Editorial: Gobernar o Administrar y con quién (incluye podcast)

Y es que el presente proceso electoral debe ayudarnos a todos y a cada uno de los costarricenses a con la clara conciencia adquirida de las malas experiencias y a tener la sensibilidad necesaria que nos permita escoger mejor a nuestros gobernantes, tanto en el plano local como a nivel nacional.

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Gobernar este país en las condiciones actuales pareciera una utopía, porque la multiplicidad de intereses y  fuerzas que día con día  se nutren de las falencias mismas generadas por un sistema que fomenta la inequidad y la desigualdad social, son cada vez mayores. Las debilidades mismas del sistema político, de la educación,  del modelo tributario; junto a la desintegración del concepto de familia y comunidad que alguna vez tuvimo genera todo ello,  fisuras tan profundas que minan las posibilidades de la movilidad social a la que apostamos en el pasado y que hicieron de Costa Rica una sociedad ejemplar.  Todo eso parece ya cuestión del pasado. Es claro que el modelo de desarrollo debe ser ahora nuevamente transformado. Lo que ignoramos es el costo al que debemos hacerlo.

Gobernar es entonces la utopía, y  entonces el gran desafío es al menos, tratar de administrar mejor todo  recursos posible del cual disponemos como colectividad  para enderezar la nave social. Eso significa que en realidad hoy – más que gobernantes –  lo que el país requiere al menos son personas honestas y capaces, con una visión clara de las circunstancias que afligen al aparato del Estado y que comprenden bien las necesidades fundamentales de las mayorías sociales. Buenos administradores que posean los valores éticos básicos, así como el conocimiento y la experiencia para manejar la cosa pública.

Al basurero de la historia deben ir los líderes mesiánicos, los populistas, los demagogos, los pastores y todos quienes manipulan a lo demás con la idea de promesas  inalcanzables o de oasis al que nunca llegaremos. El manejo de los recursos públicos y de la débil institucionalidad, necesitan la revitalización bajo la mirada vigilante de un administrador consciente y honesto, acompañado de un equipo de personas similares a su alrededor, más interesados en el servicio público que en recetarse con cuchara grande.

Nuestro esquema de administración del gobierno debe ser entonces,  mucho más simple que aquel que prometa sacarnos y llevarnos al paraíso, en este espacio de incredulidad y absoluto desencanto por parte de quienes llegan con sus cantos de sirena. Ante las complejidades del entorno que nos circunda, es más sencillez, claridad, determinación, nobleza y compasión, las características del modelo de conducción que demanda la sociedad  como para poder asumir su futuro más inmediato.

Y es que el presente proceso electoral debe ayudarnos a todos y a cada uno de los costarricenses a con la clara conciencia adquirida de las malas experiencias y a tener la sensibilidad necesaria que nos permita escoger mejor a nuestros gobernantes, tanto en el plano local como a nivel nacional.

Existen muchas personas agrupadas en organizaciones que han venido emergiendo, quienes claman por una mejor conducción y mayor responsabilidad en el manejo político, el nivel de conciencia cívica también se ha incrementado. Estamos frente a la oportunidad ineludible de dar un golpe de timón al curso de la Historia, contando con buenos y mejores administradores.  Esos grupos, esos islotes, esas trincheras de conciencia ciudadana que se han venido gestando, deben encontrarse, juntarse y crear una masa crítica, lo suficientemente fuerte como para provocar un cambio profundo en la sociedad.

Todas las generaciones cuentan en sus filas con  hombres y mujeres capaces de ayudar a la gesta que la patria necesita.  Este parece ser el camino.

 

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