Editorial: Entre matarse y desarmarse

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Para una sociedad sin ejército, que las armas traigan muertes cada día; muchas de ellas de jóvenes y personas que  por distintas razones optan por un violento modo de vida, no deja de ser  amargo y contradictorio.

Hoy el debate público, se ha centrado en cuántas armas son suficientes para defenderse, sí una, dos o tres, lo cual no deja de ser una interesante paradoja en el contexto mencionado. La cuestión de fondo sin embargo es la forma en que la sociedad ha venido asesinando –valga la analogía-  las oportunidades de los jóvenes, y sobre cómo el Estado ha dejado de cumplir sus funciones esenciales de educar, proteger y promover una cultura de paz en una sociedad desarmada militarmente. Porque en realidad la violencia en Costa Rica en este Siglo XXI  tiene raíces,  ya de cierta profundidad y ahora hasta se ha convertido en una “noticia cliché”, esa que informa de la muerte de personas todos los días mediante armas de fuego.

Aquello de que los costarricenses se jactaban, que era la supresión constitucional del ejército,  hoy se encuentra absolutamente en entredicho porque las cifras de muertes por armas pueden equipararse a la de sociedades que si cuentan con uno y las cuales terminan además, reprimiendo a sus conciudadanos.

Mostramos además una profunda indiferencia ante sociedades que practican la pena de muerte, aquellas que ejecutan por las razones que sean, y hasta se ve tentado el país de aprobar intervenciones armadas, dejando de lado su proclama de neutralidad ante conflictos violentos.

El país viene naufragando en el mar de sus propias contradicciones también sobre este  tema. Se prefiere seguir viviendo bajo la perversa lógica de la violencia armada, antes que confrontar la situación como es debido. El país debe asumir la lucha frontal contra el incremento de armas por distintas vías y para quienes deseen tomarse la justicia por sus propias manos, es bueno recordar las consecuencias de la Ley del Talión, aquella que reza “Ojo por ojo, diente por diente” muy popular en el Medio Oriente. Bajo ese adagio pronto todo el mundo quedará ciego además de desdentado.

Costa Rica no debe renunciar a una de sus mayores fortalezas como lo es su vocación pacífica, aún hay tiempo. En primer lugar la educación civilista debe darse desde temprana edad y debería ser además asignatura obligatoria, partiendo del ejemplo en el hogar y por supuesto en la escuela.

Por otra parte, una política de seguridad pública, debe partir de la tesis del control de armas y su destrucción,  de contar con un aparato policial civil fuerte, sin caer en la ingenuidad ante los violentos.  Costa Rica por consecuencia,  debe ejercer una política exterior basada en el respeto al derecho internacional, donde los pilares más importantes pilares continúan siendo:  a) El hecho de ser una sociedad sin ejército  b) Su proclama de neutralidad ante los conflictos bélicos  c) ser un Estado Democrático y Social de Derecho y finalmente promover el desarme y la destrucción de armamento convencional en el mundo, tarea aún pendiente y promovida por Oscar Arias en su oportunidad.

El frío pragmatismo en virtud de la cantidad de armamento disponible y de violencia al mejor postor, deben ser aspectos a superar por las nuevas generaciones de costarricenses.  Esta nueva lucha sin embargo pasa por el combate sin tregua al narcotráfico, ese perverso poder fáctico, que contribuye a generar múltiples dimensiones de violencia y donde las armas son el medio más importante para imponerse y destruir las bases de la civilidad. Es también una cuestión de dignidad, Costa Rica debe recuperar no sólo su prestigio, sino también su orgullo civilista, debe erguirse como un faro que siga iluminando el camino de otros, pero también el propio.

El Siglo XXI tiene para la sociedad el dilema de rescatar lo mejor del ser humano, o bien de evidenciar su lado más oscuro. Es tiempo también de rectificar, de encauzar y de recuperar en los escombros de la sociedad hedonista y materializada, los vestigios de humanismo que puedan aun quedar semienterrados.

Retomar el camino correcto continúa siendo una gran opción para esta sociedad.

 

 

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