Editorial: Interrogantes y reflexiones varias sobre la crisis y su devenir

Sí estamos en capacidad de leer adecuadamente el entorno, entonces sabremos que nuestras interrogantes dependen de nuestras propias respuestas a aquello que las causa

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Partamos de algo muy elemental, la situación que enfrentamos y que cambia vertiginosamente la forma  de ver y valorar la vida en el planeta tal y como la conocíamos, trae por lo pronto varias interrogantes sustantivas ineludibles a esta nueva realidad, como por ejemplo, Cuándo acabará esto? Cómo podremos salir adelante?  Y cómo será nuestra vida más adelante?. El protagonista de una popular serie televisiva de los años setenta alrededor del arte del Kung Fu Kwai Chang (David Carradine),  indicó alguna vez que las preguntas no son lo importante sino la razón de las preguntas . Bajo esa premisa la idea  entonces  es provocar varias reflexiones que quizás conduzcan a la atención de esas interrogantes o posiblemente a generar nuevas.

Los desastres naturales han cambiado muchas veces no sólo la faz de la geografía, sino también un profundo impacto en la humanidad y sin embargo hay otro tipo de fenómenos, provocados por nuestra especie que han generado un gran daño a la Naturaleza y  por tanto a nosotros mismos. Jane Godall, antropóloga, científica y primatóloga, ha dicho recientemente que nuestro sufrimiento; incluida la actual pandemia, deriva de la manipulación que hemos hecho de la vida animal y en particular en los mercados de animales vivos en diversas partes del mundo. Para quienes esto no convence, pueden entonces aceptar otra teoría, aquella de que esta pandemia nació en forma deliberada en algún laboratorio. En ambos casos y en muchos otros, la situación es exactamente la misma: somos causantes de nuestras propias desgracias y de la afección a nuestro Hogar. Tener claro que somos la raíz de nuestro infortunio es importante para comprender el origen de nuestras interrogantes.  La pandemia de turno, convertida en fetichismo mediante nuevo culto social, no es sino el producto de la propia negligencia humana.

Así las cosas, no puede soslayarse que hoy enfrentamos una crisis global, la cual consta de varias  dimensiones claramente identificables: La climática, omnipresente, la sanitaria en virtud de la presente pandemia, acentuada en algunas partes del mundo y  la socioeconómica, que afecta a las inmensas mayorías del planeta debido a un prevaleciente modelo económico, el cual cosifica al ser humano hasta esclavizar su espíritu. Estas dimensiones de la crisis global, con sus propias dinámicas son a fin de cuentas cara, cruz y canto de una misma moneda. La dimensión de la crisis que más nos impacta y aterroriza;  además de la sanitaria, es la económica-social. El anacrónico aparato estatal en las democracias  occidentales y en general de los diversos sistemas políticos, ha quedado al desnudo, evidenciando la vulnerabilidad a la que la colectividad está expuesta.  Sí el capitalismo globalizante y su exacerbado enfoque individualista, habrá de quedar en coma a raíz de la crisis del Covid-19, eso continuará siendo motivo de discusión de muchos analistas. Lo cierto es que esta situación ocurre justo mientras se manifiesta un evidente desencanto hacia la democracia y el papel del Estado en  la atención del bienestar colectivo. En nuestro caso estamos llegando  a una obvia conclusión: la institucionalidad pública es indispensable para hacer frente a crisis verdaderas, las cuales afectan con más ferocidad, a conglomerados sociales vulnerables.

Un escritor español cuestionaba recientemente sí el hecho de que nos encontremos teóricamente con el final del mundo globalizado cuando todo esto acabe nos hará a todos mejores personas. Él está seguro que no será así. La verdad sugiere que el egoísmo, y la disparidad se acentuarán en virtud de lo que ha dado en llamarse soga azul, haciendo alusión con esto, a esa brecha cada vez mayor entre los grupos de privilegio, de  condiciones consumistas exacerbadas y las grandes mayorías en pobreza. Es decir antes que solidaridad y compasión, las elites optarán por el aislamiento y la indiferencia sobre la otredad.

El presente cisne negro en forma de pandemia ya ha puesto de manifiesto el preludio de esos comportamientos opuestos y contradictorios de la naturaleza humana.  Ello obliga a que el sector consciente de la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil, apegadas a la nobleza de sus propósitos, de  la mano con la institucionalidad, tenga la oportunidad de fortalecer tejido social de abajo hacia arriba, para hacer frente a las condiciones de ley de la selva que se vislumbran a muy corto plazo, en la crisis global. La cuestión entonces, de si va a prevalecer el globalismo y la cooperación sobre el nacionalismo y el aislacionismo, será un tema el cual requiere importante atención por cuanto son caminos que llevan a distintos destinos.   Es evidente nuestra convicción como costarricenses, en una ciudadanía global para tiempos de crisis y en el refuerzo de la institucionalidad democrática sobre el populismo, el cual pueda conducir a enfoques nacionalistas fuera de lugar. La cooperación internacional juega un papel determinante para sociedades dependientes y aislarse por tanto sería un grave error en muchos sentidos.  Por eso ir aprendiendo sobre las lecciones que a su paso brinda la presente coyuntura global e ir adaptando una nueva visión sobre esta realidad, así como ir ajustando el instrumental requerido para hacerlo, son tareas imperativas.

La columnista Silvia Brenes, publicó recientemente en el Financiero un interesante artículo en el cual señala que el futuro nos alcanzó y que si imaginábamos un mundo dominante en tecnología ya está aquí. Nuestra capacidad de atender el nuevo futuro depende de nuestra capacidad para leer lo que ocurre y más importante aún de la flexibilidad para adaptarnos y mutar a un comportamiento distinto. Lo cierto es que hay una nueva normalidad y la crisis sólo viene a desnudar lo inútil de nuestro desempeño al momento en que todo se complica. La tarea de comprender esto aunque luce sencilla no lo es del todo. Este presente, hace del ayer inmediato un perfecto desconocido. El futuro como suele decir la periodista Trilce Villalobos ya no reconoce el concepto de largo plazo, ni siquiera el de mediano, el futuro es el inmenso reto, que bajo estas circunstancias se encuentra a la vuelta de la esquina, casi que con rostro de presente.

La fundación que preside Bill Gates y su esposa Melinda, insisten en que la prioridad ahora y para el mundo; mientras no haya vacuna son las pruebas, las pruebas masivas que alerten a cada quien y a todos en su conjunto sobre la forma en que en la práctica se desplaza el virus.  Esta es la prioridad en las naciones industrializadas y con más razón en aquellas donde la pobreza se mueve a sus anchas. Bill Gates ha dicho que la pregunta clave en estos tiempos continúa siendo: Cuándo falta para volver a la normalidad?. Disciplinar a la población en un momento determinado para auto controlarse es sin embargo indispensable, porque las personas mismas son quienes deben asegurarse de forma periódica que no son portadores del llamado nuevo virus Covid 19. El distanciamiento social, con las medidas higiénicas asociadas y el equipo,  son fórmulas preventivas necesarias a la propagación, no obstante lo cierto es que mientras no haya una vacuna, todas las medidas de mitigación, serán el único tratamiento efectivo temporal para una economía de subsistencia y para evitar una catástrofe social.

Claro es que el fortalecimiento de los sistemas de seguridad social juega un papel relevante. Ya lo ha demostrado Costa Rica, cuya realidad contrasta inclusive con la de países del llamado primer mundo. La época nos obliga a reflexionar con seriedad. Líderes comunales, regionales y nacionales deben dedicarse a leer y a estudiar las nuevas señales de los tiempos, las avezadas reglas que brinda el entorno actual, para sobre ello construir las bases de la nueva sociedad.

La comunicación en este contexto ha demostrado ser las venas por donde corre la sangre misma del cuerpo social. Lo que sucede es que la información de hoy, ya viene contaminada, es  tóxica, y no guarda relación además, con aquella que caracteriza la honestidad intelectual por informar conforme a los hechos y la objetividad de los acontecimientos. Sobre las redes sociales desafortunadamente es más lo oscuro y nauseabundo,  que lo transparente y responsable. La infodemia, como ha dado en llamar la OMS es tal que la información de fuentes confiables es cada vez más escasa. La perversidad y los intereses diminutos siempre van a existir lo importante es que un grupo cada vez mayor pueda neutralizar este tipo de afanes orientados a destruir la parte más positiva del ser humano. Cada quien deberá vacunarse en una misma dosis contra la desinformación, los hechos relativos y la falsa información.  Quizás nunca como antes se necesitó de los hechos como fundamento para la búsqueda de propósito, pero sobre todo de la verdad.

En Costa Rica el Ministerio de Salud, la Caja Costarricense del Seguro Social, el Ministerio de Seguridad Pública, y la Comisión Nacional de Emergencias, sin pretender excluir a otras, han jugado un papel relevante en una dimensión del problema; principalmente en la sanitaria, no obstante si no se atiende esta crisis de forma integral, podemos terminar confinados, pero en un  contexto de extrema miseria.  Sin hay equilibrio también hay catástrofe, aquí es donde el liderazgo de la presente Administración parece vulnerable.

Tan ajetreados estamos con lo urgente, que en nuestro caso, estamos arriesgando hasta la estabilidad de la Caja Costarricense del Seguro Social, que podría enfrentar su crisis más severa, lo cual será una tragedia para la mayoría de los costarricenses que hoy disfrutan; a pesar de sus defectos, de muchos de sus beneficios. Se debe hacer un alto en esta loca fuerza centrífuga que parece atraerlo todo. Esta responsabilidad de mantener incólume la seguridad social va de la mano con el inmenso desafió de mantener la estabilidad en las precarias finanzas públicas con un sentido de sostenibilidad o responsabilidad a las nuevas generaciones.

Un fenómeno interesante es la reacción a nivel local, comunidades conscientes que han salido al paso con su solidaridad, mientras otras permanecen inertes, o mientras sus gobiernos locales vuelven la espalda hacia el otro lado. La Municipalidad de San José, tan importante en eventos masivos mediáticos podría hacer un Festival de Luz diferente, con luz de compasión y solidaridad ante las circunstancias,  y no pequeñas acciones aisladas de poco impacto. Es cierto que la resiliencia ni la disciplina sean cosas  que nos distingan en el trópico. Sí algo nos enseña la presente crisis sin embargo es, o que cambiamos o morimos, tan simple como eso.

El Doctor Walter Coto, empresario de una veta filosófica exquisita que es parte de su formación profesional, ha manifestado que es urgente organizar el país de una manera diferente. Lo planteó mucho antes de la pandemia. Nunca como antes hay que hacer eco de esta corriente de pensamiento, que implica la oportunidad de trazar una nueva ruta  a partir de un radical cambio de actitud, tanto individual como del pensamiento en la clase política nacional. Hay que proteger la institucionalidad a toda costa contra el populismo y los liderazgos mesiánicos, y la única forma de hacerlo es adecuándola a los tiempos presentes para hacerla funcional, eficiente, esencial y revitalizando su propósito para preservar el Estado Social y Democrático de Derecho. Este es quizás el mayor reto, asegurando que ese propósito corresponde a una nueva visión país dispuesta a enfrentar los nuevos retos, donde todo lo que huela ayer ya ha cambiado.

Sí logramos cambiar mediante un proyecto país a la luz de las circunstancias, mediante una nueva agenda por acuerdo de los diferentes actores políticos y sociales de la mano con un gobierno capaz y responsable de comprender el momento histórico, entonces podremos resolver las interrogantes de una manera novedosa y diferente, como siempre lo hemos sido a lo largo de nuestra historia; que nos ha hecho diferentes ante el resto del mundo, sin dejar de aportarle y recibir al mismo tiempo los múltiples beneficios derivados de las relaciones internacionales.

Finalmente, sí estamos en capacidad de leer adecuadamente el entorno, entonces sabremos que nuestras interrogantes dependen de nuestras propias respuestas a aquello que las causa,  y para eso a lo mejor no somos tan buenos, o tal vez sí.

 

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