Editorial: Hacia el 2035…Atrapados en el retrovisor o cambiar.

Aquella máxima de Einstein de que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, tiene mucha vigencia. Una época de grandes avances implica una gran necesidad de innovación, de creatividad y de destrucción de los viejos mitos y “preconcepciones”. Debemos de vivir en conformidad a las necesidades y desafíos de la época extraordinaria que nos ha correspondido vivir.

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Ninguna sociedad puede avanzar teniendo tan solo el pasado como referencia, ni tampoco culpando de todos los males del presente a quienes tomaron equivocadas o “mal intencionadas” decisiones ayer. Y aunque la  catarsis de señalar culpables contribuya al desahogo, sería inevitable evocar a Fuenteovejuna, porque todos; de una forma u otra hemos sido cómplices del estado en que se encuentra la Costa Rica de hoy; no sólo la clase política.  La apuesta al futuro; partiendo de este presente complejo, conlleva asumir retos y desafíos, considerando algunas importantes enseñanzas de otros días  y  más importante aún, con la visión puesta en el mañana.   Ver hacia atrás es  solamente referencial, para asegurar que no cometeremos los mismos yerros de entonces.

Hay quienes piensan que aquello no resuelto en el actual estado de cosas, termina resolviéndose por si mismo, actuando quizás con indiferencia, por cuanto las leyes de la naturaleza son infalibles. Es un tanto el peregrino pensamiento de que lo no resuelto socialmente, posibilita la prevalencia de la ley de la selva, en donde la supervivencia será para el más fuerte o el más hábil; o bajo aquel principio darwiniano de que la sobrevivencia de la especie depende de poder comer al otro sin ser comido. Sin embargo, una sociedad que ha posibilitado desarrollar la inteligencia científica y tecnológica gradualmente, de la forma en que lo está haciendo la nuestra, merece apostar a la civilidad, la solidaridad, la compasión y por supuesto a la razón que brinda el conocimiento antes que, sucumbir a la violencia, a la cual nos conduce con cierta inercia un sector amoral de la colectividad.

Con la mirada en el futuro, la sociedad costarricense debe apostar primero por el legado más valioso de nuestros antepasados: la civilidad, la educación y la movilidad social, así como un sistema de seguridad social que nos ha permitido salir adelante pese a todos los entuertos. Luchar contra la pobreza debiera continuar siendo prioridad. Esto por cuanto como colectividad, contamos con el instrumental necesario para salir del hoyo en que nos encontramos, pero además, para catapultarnos hacia una sociedad cualitativamente mejor en todos los sentidos.  Alguien dijo alguna vez que lo pequeño es bello,  y eso aplica a este país con un territorio, así como una diversidad cultural y natural maravillosa;  además de tener una población razonable. El principal reto en todo caso es mitigar aquellos fenómenos externos inevitables, aunque no somos ingenuos sobre los riesgos que enfrenta la especie humana globalmente.

El debate reciente efectuado en La Revista sobre “Políticas públicas hacia el 2035” generó una gama  de pensamientos muy provocadores sobre la democracia, el liderazgo político, la educación, el ambiente, y también las amenazas del entorno global.  La sentencia es clara, sino asumimos en forma responsable una reforma integral de nuestra visión del Estado y sus capacidades, de la política y de un manejo cualitativo de recursos cada vez más escasos, podríamos constituirnos en un país con un Estado fallido. La inteligencia artificial ha tocado nuestras puertas; la robótica y otros fenómenos interesantes producto del desarrollo científico y tecnológico están presentes, y sin embargo, no pareciera que los avances materiales del país estén alineados con un cambio en la manera de pensar de los habitantes. Sí todo cambia menos nuestra manera de pensar, entonces no será viable una verdadera transformación, ni la capacidad para atenuar, ni  hacer frente a los grandes desafíos.

El reto más importante quizás sea, la urgencia en  abandonar otros intereses que se alejen del  bienestar general. Se exige tener visión país sobre cualquier otra.  Aquella máxima de Einstein de que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, tiene mucha vigencia. Una época de grandes avances implica una gran necesidad de innovación, de creatividad y de destrucción de los viejos mitos y “preconcepciones”. Debemos de vivir en conformidad a las necesidades y desafíos de la época extraordinaria que nos ha correspondido vivir.

Ciertamente tenemos que cambiar y quizás aún haya tiempo para poder hacerlo, baste recordar que el  mañana está a la vuelta de la esquina.

 

 

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