Editorial: Histrionismo político y actual coyuntura

Es indispensable hacer un alto en el camino; aun mientras las cosas no están bien o peligren de agudizarse. Lo cierto es que la calma es necesaria para poder analizar con frialdad la situación y corregir el rumbo

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La urgencia de llamar la atención de forma exagerada, ante lo que acontece y con un nivel de actuación impresionante, es también un rasgo sobresaliente de algunos personajes conocidos y de otros no tanto. Existe esa especie de necesidad de decir mírenme aquí estoy y soy sin duda el mejor, dispuesto como siempre a salvar la Patria y ahorita es cuando más me necesitan. Están dispuestos en realidad, veinticuatro horas al día, ante cualquier situación anómala o incómoda que ocurra a la institucionalidad.

La situación actual, nos referimos a todo lo acontecido alrededor de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos, amerita la reflexión y el reposo necesario antes que ese comportamiento curioso y efectista, de sectores de la ciudadanía, que optan más fácilmente por la desconfianza y el desencanto, pero además delegando su enojo y desesperanza, en este tipo de personalidades redentoras. No hay duda que la democracia en general atraviesa una situación crítica y que la frustración misma ante la desatención de los problemas prioritarios de la sociedad, promueve; quiérase o no, poner la mirada  en liderazgos populistas, mediáticos y de alguna forma proyectados como mesiánicos.

A fin de cuentas el sistema mismo se alimenta de sus propias contradicciones y de ellas; en buenos términos científicos sociales, surgen las síntesis que las atienden y las resuelven de una u otra forma. Los vacíos de poder no existen y la anomia siempre es cuestión temporal. Ante la ineficacia institucional, y ante el vacío que producen los discursos de los gobiernos en el poder, así como la indiferencia a las necesidades ciudadanas básicas, surgen siempre todo tipo de opciones, encarnadas por lo general en algún personaje; buen actor a la vez o por alguien, que haciendo  acopio de su histrionismo, obliga a volver hacia ellos la mirada en busca de “alternativa”.

Hoy este nuevo escándalo, de algún modo surgido, auspiciado, promovido o inducido por la propia Presidencia de la República; esta vez en forma de decreto presidencial (aunque rápidamente derogado), independiente de  las implicaciones que motivaron su creación, están lejos de disiparse o de ser digeridas fácilmente por la población. Este capítulo, viene aunado a una cadena de desaciertos pequeños y mayores, que han generado rápida desconfianza en el joven gobierno de Carlos Alvarado, en donde los milenias y otros colegas generacionales más jóvenes, han provocado una interesante disrupción tecnológica, con  la pretensión de orientar o manipular información de tipo político, o vaya Usted a saber de qué orden.  Lamentablemente la inexperiencia tendrá a fin de cuentas un elevado costo, no sólo para los creativos sino también para la institucionalidad y la imagen  del país.

Lo cierto del caso es que el histrionismo político apela ahora a la descontinuidad del Gobierno, a provocar cambios radicales en medio de la incertidumbre generalizada y pretende hacer ver como timoratos a quienes no están alineados a la “valentía” de sus acciones.  Hay una especie de epidemia demencial de desestabilizar por desestabilizar.  Acaso no se confía en la participación ciudadana responsable, donde tenga cabida la persuasión y la actividad política inteligente de los ciudadanos?. Hay una extraordinaria agitación en la aldea.

En este mar de inconsistencias, un grupo de exdiputados y ciudadanos responsables y conscientes preparan una iniciativa de ley a la que llaman Refrendo para revocatoria de mandato presidencial, de modo que pueda ser incluida constitucionalmente con la finalidad de evitar hacia el futuro y no en esta oportunidad, que se dé un Golpe de Estado, que evite precisamente elevar a los niveles del poder formal a alguna figura mesiánica u autocrática, para llenar un eventual vacío de poder.

Hay un ambiente convulso; al menos agitado  y eso es claro. También hay muchos cantos de sirena e  histrionismo político. Las redes sociales  se desbordan también en ésta excitación social, haciendo eco en los medios, en contra del Gobierno. Lo que más se necesita sin embargo es calma,  mesura. La situación en materia de finanzas públicas, o el creciente desempleo y por supuesto  la pobreza, o la la criminalidad y la seguridad ciudadana mmisma, son temas todos que nos debieran tener socialmente cohesionados y focalizados, antes que cualquier otra cosa.

Es indispensable hacer un alto en el camino; aun mientras las cosas no están bien o peligren de agudizarse. Lo cierto es que la calma es necesaria para poder analizar con frialdad la situación y corregir el rumbo. También lo es es que América Latina y Estados Unidos, ofrecen ejemplos valiosos de lo que ocurre cuando los ciudadanos delegan su responsabilidad también, no sólo en partidos políticos obsoletos, sino también en personajes oscuros, autócratas  y en liderazgos insensibles, cuyo única característica es la oposición por la oposición y que prefieren la disrupción a la institucionalidad, enemigos a fin de cuenteas de la democracia misma. No creen en ella pero se nutren de ella para aniquilarla ahí donde se exprese algún tipo de oposición.

La verdad es que son tiempos difíciles pero necesitamos salir adelante; como en el pasado. Podemos hacerlo, porque sabemos hacerlo. Podemos lograrlo mediante una participación más crítica y consciente, desconfiando de los expertos en manipular la indignación del resto de los mortales.

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