Editorial: Huelga infantil y crisis climática

La tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia. Hay una unión en todo. Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra.

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“Actuar porque la casa está en llamas”  dijo hace poco tiempo la niña Greta Thumberg  en representación de las nuevas generaciones, refiriéndose así a la crisis climática, pero sobre todo a la inacción de los políticos y líderes mundiales. El eco de ese clamor  fue  acompañado por  el llanto de fuego  provocado en la Amazonia, por las llamas que consumían los bosques en Australia,  y al tiempo que eran devoradas miles de hectáreas en California. El planeta mismo resumía  en estos actos con cierta ironía, su propio dolor.  La infancia es en todo caso, un vástago de la tierra misma; conformado por millones de pequeños seres que prefieren y urgen de la acción individual y colectiva, antes que a las resoluciones y los propósitos políticos de enmienda, barnizados por el cinismo,  la hipocresía y la doble moral.

Se está experimentando una crisis ciertamente global, que afecta no sólo a la especie humana sino a la vida misma en el único Hogar conocido.  Negar la evidencia científica del peligro que se cierne y seguir estimulando un modo de consumo que atenta contra La Tierra, y por tanto contra toda manifestación de vida, constituye uno de los actos más irracionales, que cometemos los habitantes de nuestro tiempo sobre nosotros mismos.

Es evidente que el clamor de la infancia; cuyo reclamo se escucha cada vez más cerca y más fuerte, debiera ser suficiente como para llamar a la acción inmediata en todos los ámbitos,  y a todos los niveles de la organización humana. Es hora de detener a los cínicos y a los que viven de acelerar los distintos procesos que provocan la destrucción natural.  Por eso el nuevo llamado a la huelga que hacen los niños previo a la Cumbre Climática de las Naciones Unidas (COP25),  liderados por Thumberg, Luisa Neubauer (activista alemana)  Angela Valenzuela (Fridays for Future, Santiago de Chile) Evan Meneses (Australia) e Hilda Flavia Nakabuye (Fridays for Future, Uganda) es importante.  Ellas manifiestan lo siguiente:  “ Hemos aprendido que, si no damos un paso al frente nadie lo hará. De modo que mantendremos un ritmo constante de huelgas, protestas y otras acciones. Nos volveremos cada vez más estruendosas.  Haremos lo que haga falta para persuadir a nuestros líderes de unirse detrás de la ciencia de manera tan clara que hasta los niños entiendan… No podemos solo decir que nos importa; debemos demostrarlo…Para los líderes que se dirigen a Madrid, nuestro mensaje  es simple: los ojos de todas las futuras generaciones están sobre ustedes. Actúen en consecuencia”

Es evidente que esta ola de protesta de los más jóvenes, retumba fuerte y ha llegado ya a Madrid.  A pesar de ello, una parte importante del mundo político y de los grandes intereses económicos  transnacionales,  bien representados por Donald Trump, hace que  el Gobierno de los Estados Unidos y muchas empresas, permanezcan, no sólo de espaldas a esta realidad, sino que combate y sabotea ese clamor de los niños,   y con ello también al futuro de millones de personas, quienes luchan hoy por un verdadero cambio en nuestra relación con el ambiente.  La acción y la conciencia colectiva llama igualmente a que este tipo de personajes  como Trump, Bolsonaro y otros tantos, sean tumbados democráticamente del poder, para así dar espacio a las corrientes de progreso que la humanidad está demandando; más acorde a los tiempos en que nos ha correspondido vivir.

Quizás nunca como antes tenga tanta vigencia la carta del Jefe de la tribu Suwamish en respuesta en 1855 al Presidente de los Estados Unidos  Franklin Pierce (1853-1857),  al proponerle la compra de sus tierras del  noroeste a los indígenas (hoy Estado de Washington),  previo a su aislamiento y  exterminio. Aquí un extracto propicio:

“ ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.  Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que  enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia. Hay una unión en todo. Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; el es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.”

Esos niños y niñas de Hoy, son precisamente quienes se manifiestan, evocando el espíritu del Jefe Seattle para reivindicar y rescatar con el despertar de la conciencia humana, la protección inmediata de La Tierra. Desean garantizar el futuro que hoy ven con temor.  Debemos por tanto  apoyar sin ambages sus protestas y su Huelga. Ese grito nuevo y distinto debe ser escuchado por todos los habitantes del planeta y sólo hay un medio; que es el mismo reclamado por los niños, para retomar el camino. Se llama acción u hechos, no palabras!.

 

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