Editorial: La bifurcación del camino

Hay atisbos importantes de que la institucionalidad pública comienza a reaccionar. La Contraloría, la Procuraduría, el Poder Judicial, mediante decisiones muy distintas, ha mostrado manifestaciones de cambio

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Tomando nota de lo que está ocurriendo en Ecuador, en donde las medidas económicas tomadas por  el Gobierno de Lenín Moreno, agitan el entorno social; no es difícil es caer en cuenta que cuando una sociedad se queda sin  opciones, se altera por consecuencia el frágil equilibrio democrático.  La población indígena ha reaccionado ferozmente sobre un tema indiscutiblemente sensible, cual es suprimir el subsidio al combustible, teniéndose presente que este país es un importante productor de petróleo, y que no hace muchos años canceló parte significativa de su deuda externa a los organismos financieros. Nicaragua recientemente enfrentó una seria crisis cuando el Gobierno de Ortega, también optó por reformas a la seguridad social, como opción fácil al régimen, dejando además evidenciado el esquema autoritario y la protección de privilegios de la camarilla y sectores representados por Ortega y Murillo.

Es claro que sí no hay acuerdo social, y el Gobierno; cualquiera que sea, no asegura una distribución de las cargas equilibrada, se viene entonces a dar  lo inevitable. Igual se da en el caso de Argentina, donde la crisis cambiaria y financiera ha hecho caer  a la Argentina en una vieja y conocida situación de profundas consecuencias sociales.  En el caso de Costa Rica, el déficit generado en el Sector Público, se traslada gradualmente al resto de la economía, donde el nivel de gasto ha crecido en forma desorbitante y la deuda se ha incrementado a niveles de elevado riesgo. Sólo la reforma fiscal, ha logrado de momento poner un alto, y dar un respiro que posibilite dinamizar otras medidas de carácter estructural que permitan iniciar la senda del equilibrio en el mediano plazo. Hay, en la situación de Costa Rica, el fenómeno del crecimiento desorbitado de sector público y de privilegios más allá de lo razonable para el equilibrio social. El Estado gradualmente se ha venido a convertir en una finalidad en sí mismo mientras un sector mayoritario de la población, se encuentra desprotegido de servicios básicos y beneficios.

Los sindicatos en Costa Rica y particularmente en el sector público, así como los diferentes gremios; incluidos educadores, médicos y otros grupos de interés, se han convertido en los promotores acérrimos de un peligroso status quo.   Tampoco se ignora el hecho de sectores económicamente poderosos, que ocultan sus ganancias y eluden de formas varias al fisco, evitando aportar lo que corresponde para contribuir a la sociedad justa y solidaria.  La evasión y la elusión se han convertido por tanto -para algunos- en un peligroso deporte, con serias consecuencias en la estructura económica y social del país. Lo cierto es que el país; en materia de gasto público al menos, ha llegado a una bifurcación del camino; con un sendero que lleva al despeñadero, y otro que aunque duro, permitiría al menor proteger a próximas generaciones.

Gobernabilidad; unas más fuertes que otras, pero que juntas permiten recuperar cierta esperanza en que  aún se puede  ayudar a equilibrar la nave social, modificando condiciones para mejorar. La responsabilidad principal es ciertamente alejarse del despeñadero y tomar el camino de sacrificios para todos, el correcto, el único que posibilita a las próximas generaciones una posibilidad de surgir y salir adelante.  Eso sí, debe evitarse el pensamiento absurdo, de que esta tarea debe ser relegada a liderazgos mesiánicos; esos que pululan en nuestra América de forma nociva e innecesaria. En la situación de Costa Rica es la decisión de muchos; de cada quien. Pequeños y unidos liderazgos organizacionales e institucionales, que posibiliten las condiciones para  los grandes cambios necesarios que permitan atender el agudo problema de las finanzas públicas. De no hacerlo el Estado no estará en capacidad de brindar los bienes y servicios que la sociedad costarricense demanda.

Ésta es una tarea social nacional, la cual depende efectivamente de quienes tengan en sus manos la posibilidad de incidir y persuadir en torno a las decisiones hacia el camino correcto en tiempos cruciales. Bastaría tener la imagen de los más jóvenes en la mente para actuar. Hay una bifurcación en el camino, no vale equivocarse, porque el costo social podría  ser muy grave.

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