello, la complicidad emocional del sector más afligido, es el aditivo esencial a esta forma de gobierno; haciéndose necesario recordar, que partidos políticos y sistemas que los conciben, han venido decepcionado a millones de personas, a lo largo del tiempo en este continente y más allá. La frustración y el desencanto ciudadano, se convierten por tanto en el caldo de cultivo del virus populista por encima de fronteras y calendarios.

El populismo, utiliza una serie de medios y herramientas muy diversas: el descrédito público de sus oponentes, la división entre fuerzas opositoras, el ejercicio del temor sobre propios y extraños, o el uso del chantaje y del soborno, la polarización social, la mentira constante, el pragmatismo a ultranza que ha de prevalecer sobre el marco jurídico y axiológico, (cuando este se convierte en un estorbo a sus fines).

Todos estos son factores, que se manifiestan con regularidad en el lenguaje y el comportamiento de quienes encarnan ese modelo. Hay un desprecio por la información objetiva, la investigación a fondo y el planeamiento. Tiene a su haber, una maquinaria de comunicación en redes sociales, que alimentan plataformas de troles y en general mercenarios de la desinformación, la cual permea constantemente mediante distractores.

Sus responsables, alimentan la disconformidad, al tiempo que nutren la agresión hacia todo aquello, que oponga resistencias a su arbitrio y antojo. El ropaje es sofisticado, tanto como perverso en intencionalidad. Hábilmente, manipulada la información y la proliferación de medias o mentiras completas, para robustecer los prejuicios de sus adeptos. La muerte a la inteligencia, se convierte en meta, porque a mayor ignorancia más fácil de permear la voluntad de los incautos.

Atrapados en emociones constantes, y distractores a granel, se mantiene la atención constante sobre los aspectos que provocan inquietudes en la gente, y sobre ello un arsenal infinito para estimular la emocionalidad que ha sido provocada por el ilusionista, quien es a la vez maestro de la comunicación y desinformación, especio donde operan verdaderas sofisticadas empresas especializadas en estas tareas. Aun cuando los escenarios sean los mismos, los actores y sus perfiles ya no son los habituales, al menos en cuanto a sus principios. El panorama es complejo y en mucho de esto no hay vuelta atrás.

Este modelo, es quizás el nuevo fenómeno en la era de grandes incertidumbres, una época que demanda velas en la oscuridad. Es una confrontación desigual para la ciencia y la técnica en pos de la verdad que debe nutrir el conocimiento, por cuanto la superstición, los prejuicios y la simplicidad del pensamiento lo inundan ahora casi todo. Las imágenes se convierten al mismo tiempo en un feroz instrumento de manipulación, del que prácticamente nada queda exento.

Los científicos, los intelectuales, los estudiosos, las organizaciones cívicas y todas las no gubernamentales, o de quienes incentivan el pensamiento crítico ante el entorno tóxico que se está dando, tienen una gran responsabilidad, y ante todo un enorme desafío frente a las circunstancias, que día con día, el entorno político va dibujando como certezas que no lo son.

Es una época histórica de cambios profundos y sucesivos, así como de inmensas oportunidades; tanto para el bien como para el mal, y cada quien debe contar con el instrumental adecuado para comprender y confrontar esta forma de gobierno que corroe los cimientos de la democracia y de su institucionalidad.

La lucha entonces continúa, independiente de las nuevas realidades, tenemos que tener muy en claro la defensa a ultranza de la democracia, donde no cabe descanso en procura de la paz, la justicia y la equidad en las Américas.

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