Editorial: En la coyuntura política, lo que nos espera

Lo que nos espera es posiblemente diez veces más distinto y complejo, debemos prepararnos y asegurar una capacidad para concertar desconocida hasta este momento. Las oportunidades se agotan y ésta también

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El discurso presidencial fue decepcionante y se evidencia en forma muy simple, ausencia de visión y capacidad de conducción en un momento crítico para la sociedad costarricense. La Asamblea Legislativa por su parte, no es sino  un conjunto de fracturas en los partidos que la componen y por tanto el Congreso es a fin de cuentas, un pequeño archipiélago de islotes,  proponentes de una direccionalidad que será difícil cohesionar. Lo cierto es que las agrupaciones políticas se encuentran internamente divididas de conformidad con la propia visión de realidad y comunidad de intereses.

El recién electo Presidente de la  Asamblea Legislativa por su parte, tiene la oportunidad de variar el discurso que le conocemos como diputado, por uno distinto y necesario a la situación actual, pero ahora como  Diputado Presidente, es decir como alguien por cuya nueva investidura se le obliga a obedecer un propósito superior. Su impulso por lo local y religioso es intenso y esperamos que esos aspectos no se conviertan en finalidad, sin que eso implique abandono a sus convicciones.

Casa Presidencial tiene aún serios problemas de comunicación. Fue por ejemplo interesante ver en forma simultánea al Ministro de la Presidencia y a la Ministra de Comunicación, interpretar uno al lado del otro, lo que dijo el Presidente. La impresión era como que si la Ministra de Comunicación, quisiera asegurarse que ella sí había entendido bien lo que dijo el Presidente. Desconfianza? Celos?… Vaya Usted a saber. Lo más significativo con relación al discurso es precisamente haber notado, que lo realmente importante fue precisamente lo omitido por el Señor Presidente de la República: la ruta de la reactivación, la cual él mismo se había comprometido en presentar ahora, y nuevamente no lo hizo. El Diario Extra contabiliza cerca de 250 días de esta misma deuda del Mandatario con el país.

Sin duda el gran acierto hasta el momento, en tiempos del coronavirus, ha sido la conducción del Ministro de Salud, del Presidente de la Caja, del Ministerio de Seguridad Pública, de la Comisión Nacional de Emergencia y el valioso personal de esas instituciones cuya respuesta ante la crisis del Covid-19 ha sido extraordinaria. Digno de elogio su trabajo, aunque por momentos parecen ceder a las nuevas presiones, en virtud de la exigencia de equilibrio entre las medidas preventivas y la situación económica generada por el evidente deterioro del empleo y en general por los problemas arrastrados.

El otro momento que se inicia, luego del segundo año de gobierno, es sin duda el electoral. De otra manera no puede interpretarse la fácil ruptura al compromiso sobre la regla fiscal, para ceder ante las municipalidades de forma tan oportunista, como lo han hecho un importante grupo de legisladores y el propio Poder Ejecutivo promotor de la iniciativa en el período de sesiones extraordinarias. Decepcionante es la palabra. El círculo de relaciones existente entre alcaldes y diputados, o diputados y alcaldes, se entiende cada vez mejor con este tipo de comportamientos politiqueros e inmediatistas. Priva siempre algún cálculo electoral muy personal.

Desde la perspectiva de la situación de las finanzas públicas la preocupación es sencilla, sí se afloja con tanta facilidad sobre la disciplina fiscal necesaria y que tanto costó forjar, para controlar el gasto en el sector público, quien podrá detener la jauja en tiempos de crisis.  El gran desafío es cómo lograr en adelante un adecuado balance que posibilite la sostenibilidad de las finanzas públicas, en un contexto que se mueve con la velocidad de tren bala justo en la dirección opuesta.  Demanda de gastos e inversión excesiva por parte del Estado versus los paupérrimos ingresos que escasean rápidamente, ofrecen un panorama poco alentador e incluso en unos pocos meses podría obligar a que algunos piensen en sacrificar hasta las “joyas de la abuela”, entiéndase el  valioso patrimonio del Estado, para tratar de atender insaciables necesidades inmediatistas.

Los tomadores de decisiones de turno, no parecen asimilar con suficiente seriedad y responsabilidad de forma sostenida, la hemorragia de recursos financieros del Estado, lo cual sin duda da al traste con todos los planes proyectados para tratar de estabilizar, ya una situación ya de por sí crítica.

En resumen hay una notoria ausencia de liderazgo y de dirección; en momentos particularmente difíciles, por las características complejas de la coyuntura socio-económica que se vislumbran en término de semanas (caso de continuar por este rumbo).  No sólo hay desacierto, sino también un profundo desconcierto entre los diferentes sectores de la población, porque en tiempos complejos como este resulta evidente la carencia de liderazgo concertador.

Es necesario tener presente que lo logrado hasta el momento para evitar un descalabro en materia de salud; gracias a todas esas medidas preventivas  y seguimiento asiduo, se puede fácilmente tirar por la borda con sólo el hecho que la población relaje las medidas. Esto debido a la propia interpretación de los ciudadanos y sobretodo ante la evidente congoja de solventar los problemas económicos que sufren hoy muchos costarricenses por la emergencia. Una política integral en tiempos como estos y liderazgo contundente, el cual permita aglutinar distintas visiones de actores y sectores hacia un derrotero común, se convierte en un imperativo impostergable aun no asimilado por la Presidencia de la República, lo cual es dicho sea de paso resulta incomprensible e inaceptable.

Cómo saldrá el país de este berenjenal continúa siendo un misterio y habrá que seguir martillando en la conciencia de quienes están en la obligación de hacer lo que les corresponde desde su trinchera como servidores públicos, empezando por el Presidente,  lo cual es extensivo para los tomadores de decisiones en el campo privado. También hay responsabilidad de la sociedad civil y de la ciudadanía para asumir su propia responsabilidad. Nos necesitamos los unos a los otros.  El espacio de maniobra es cada vez más reducido pero todavía existe. En otros términos, se necesitaría ahora de un milagro que nos encauce en la dirección correcta o de una voluntad colectiva, para enderezar con medidas auténticas y responsables el curso a seguir. Aunque complejo debemos intentarlo.

La sociedad costarricense ha demostrado capacidad en el pasado para superar momentos complicados de diferente clase, es posible que pueda hacerlo de nuevo en esta oportunidad. Tenemos fe de que la  visión y voluntad férreas, al parecer en ciernes, pueda encontrar su mejor momento en este tercer año de Gobierno. Una actitud diametralmente distinta es necesaria  y posible, cuestión de creérsela dirían algunos.

Lo que nos espera es posiblemente diez veces más distinto y complejo, debemos prepararnos y asegurar una capacidad para concertar desconocida hasta este momento. Las oportunidades se agotan y ésta también. Ojalá podamos lograrlo.

 

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