Editorial: La adrede desatención de lo social… y de la cultura (Podcast)

La cuestión objetiva es: que los recortes presupuestarios; siguiendo la máxima de Hacienda de que no hay plata, contradice las manifestaciones de las que se jacta el Ejecutivo con respecto a los resultados macroeconómicos en general, señalados en sus presentaciones públicas.

Los hechos están a la vista tanto en materia de seguridad social, educación pública, salud y seguridad ciudadana; no sólo el estancamiento sino el retroceso que experimenta la sociedad costarricense y agudizada en estos dos años de forma evidente. De ahí que seguir viendo a través del espejo retrovisor y ubicar buscar a todos los culpables del ayer, así como insultar un día sí y otro también, suena ahora a un justificado pretexto de un conservadurismo radical, que nos aleja cada vez más del punto de equilibrio necesario para atender derechos esenciales, que inciden en la calidad de vida de los costarricenses.

La cuestión objetiva es: que los recortes presupuestarios; siguiendo la máxima de Hacienda de que no hay plata, contradice las manifestaciones de las que se jacta el Ejecutivo con respecto a los resultados macroeconómicos en general, señalados en sus presentaciones públicas. Esa ineludible contradicción que sólo puede ser explicada como una política claramente definida orientada a desmantelar institucionalidad propia de un Estado Democrático y Social de Derecho, y que ello implique por consecuencia, concentrar el poder alrededor de un poder personalista fuerte, con un cerrado núcleo a su alrededor.

Un comportamiento similar se da en el área de cultura en donde la política es no sólo reducir presupuestariamente la cartera, sino mutilar programas e iniciativas, que impiden la posibilidad de crecer y desarrollar a este sector estratégico vinculado a nuestra identidad nacional. Por eso lo que está aconteciendo, sumado a ello el desdén por la aplicación de la legislación en cumplimiento de las responsabilidades de una buena gestión, es clara y adrede involución para debilitar las capacidades en lo sustantivo, sobre áreas que han diferenciado a Costa Rica en el concierto de las naciones, como sociedad educada, culta y sin duda alguna democrática.

Es claro también, que la narrativa tiene por objeto desacreditar y deslegitimar a todo, o a quien se oponga al subjetivo afán del poder; algo más que evidente en el comportamiento público del Presidente y de lo cual hace eco su principal representante en la Asamblea Legislativa. Y aunque bien puede comprenderse el afán de no compartir e incluso rechazar criterios de la oposición política y sus principales liderazgos, eso no explica tan fácilmente, el afán de promover el franco retroceso del país en aquellas áreas que son fundamentales para el funcionamiento del Estado (Salvo que haya en esto, un cuidadoso plan para generar condiciones en dirección contraria al fortalecimiento democrático e institucional, además de posibilitar una mayor concentración de poder unipersonal (lo cual caracteriza en la presente coyuntura a otros pueblos del continente, en tiempos grises para la región)

Ante estas circunstancias corresponde a las personas conscientes y progresistas, así como a las organizaciones políticas de oposición; no sólo cerrar filas, sino proceder a buscar mecanismos de comunicación y articulación, que permitan comprender a cabalidad la naturaleza de cuanto está ocurriendo. Lo importante es procurar un freno a este proceso, que por momentos luce difícil de contener en virtud de la inacción ciudadana.

Hay muchas cortinas de humo y cualquier cantidad de distractores que como parte de esa estrategia en debilitar lo social y lo cultural, contribuyen a la vez a desviar al país del rumbo correcto. Es por eso que la claridad sobre estos acontecimientos es imperativa con miras a procurar a futuro, recuperar el terreno perdido. Ello hace también, prever un año muy difícil en materia de gobernabilidad y una lucha cada vez más difícil de recuperación en materia social y cultural, pero también en materia de valores y determinación, factores a los cuales deben aportar sin denuedo las viejas, e igualmente las nuevas generaciones. Ese despertar es necesario y su momento es ahora. La revitalización política de distintas fuerzas y actores sociales es el primer paso en esta lucha contra un modelo privatizante que está asomando ya sus garras.

 

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...