Editorial: La alerta roja sobre la crisis climática (incluye podcast)

Todos formamos parte del continente de la humanidad y estamos en la obligación de aportar. Si tenemos dudas, debemos vernos reflejados en los ojos de nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, porque es realmente ahí donde puede verse el futuro.

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En el decir de un grupo de ancianos de la Amazonia, durante un evento celebrado en Santafe de Bogotá a finales del siglo pasado, el concepto que cada tenga de Dios, es cuestión muy personal, pero indiscutiblemente Madre es una sola y es precisamente la Madre Tierra, La Pacha Mama, quien nutre y sustenta toda manifestación de la vida humana. La forma en que tratamos el planeta desde su cosmovisión;  es a fin de cuentas, el resultado de lo que hoy tenemos.

La alerta roja a la que se refiere el Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres sobre el clima en estos días; se relaciona con el proceso irreversible que causa el efecto invernadero en el planeta por el uso de combustibles fósiles, el cual de paso enfatiza sobre el viacrucis del clima para la humanidad. Algunos de los efectos inmediatos vienen ocurriendo cada vez con mayor intensidad.

La alerta se fundamenta en  el resultado del panel de expertos científicos que recoge más de 14.000 estudios científicos sobre la crisis climática. Son las claras conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC). Las campanadas de alarma son ensordecedoras,  indica el Secretario General sobre el informe, quien a su vez señala  la acción humana, como inequívocamente  causante del desastre. Los devastadores incendios forestales (California, Grecia) las inundaciones (China, Alemania, Latinoamérica)  y las elevadas temperaturas en Europa, son tan sólo algunas de las manifestaciones de este fenómeno que recorre por todo lo largo y ancho  nuestro Hogar.

El reporte, agrega el Secretario General, debiera ser una sentencia de muerte para el uso del carbón y los combustibles fósiles en la sociedad contemporánea. El crecimiento desorbitado de la población, el cual alcanza más de 7.8 billones de habitantes sobre el planeta, sumado a las prácticas de los países altamente industrializados y a la contaminación barbárica; producto del carbón y de los combustibles fósiles, son aspectos que de forma ineludible, contribuyen al efecto invernadero que tiene al planeta en jaque en estos días.

Este, es un nuevo y dramático llamado de atención a todos los gobiernos del mundo; y a quienes en virtud de sus intereses,  no parecen tener mayor  interés en  revertir los efectos que ya se están desencadenando. Debemos reaccionar. Ahora el peligro inminente, es traspasar el umbral del crecimiento de 1.5 grados de temperatura de la escala Celsius, o 2.57 Fahrenheit, de consecuencias más peligrosas e imprevisibles a nivel planetario. El dramático ruego de Naciones Unidas, se orienta hacia el trabajo de los gobiernos, sobre aquellos aspectos que constituyen el riesgo más inminente para la especie.

Entre más grandes los desafíos,  mayor la responsabilidad humana de tener presente la suerte de las nuevas generaciones. Son tiempos de construir y suficiente inversión ha hecho nuestra especie en destruir. Tampoco pueden quedar de lado las acciones preventivas, las de cada quien: la siembra del árbol, el reciclaje, el uso adecuado para disponer de los desechos orgánicos, el cambio del modelo energético, la protección del agua y del aire. La tarea es de todos y de cada quien. Todos formamos parte del continente de la humanidad y estamos en la obligación de aportar. Si tenemos dudas, debemos vernos reflejados en los ojos de nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, porque es realmente ahí donde puede verse el futuro.

Es en su pupila donde destella nuestra responsabilidad con la Madre Tierra.

 

 

 

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